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La explosión del Krakatoa 💥

La erupción de Krakatoa, o Krakatau, en agosto de 1883 fue una de las erupciones volcánicas más mortales de la historia moderna. Se estima que murieron más de 36.000 personas. Muchos como resultado de las lesiones térmicas de las explosiones y otros más fueron víctimas de los tsunamis que siguieron al colapso del volcán en la caldera debajo del nivel del mar. La erupción también afectó el clima y provocó la caída de las temperaturas en todo el mundo. 


La isla de Krakatau se encuentra en el estrecho de Sunda entre Java y Sumatra. Es parte del arco de la isla indonesia. La actividad volcánica se debe a la subducción de la placa tectónica indo-australiana a medida que se mueve hacia el norte hacia el continente asiático. La isla tenía nueve kilómetros de largo y cinco de ancho. Antes de la erupción histórica, habían tres picos volcánicos unidos: Perboewatan, el más septentrional y más activo; Danan en el medio; y el más grande, Rakata, formando el extremo sur de la isla. Krakatau y las dos islas cercanas, Lang y Verlatan, son restos de una gran erupción anterior que dejó una caldera submarina entre ellas.

En los años anteriores a la erupción de 1883, la actividad sísmica alrededor del volcán era intensa, con algunos terremotos en lugares distantes como Australia.

En mayo de 1883, el capitán de un buque de guerra alemán, informó haber visto nubes de cenizas sobre Krakatau. Estimó que tenían más de 6 millas (9.6 km) de altura. Durante los siguientes dos meses, embarcaciones comerciales y barcos turísticos fletados frecuentaron el estrecho e informaron ruidos atronadores y nubes incandescentes. La comunidad científica envió expertos para estudiar la isla y encontraron inquietantes signos de actividad volcánica. Las personas en las islas cercanas celebraron festivales para celebrar los fuegos artificiales naturales que iluminaban el cielo nocturno. Estas celebración se detendría trágicamente el 27 de agosto.

A las 12:53 pm del domingo 26, la explosión inicial envió una nube de gas y escombros a aproximadamente 15 millas (24 km) en el aire sobre Perboewatan. Se informó de la caída de ceniza pesada desde barcos que se encontraban a más de 20 kilómetros de distancia del volcán, con pedazos de piedra pómez caliente de hasta diez centímetros de diámetro, que caían sobre sus cubiertas. Se cree que los restos de la actividad eruptiva anterior deben haber tapado el cuello del cono, permitiendo que se acumule presión en la cámara de magma. En la mañana del 27, el volcán entró en la catastrófica etapa final de su erupción, cuatro explosiones tremendas, escuchadas tan lejos como Perth, Australia, a unas 2.800 millas (4.500 km) de distancia, sumergieron a Perboewatan y Danan en la caldera debajo del mar. Se cree que el estruendo de la mayor de las erupciones es el sonido más alto registrado en la historia, alcanzando niveles de hasta 180 dB (SPL) a una distancia de 160 kilómetros.

La explosión inicial rompió la cámara de magma y permitió que el agua de mar entrara en contacto con la lava caliente. El resultado se conoce como un evento freatomagmático. El agua hirvió rápidamente, creando un colchón de vapor sobrecalentado que transportó los flujos piroclásticos hasta 40 km (25 millas) a velocidades superiores a 100 km/h. A la erupción se le ha asignado una calificación de 6 en el Índice de Explosión Volcánica y se estima que tuvo una fuerza explosiva de 200 megatones de TNT. (Para fines de comparación, la bomba que devastó Hiroshima tenía una fuerza de 20 kilotones, casi diez mil veces menos explosiva que la erupción de Krakatoa. La erupción de Krakatoa fue aproximadamente diez veces más explosiva que la explosión del Monte St. Helen de 1980 con un VEI de 5) 


El tefra (fragmentos de roca volcánica) y los gases volcánicos calientes mataron a muchas de las víctimas en Java occidental y Sumatra, pero miles más fueron muertos por el devastador tsunami. La pared de agua, de casi 40 metros de altura, fue creada por el colapso del volcán en el mar. Abrumo por completo las pequeñas islas cercanas. Los habitantes de las ciudades costeras de Java y Sumatra huyeron hacia tierras más altas. Ciento sesenta y cinco pueblos costeros fueron destruidos. El barco de vapor Berouw fue llevado casi una milla tierra adentro en Sumatra. Otro barco, el Loudon, había sido anclado cerca. El capitán del barco, Lindemann, logró girar la proa para enfrentar la ola, y el barco pudo cruzar la cresta. Mirando hacia atrás, la tripulación y los pasajeros vieron que no quedaba nada de la bonita ciudad donde habían estado anclados. Tras estas explosiones, sólo un tercio de la isla permaneció en su lugar. El resto había sido lanzado a la atmósfera y al mar.

Las explosiones arrojaron aproximadamente 11 millas cúbicas (45 km cúbicos) de escombros a la atmósfera, oscureciendo los cielos hasta a 442 km del volcán. En las inmediaciones, el amanecer no regresó durante tres días. Barógrafos en todo el mundo documentaron que las ondas de choque en la atmósfera dieron vueltas alrededor del planeta al menos siete veces. En 13 días, una capa de dióxido de azufre y otros gases comenzaron a filtrar la cantidad de luz solar capaz de llegar a la Tierra. Los efectos atmosféricos produjeron espectaculares puestas de sol en toda Europa y Estados Unidos. Las temperaturas globales promedio fueron de hasta 1.2 grados más frescas durante los próximos cinco años. Tres años después, observadores de todo el mundo describían los brillantes colores que podían verse durante el crepúsculo y el alba, ocasionados por la refracción de los rayos solares en las partículas en suspensión.

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La guerra hispano americana, el 2 de Mayo 💥

Contrario a lo que se explica en los libros escolares; las fuerzas independentistas sudamericanas no derrotaron al ejército español propiamente dicho; sino a una reducida guarnición europea, reforzada por una importante cantidad de americanos leales a la corona, que con esfuerzo pudo dejar el reino de España mientras se desangraba en las guerras napoleónicas: en 1805 la aun poderosa escuadra española era echada a pique por Lord Nelson en Trafalgar; mientras que tres años después, su territorio era invadido por Napoleón y Wellington para iniciar una confusa campaña de guerra de guerrillas que se prolongaría hasta 1814. Este contexto fue el propicio para que los pueblos sudamericanos se pongan en pie de guerra y con mayor o menor éxito, logren su independencia de España. 


Décadas después, cuando España se sentía recuperada de los eventos previos, se lanzó a la reconquista de sus antiguas colonias (según las naciones afectadas) o al menos busco un reconocimiento de su autoridad, empezando por las repúblicas “rebeldes” sudamericanas; así que estaba a la espera de un motivo para una demostración de fuerza; mientras tanto, en 1862 zarpa de Cádiz una expedición científica la cual tenía como itinerario los puertos de Río de Janeiro, Buenos Aires, Valparaíso, Callao, Guayaquil, Panamá, Acapulco y San Francisco. Pese al carácter pacífico de la expedición, está fue tomada como una provocación por parte de las naciones sudamericanas, sin embargo pese a estas sospechas todo marchó con normalidad durante la primera mitad de la travesía.

La flota que acompañaba a la expedición, bajo el mando de Luis Hernández-Pinzón Álvarez, estaba conformada por las siguientes unidades navales: 

• Fragata “Triunfo” de 3200 tl y construida en 1862
• Fragata “Resolución” de 3200 tl y construida en 1861
• Corbeta “Vencedora” de 778  tl y construida en 1861
• Goleta “Covadonga” de 630 tl y construida en 1859

El 10 de julio de 1863 la flota llegó al puerto del Callao, en costas peruanas, un incidente entre obreros con sus patrones en una hacienda, acabó con un trabajador español muerto. Las noticias llegaron a España y fueron el pretexto que esperaban: las exigencias diplomáticas no se hicieron esperar, en ese momento la expedición se hallaba en California y ahí se embarca el diplomático Eusebio Salazar y Mazarredo, para diciembre de ese mismo año la flota llegaba nuevamente al Callao. En marzo de 1864 llegaron las instrucciones desde Madrid donde se daba principal importancia al hecho de preservar la paz y se nombra a Salazar y Mazarredo "Comisario especial y extraordinario de la reina", título que era inaceptable para el gobierno peruano por estar asociado a la época colonial. 


En este punto existe un fuerte debate acerca del comportamiento de Salazar y Mazarredo, el cual es acusado de falsificar las órdenes de la corona y entregarle a Pinzón información tergiversada, empujándolo prácticamente a tomar medidas que encenderían el conflicto. En abril la flota española ocupó militarmente las islas de Chincha, cuando la noticia llegó a España, el gobierno desautorizó a Salazar, pero ante el hecho consumado de la toma de las islas, y la eventual ruptura de las hostilidades, se decidió reforzar la escuadra con el envío de las fragatas de “Blanca”, “Berenguela” y “Villa de Madrid”. Dada la evidente superioridad militar española, hecho que se consumaría con la llegada de la modernisima fragata “Numancia” en mayo de 1865 bajo el mando de Casto Méndez Núñez, se logró un acuerdo diplomático, si bien este fue desentendido por la nueva administración peruana tras el golpe de estado realizado por parte de Mariano Ignacio Prado.  


Pese a las buenas relaciones que Chile tenía con España tras ser reconocido por esta en 1844, el gobierno chileno y su pueblo se solidarizaron completamente con el Perú. Prueba de esto fue el envío desde Chile de armamento y pólvora hacia el Perú, así como el cese de la venta de carbón a buques españoles. El 17 de septiembre de 1865 José Manuel Pareja (nacido en Perú), sucesor de Pinzón, ancló frente a Valparaíso con su buque insignia “Villa de Madrid” y junto a la “Resolución”, la “Berenguela”, la “Blanca” y la “Vencedora”. Siguiendo las instrucciones recibidas desde España, reiteró las acusaciones de Madrid y presionó al gobierno chileno para que levantara las restricciones impuestas a su escuadra, lo que le es negado, esto y los ataques efectuados por la ciudadanía chilena y su prensa contra los representantes españoles, además del apoyo con implementos de guerra para Perú provocaron que España le declara la guerra a Chile en septiembre de 1865, mientras que el nuevo gobierno peruano lo hizo en diciembre. Al año siguiente, aunque de manera nominal, Ecuador y Bolivia también se unieron al ejército de defensa.  


Se desarrollaron cuatro acciones bélicas importantes; los combates navales de Papudo, dónde los chilenos capturan la goleta “Covadonga”, y Abtao, que no fue más que una escaramuza; La ampliación del conflicto, que ahora abarcaba a casi todos los países sudamericanos del Pacífico y la pérdida de la “Covadonga” acrecentaron el sentimiento de culpa del vicealmirante Pareja que lo llevaría prontamente a suicidarse, siendo sucedido por Casto Méndez Núñez. El bombardeo de Valparaíso en donde la escuadra española arrasa el puerto a pesar de hallarse indefenso. Sin embargo, antes de esto ocurrió un hecho interesante: los diplomáticos chilenos trataron de convencer a Castro Méndez Núñez, almirante español, de no bombardear el puerto, y a cambio realizar un duelo entre barcos españoles y aliados en igualdad de condiciones. Lógicamente, Méndez se negó; incluso ante la amenaza de inhibirlo por la fuerza por parte de los representantes británico y norteamericano que eran observadores del conflicto. Méndez Núñez responde con una célebre frase: “La Corona, España y yo, preferimos vivir en honra y sin barcos, que con barcos sin honor”. A pesar de todo, británicos y norteamericanos no intervinieron y permitieron que la escuadra española arrase con el puerto, aunque luego de tomar la gentileza de espera a la evacuación de la ciudad por parte de la población civil. Sobre este bombardeo el propio Méndez Núñez expresó su disconformidad al Gobierno de Madrid: “todo el mundo civilizado reprobará nuestra conducta”. 


Espoleado por los reproches vertidos, desde todos lados, en cuanto al ataque contra Valparaíso, la flota española puso rumbo a El Callao, el puerto mejor defendido de Sudamérica y su siguiente objetivo.

El 25 de abril de 1866 por la mañana se anunció en Lima la llegada de la Escuadra Española, y que está había anclado en el lado norte de la isla de San Lorenzo, se componía de los siguientes buques de guerra: 

• La fragata blindada “Numancia” con 40 cañones
• La fragata “Villa de Madrid” con 50 cañones
• La fragata “Almanza” con 54 cañones
• La fragata “Resolución” con 42 cañones
• La fragata “Blanca” con 42 cañones
• La fragata “Berenguela” con 40 cañones
• La corbeta “Vencedora” con 3 cañones

Ademas de los buques auxiliares:

• El buque aviso “Consuelo” con 2 cañones
• El transporte “Marqués de la Victoria” con 2 cañones
• El vapor mercante “Maule”, apresado en Chile, con 2 cañones
• El vapor mercante “Matías Cousiño” con 2 cañones
• Los transportes a vela “Mataura”, “María” y “Lotta and Mary”

En total: 279 cañones, la mayor parte de 68 lb. Sin embargo, para el combate, debemos restar las piezas de artillería de los buques de transporte y mercantes, así como los cañones inutilizados en algunos buques durante el Combate de Abtao, con lo que la cantidad de piezas de artillería operativas sería de 252, de estas hay que considerar que los buques españoles solo podían disparar de lado por lo que el poder de fuego real se reduciría a la mitad (126)

El 26 de abril, Méndez Núñez anunciaba al cuerpo diplomático que el puerto del Callao quedaba bloqueado y señaló el plazo de 6 días para el retiro de los buques neutrales. A diferencia de lo ocurrido en Valparaíso aquí los representantes extranjeros no opusieron  argumentos ante el almirante español. Quizás por estar el Callao, a diferencia del puerto chileno, bien artillado o quizás porque ya conocían del carácter de Méndez Núñez. 


En lo que correspondía a las defensas del puerto, el gobierno del derrocado presidente Pezet había adquirido importante material bélico, aprovechando el largo periodo de negociaciones diplomáticas de los años anteriores, entre los que resaltaban los cañones Armstrong de 300 lb. y los Blackely de 500 lb. además de los pocos barcos de la flota peruana que se habían quedado en el Callao, algunos de los cuales habían sido reconvertidos inclusive en monitores blindados siguiendo el ejemplo de los estadounidenses (CSS Virginia y USS Monitor)

Desde que fue declarada la guerra a España, el gobierno había dispuesto la fortificación del Callao, y no pudiendo hacer uso de las antiguas fortalezas virreinales por estar en ese sitio los almacenes de Aduana, fue preciso improvisar algunas baterías en la playa, al Sur y Norte de la población. Está labor fue encomendada a los ingenieros Ernesto Malinowski (Polonia), José Cornelio Borda (Colombia) y Felipe Santiago Arancibia.

Pero pese a sus esfuerzos, los trabajos para concluir las defensas no se habían terminado, e inclusive varias de las piezas de artillería no habían podido ser montadas aún. Construidas con el apuro que demandaban las circunstancias, habían quedado sin colocarse 2 cañones Armstrong y 1 de los Blackely, 2 días antes del bombardeo se ofrecieron ciudadanos estadounidenses para colocarlos y formar los terraplenes, parapetos y polvorín subterráneo dentro de 24 horas si se ponían a su disposición 3,000 trabajadores. Se anunció al pueblo esta necesidad por carteles fijados en las principales esquinas de la capital: a la hora designada acudieron al Callao más de 10,000 hombres. 


De esta manera las defensas del Callao quedaron conformadas de esta manera:

Defensas Norte, al mando del coronel José Joaquín Inclán:

• Independencia, con 6 cañones de 32 lb, mandada por el teniente coronel D. Mariano Delgado de la Flor.

• Fuerte Ayacucho, erigido sobre el antiguo fuerte colonial San Miguel, fuerte auxiliar del Real Felipe. Tenía 2 cañones Blakely de 500 lb, al mando del teniente coronel Andres A. Cáceres.

• Pichincha, con 5 cañones de 32 lb al mando del teniente coronel Don Melchor Delgado

• Torre Junín, contaba con 2 cañones Armstrong de 300 lb sobre una torre giratoria, llamada “tamborete” en el parte oficial, al mando del sargento mayor D. Tomas Iglesias. 


Defensas Sur, al mando del coronel Manuel G. de la Cotera:

• El Cañón de Pueblo, conformado por un cañón Blakely de 500 lb colocado a última hora, al mando del capitán de fragata Hercilio Cabieses. Estaba ubicado frente al antiguo arsenal, al norte del castillo del Real Felipe.
• Provisional, conformado por 5 cañones de 32 lb al mando del capitán de corbeta José Sánchez Lagomarsino. Estaba ubicado al oeste del Real Felipe.
• Chacabuco, conformado por 5 cañones de 32 lb al mando del teniente coronel Miguel Rodríguez. Estaba ubicado al sur de la batería Provisional.
• Fuerte Santa Rosa, tenía 2 cañones Blakely de 500 lb, un cañón de 68 y 7 cañones de 32 lb, al mando del capitán de fragata Guillermo Torres. Estaba ubicado en la zona de Chucuito. Era el antiguo fuerte de San Rafael, construido en el siglo XVIII como un auxiliar del Real Felipe, destruido durante la Guerra del Pacífico.
• Maipú, tenía 6 cañones de 32 lb al mando del coronel Ruperto Delfín. Estaba ubicado al sur del fuerte Santa Rosa.
• Torre de la Merced, tenía 2 Armstrong de 300 lb en una torre giratoria blindada. Estaba ubicada al sur de la batería Maipú, en La Punta.
• Abtao, tenía 6 cañones de 32 lb al mando del teniente coronel Benito del Valle. Estaba ubicado al sur de la Torre de la Merced.
• Zepita, tenía 6 cañones de 32 lb al mando del coronel José Antonio Morón. Estaba ubicado en La Punta, pero sus cañones apuntaban hacia la Mar Brava, al sur del Callao, mientras el resto de cañones apuntaban dentro de la bahía, hacia la isla San Lorenzo.

La flota de guerra peruana estaba representada por los siguientes buques:

• El monitor “Loa” con 2 cañones
• El monitor “Victoria” con un cañón
• El vapor “Tumbes” con 2 cañones
• El vapor “Sachaca” con 6 cañones (no participaría)
• El vapor “Colon” con 2 cañones (no participaría)

En total: 65 cañones (descontando los 8 de los últimos 2 vapores) y debería también considerarse que los 6 cañones de la batería Zepita no entrarían en acción el día del combate, dándonos un total de 59. 


La población civil del Callao mientras tanto había sido evacuada hasta la ciudad de Lima, dónde las familias más acomodadas dieron alojamiento a mujeres, ancianos y niños.

La colonia extranjera de Lima y Callao, conformada por italianos, franceses, ingleses, alemanes y estadounidenses, muchos de ellos jefes de casas de comercio o personas acaudaladas, organizaron compañías de bomberos, la víspera del día señalado para el bombardeo, si en caso Méndez Núñez cumplía su palabra y dejaba en cenizas el puerto peruano.

El Secretario de la Guerra, coronel José Gálvez escogió la Torre de la Merced para observar los movimientos del enemigo, a impartir sus ordenes. 


💥 EL COMBATE 💥

El día 2 de mayo, a las 10 horas, la flota española levo anclas y se puso en movimiento rumbo al Callao. 


A las once y quince de la mañana, la escuadra española, tendida en una línea en forma de “V”, se acercó desafiante al puerto. A la derecha, al sur del puerto, estaba la Numancia, seguida por las fragatas Blanca y Resolución. El sector de la izquierda o del norte, estaba formado por las fragatas Villa de Madrid, Berenguela y Almanza. La corbeta Vencedora era el punto de intersección de la pirámide. Los barcos más pequeños se situaron atrás. Era, en conjunto, la escuadra más formidable que había navegado las aguas del Pacífico americano hasta ese momento.

Desde una perspectiva técnica esta formación pudo haber sido mejorada, según diversos autores, si el ataque hubiera sido tomando a las baterías del sur entre dos fuegos incluyendo por retaguardia, se hubiera bombardeado a la población para finalmente lanzarse sobre las defensas del norte. Pero, por una cuestión de honor militar la intención del almirante español era atacar las baterías de frente.

El pueblo del Callao lucía embanderado y había sido abandonada por todos aquellos que no eran combatientes. El general Buendía había agrupado varios batallones para impedir un posible desembarco español. Entre el Callao y Bellavista se concentraban los bomberos limeños y chalacos. Cerca de allí, los bomberos italianos, franceses, ingleses y alemanes portaban sus respectivas banderas nacionales.

A las 11:50 la Numancia comenzó el bombardeo, siguiéndola a continuación la Blanca y la Resolución. Al tercer disparo del buque insignia español, los cañones de 300 de la torre de La Merced respondieron al ataque. Esto es debido a la actitud de José Gálvez, ministro de la Guerra, quien no permitió a los artilleros disparar hasta que no lo hicieran los españoles. Al preguntarle el porqué, respondió: “Justifiquemos nuestra causa”. Este hecho hizo perder a las defensas del sur la iniciativa estratégica. Ningún disparo peruano hizo blanco. Por lo que hubo que reapuntar los cañones. Esta pérdida de tiempo (los grandes cañones tenían una cadencia de fuego de entre ¡veinte y veinticuatro minuto! osea entre 2 a 3 disparos por hora) se podría haber evitado si la artillería peruana hubiera comenzado a disparar mientras los buques españoles tomaban posiciones. Esto no pasó así en el frente norte, donde las baterías peruanas sí aprovecharon esos momentos críticos para abrir fuego. 


Al poco de comenzar el combate el Cañón del Pueblo de 500, tras realizar su primer disparo se descarriló de su afuste por el retroceso, quedando inservible durante todo el combate.

A las 12:10 el vapor peruano Tumbes comenzó a salir del muelle con la intención de impactar su torpedo de botalón contra un buque español. Los disparos de la Numancia y la Almanza le hicieron retroceder y guarecerse de nuevo en el puerto.

A las 12:30 la Berenguela llegó a su posición, abrió fuego contra las defensas del norte y fue respondida desde las baterías peruanas.

Algo más tarde de las 12:30 un disparo probablemente procedente del monitor Loa fue a parar a la barandilla del puente de la Numancia, donde se encontraban el Comandante del buque, y Méndez Núñez, Comandante de la Escuadra. La bala produjo ocho heridas de cierta gravedad a Méndez Núñez. A pesar de la insistencia de los oficiales, el Comandante se negó a retirarse al área médica, hasta que finalmente se desplomó por la pérdida de sangre. Antes de que se lo llevaran del puente ordenó que no se arriara su pabellón de mando para no desanimar a las tripulaciones. 


Entre las 12:45 y las 13:00, la Villa de Madrid llegó a su destino y paró las máquinas para colocarse en posición de combate. Mientras maniobraba, un certero disparo procedente de la Torre Junín cayó sobre ella, destrozando su tubo de conducción de vapor, matando a 13 hombres e hiriendo a 22. La bala dejó inmovilizada a la fragata. La Almanza comenzó a maniobrar para socorrer a la Villa de Madrid, pero al ver que la más ágil Vencedora ya iba en su ayuda, continuó con el combate. Mientras era remolcada fuera del combate, la fragata llegó a efectuar 200 disparos (unas 8 andanadas por cañón)

Pasadas las 12:45 la Torre “Junín” cesó de hacer fuego, según los peruanos, por la obstrucción de uno de los cañones de 300. Corregido este problema continuó su acción contra los buques españoles.

A las 13:00 una granada, probablemente disparada desde la Blanca, cayó sobre los saquetes de pólvora de uno de los cañones de la Torre de La Merced. Al estallar hizo saltar por los aires la torre, pereciendo 41 hombres, entre ellos el ministro de Guerra José Gálvez. Otra versión señala que la impericia de los hombres encargados de esta batería provocó el accidente, fatídico para los peruanos. Esto además dejó fuera de combate a las 2 piezas de 300 ubicadas en esta torre. 

Después de la explosión, la Resolución se separó de la 1ª División y se dirigió hacia el muelle para apoyar a la 3ª División. Tras bombardear la población, con cohetes incendiarios, y a los barcos peruanos durante un largo espacio de tiempo, regresaría a su posición original para cañonear el Fuerte Santa Rosa.

Sobre las 13:00 la Berenguela que luchaba en solitario contra las defensas del norte, recibió una bala de 500 libras, proveniente del Fuerte Ayacucho, que impactó bajo la línea de flotación abriendo un boquete de 4,25 metros de largo por 1,2 metros de ancho. Poco después, un nuevo disparo del Ayacucho atravesó el costado del barco, provocando un incendio en el departamento contiguo al pañol de la pólvora. Mientras se intentaba taponar la vía de agua con colchones y otros materiales, se trasladaron todos los cañones a babor, se desaguaron los aljibes de estribor y se pusieron en funcionamiento todas las bombas. Al tiempo, se trataba de extinguir el incendio. Finalmente, se logró contener el agua y apagar el fuego. El buque, ladeado, se retiró del combate. Con dos fragatas imposibilitadas de seguir combatiendo, la 2ª División de la Escuadra había sido rechazada por las defensas peruanas.

A las 13:30 la Vencedora regresó de nuevo al combate tras poner a salvo a la Villa de Madrid. Tras colocarse en su posición continuó con el bombardeo sobre las defensas del norte, los buques peruanos y la población.

A las 14:30 una enorme granada explotó en la batería de la Almanza, provocando la inflamación de los guardacartuchos. El incendio se propagó por el sollado hasta llegar al antepañol de la pólvora. El Comandante de la fragata, tras recibir tres partes en los que se solicitaba anegar el pañol para que la pólvora no explotara, exclamó: “Yo hoy no mojo la pólvora, volaremos antes”.

Mientras el buque seguía disparando sus cañones, el Comandante ordenó izar la señal de “fuego a bordo” y separarse de la cercana Numancia, para evitar así que le afectara la posible explosión de su barco. Una vez que se consiguió sofocar el fuego, la Almanza volvió a su posición original, reanudando el cañoneo a las 15:00 sobre el Fuerte Santa Rosa, la flota peruana y la población. 


A las 14:30 una bala procedente del Fuerte Santa Rosa cayó sobre la Blanca, destrozando el almacén de agua y causando la muerte a 8 hombres. Al poco la munición se agotó, por lo que el Comandante decidió retirarse del frente. Tras dirigirse hacia la Berenguela y comprobar que no precisaba ayuda, volvió hacia el frente, colocándose entre el Fuerte Santa Rosa y la población. A las 15:30 se agotaron definitivamente todas las balas y los cohetes incendiarios. Entonces, el buque se colocó entre la 1ª y la 3ª División para prestarles auxilio en caso de necesitar ayuda.

A las 15:40 la Vencedora trató de disparar cohetes incendiarios sobre el puerto y la población, pero al reventar el disparador, tuvo que volver a usar los cañones.

A las 16:00 únicamente tres cañones del Fuerte Santa Rosa responden desde tierra al fuego español (según fuentes españolas los únicos que lo hacían), según informes peruanos 1 de los Blackely se había descarrilado. Así mismo, a estas alturas del combate todas las piezas de 32 habían dejado de hacer fuego por estar los buques españoles fuera de su alcance. 


A las 16:45 la escuadra española decide dar por finalizado el combate. A las 17:00 se da la orden de finalizar el bombardeo. A las 17:30 la Almanza detiene el cañoneo. Todas las naves se dirigieron al fondeadero.

Sobre las 17:50, cuando la escuadra ya estaba cercana a la isla de San Lorenzo, los tres cañones del Fuerte Santa Rosa que aún respondían al fuego español, efectuaron sus últimos disparos. Según el parte dado por Méndez Núñez estos se realizaron sin bala. 

El último disparo lo efectuó el monitor peruano Victoria. A las 18:00 la Escuadra llegó al fondeadero.

🔰 RESULTADO 🔰

Según el Parte de Combate de la Escuadra las bajas españolas fueron de 43 muertos, 83 heridos y 68 contusos.

Por el lado peruano, es mucho más difícil tener una cifra exacta. Pero ya en aquel entonces se hablaba de 200 a 300 el número de bajas, entre muertos y heridos.

De las unidades navales españolas la Berenguela y la Villa de Madrid tuvieron que retirarse tempranamente del combate por haber sufrido daños de consideración, la Almanza al haber sido uno de los buques que demostró mayor arrojo y combatividad durante el ataque había sufrido también importantes daños, además del riesgo de volar en pedazos, pero aún así se mantuvo en primera línea hasta agotar municiones. La Numancia después de disparar 1005 proyectiles y recibir 52 impactos, de los cuales solo 1 perforó su blindaje estaba en óptimas condiciones así como los otros 3 buques españoles que también habían recibido daños menores.

Por el lado peruano, ninguno de los buques recibió daños de consideración. Inclusive el actuar de los monitores peruanos llamo mucho la atención de la prensa internacional (sobretodo estadounidense)

En cuanto a las baterías peruanas, el mayor daño evidentemente fue el de la torre La Merced, que explotó por completo. Según la versión difundida por el almirante Méndez Núñez y los protagonistas españoles, la casi totalidad de las baterías del puerto fueron silenciadas al punto de que al momento de retirarse, solo tres cañones del Fuerte Santa Rosa continuaban disparando. Según los peruanos, a excepción de lo ocurrido en La Merced, ningún cañón quedó fuera de combate por fuego enemigo sino por el desmontaje o descarrilamiento de los cañones o por la obstrucción de los mismos. En este punto es notoria la falta de entrenamiento por parte de los artilleros peruanos, y la improvisación a la hora de hacer la instalación de las piezas de artillería. Como señalaron los mandos del ejército peruano en sus informes.

“Los accidentes ocurridos en los cañones de mayor calibre, no son por cierto ocasionados por los proyectiles enemigos que estuvieron muy lejos de tocarlos; no habiéndose podido prever sin un serio ensayo, los defectos de las cureñas de los Blackely, no era extrañarse, sobre-vinieran tales acaecimientos” - Manuel G. de la Cotera

La apresurada construcción de las fortificaciones e instalación de las piezas de artillería, provocó que no hubiese tiempo para realizar prácticas de tiro o al menos entrenar a la tropa en el manejo de las mismas. Claro ejemplo de esto es el caso del Cañón del Pueblo, un poderoso Blackely de 500, que fue instalado en menos de 24 por los mismos ciudadanos pero que quedó inutilizado al primer disparo.

De la misma manera, como vimos, los cañones de 32 lb (la mayoría de piezas artilleras peruanas) dejaron de hacer fuego por estar los buques españoles fuera de su alcance.

Así mismo, la población del Callao no sufrió los daños que aseguraba Méndez Núñez sufriría, como indica el diplomático norteamericano T.H. Nelson, a bordo también del USS Powhatan, en una carta privada de fecha 3 de mayo dirigida al Dr. Robert Trumbull en Valparaíso, señala:

“El fuerte [Santa Rosa] contestó sus fuegos con brío hasta que a los 20 minutos los buques se retiraron, hasta quedar a tiro lejano, en cuya situación continuaron el duelo hasta las cuatro y 45 minutos de la tarde, hora en que pusieron término al combate. En el acto bajé a tierra y después de felicitar cordialmente al presidente Prado por su distinguido triunfo, acompañé al General Flove a ofrecer los servicios de los cirujanos a los heridos. Luego visité todas las baterías y me sorprendí al ver el poco daño que se les había hecho... Los daños causados en el Callao son escasamente apreciables. Las baterías ocuparon tan continuamente a la escuadra que no hubo tiempo para bombardear la ciudad. Es posible estimar el daño causado a los buques, por los trozos de madera varados en la playa es evidente que sufrieron daños seriamente.”

Es reseñable el hecho de que Nelson se equivoque a la hora de afirmar que la escuadra española no tuviera tiempo de bombardear la ciudad. La Resolución, la Vencedora y la Berenguela así lo hicieron, aunque al fallar los cohetes incendiarios, el resultado no fue el esperado.

El Almirante George Pearson en una carta al ministro de su país en Chile Hugh Judson Kilpatrick coincide en lo expuesto por Nelson atribuyendo la victoria a las baterías de tierra pero reconociendo en todo momento el valor y coraje desplegado por los marinos españoles.

Historiadores españoles contemporáneos a los hechos como Pedro De Novo y Colson destacan la valentía de la marina española, en condiciones inferiores de combate. Dice que la escuadra española, compuesta de naves de madera a excepción de la Numancia, no contaba con un solo cañón de gran calibre para enfrentar a los doce(?) cañones Armstrong, “de monstruoso y extraordinario alcance”, del Perú, que podían atravesar una nave blindada con planchas de 19 centímetros (la Numancia tenía planchas de apenas 13 centímetros). Y, sin embargo, las bajas de la escuadra española fueron, según él, una décima parte de las peruanas.

Según De Novo y Colson, el retiro de la escuadra española antes de apagar totalmente los fuegos enemigos permitió que en el Perú se jactasen por la victoria porque habían hecho retirar maltrechos a los buques. El autor justifica que los españoles no repitieran el ataque para confirmar su victoria.

Según él, había una gran razón: la escasez de municiones de la escuadra tras el combate. Pero, luego, él mismo se contradice y afirma que “aún cuando la escuadra hubiese dispuesto de suficientes municiones, un segundo combate habría revestido peligros tan grandes como el primero, agujereados sus cascos, hambrientas y desfallecidas sus tripulaciones, invadidas por el terrible escorbuto, sin víveres casi, sin pertrechos, disponíanse para atravesar 3,000 leguas de océano, navegación que por sí sola constituía una larga campaña”. Concluye que los peruanos no pudieron negar el valor desplegado por la escuadra española ni los españoles pudieron dejar de reconocer la bravura que mostraron los defensores del Callao.

De está manera, el 10 de mayo, después de enterrar a sus muertos, curar a sus heridos y reparar sus navíos en la Isla San Lorenzo, los españoles dividieron su escuadra. Por una parte, las fragatas Numancia y Berenguela, la corbeta Vencedora y los transportes Marqués de la Victoria, Uncle Sam y Matauara se dirigieron hacia las Filipinas para avituallarse y desde allí continuar su viaje hacia Cádiz (en este viaje la Numancia lograría ser el primer buque blindado en dar la vuelta al mundo). El resto de la escuadra, es decir, las fragatas Resolución, Blanca, Villa de Madrid y la Almansa, bajo el mando de Méndez Nuñez, navegaron hacia el Atlántico sur. Estos buques permanecieron en aguas sudamericanas, atracados en Río de Janeiro y Montevideo, en espera de una nueva expedición de castigo al Pacífico o en previsión de un ataque por parte de la escuadra chileno-peruana. Poco después, el gobierno de Madrid envió a las fragatas de hélice Concepción y Navas de Tolosa para reforzar esta flota.

📛 REPERCUSIÓN INTERNACIONAL 📛

Las noticias del combate llegaron pocos días después a los países aliados con Perú, donde fue celebrado con distintos actos. En Chile, el resultado se conoció el 10 de mayo, suscitando gran júbilo popular. Los repiques de campanas, banquetes y misas abundaron, el 12 fue embanderada la capital chilena y tuvo lugar un tedeum en la catedral con asistencia del presidente José Joaquín Pérez y sus ministros y siendo el invitado principal el plenipotenciario peruano Felipe Pardo y Aliaga. También hubo manifestaciones oficiales y populares en La Paz (Bolivia). El gobierno de este país, presidido por Mariano Melgarejo, declaró el 17 de mayo fiesta nacional y acuñó una medalla con la inscripción: «A los vencedores de Abtao y el Callao». En Ecuador, el gobierno de Jerónimo Carrión, dispuso celebraciones por tres días consecutivos y la Sociedad Republicana organizó un desfile con los pabellones de las cuatro naciones aliadas por las principales calles de Quito.

A principios de junio, comenzaron a llegar las noticias a España, donde fueron celebradas con grandes festejos: orquestas, espectáculos pirotécnicos y obras de teatro, cuyos beneficios fueron a parar a las viudas y huérfanos de los muertos en combate. Por Real Decreto de 10 de junio, Méndez Núñez recibió el cargo de Jefe de Escuadra y por Reales Decretos de 20 de junio, todos los oficiales que comandaron un buque de la Escuadra del Pacífico fueron ascendidos y todos los hombres que estuvieron embarcados recibieron el doble de paga. Méndez Núñez también fue recompensado con la Gran Cruz de Real y Distinguida Orden de Carlos III, por Real Decreto de 26 de junio.

A una semana del combate, el 9 de mayo, Méndez Núñez dirigió al decano del cuerpo diplomático en Lima una misiva vanagloriándose de haber castigado con sus fuerzas navales al Gobierno Peruano con el “bombardeo del Callao”, y agregaba que “si el gobierno de la república ejecuta o tolera tropelías contra los súbditos españoles en ella residentes, las fuerzas navales de Su Majestad Católica vendrán otra vez a esta agua para vengarlas”.

Mariano Ignacio Prado, jefe supremo del Perú y presidente provisional, ingresó triunfalmente a Lima el 13 de mayo. Lo hizo en medio de ovaciones por la victoria en el Combate del 2 de Mayo. El hecho fue consignado en la edición del 1 de junio del diario “The New York Times”, en Estados Unidos. 


📌 CONCLUSIONES 📌

En el Perú la contienda tuvo serias consecuencias económicas. Los gastos para la compra de armamento y barcos de guerra fueron muy elevados, lo que, unido a la ocupación de las islas Chincha (productoras de guano, la principal fuente de ingresos del país), llevaron a la solicitud por parte del gobierno de diversos préstamos. Esta situación se alargó en el tiempo, ya que la deuda en 1872 era diez veces mayor que en 1868.

En España la crisis económica se dejó sentir con fuerza. Esto, unido a la pérdida de las cosechas de 1866 tras unas graves inundaciones, provocó una grave crisis política. La reina Isabel II ya no confiaba en O'Donnell, y la sublevación del cuartel de San Gil sirvió de excusa para obligarle a presentar la dimisión. Así, el 10 de julio de 1866 Ramón María Narváez fue nombrado nuevo Presidente del Consejo de Ministros. O'Donnell, principal impulsor de las expediciones al exterior, era apartado definitivamente del poder. Poco después, el nuevo ministro de Marina anunció ante las Cortes que la expedición en el Pacífico había terminado.

Finalmente España firmaría formalmente la paz con los países sudamericanos, en los siguientes años, con Perú el 14 de agosto de 1879. El 21 de agosto de 1879 con Bolivia, el 12 de junio de 1883 con Chile y el 28 de enero de 1885 con Ecuador.

💢 PREGUNTAS QUE QUEDAN 💢

Los resultados del Combate del 2 de mayo o de El Callao fueron y siguen siendo motivo de debate entre americanos y europeos, por muchos años ambos bandos reclamaron ser los vencedores en esta gesta. Pero no basta con demostrar quien lanzó el último disparo quien tenía más cañones disparando al final o quién estuvo en condiciones de continuar el combate al día siguiente, como señalan las 2 partes. Existen factores que debemos considerar a la hora de tratar de responder la interrogante. ¿Quién venció en este conflicto? 

¿España buscaba únicamente realizar una acción intimidatoria al enviar una "Expedición Científica" en modernos buques de guerra? Por supuesto, la intimidación naval era algo bastante común entre las potencias de la época, por lo que la pregunta es válida.

¿El gobierno en Madrid no creyó posible una reacción de parte de alguna de las naciones sudamericanas? En teoría ninguna nación sudamericana, a excepción de Brasil, contaba con el poder naval suficiente para enfrentarse en un caso hipotético a los buques de la expedición, pero al final como vemos no solo se opuso a España un país sino 4 al mismo tiempo, lo cual represento un problema muy serio para la logística de la flota.

¿La escuadra española contaba con un plan operativo o estratégico a la hora de partir de Cádiz? Al parecer no, porque se nota que improvisaron sus acciones, que resultaron bastante absurdas y contraproducente para los propios españoles (captura de las islas de Chincha, presentación de Mazarredo como "Comisario Real", intimidación al gobierno chileno) y pese a que la opinión oficial de Madrid era mantener la paz se consiguió todo lo contrario.

De haber preparado una buena operación militar, hubieran rendido los puertos indefensos como Valparaíso sin problemas, como por ejemplo, amenazando con destruir el patrimonio portuario de las élites criollas que gobernaban las repúblicas insurrectas. Con ello podrían establecer acuerdos comerciales abusivos, como lo hicieron los británicos, o cualquier otra exigencia que no implicara algo inaceptable para la élite criolla. Pero no, torpeza e improvisación.

Podrían añadirse más, pero sería extendernos demasiado.


📖 FUENTES CONSULTADAS:

Historia del Perú. Jorge Basadre.
Historia Marítima Española. Francisco Javier Oubiña Oubiña.
Enciclopedia General del Mar.
https://es.wikipedia.org.
http://armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/conocenos_historia.
grandesbatallas.es
Melillamedioambiente.com
Rosa Garibaldi, historiadora y diplomática peruana.
Marina de Guerra del Perú.
José Orrego Penagos (http://blog.pucp.edu.pe)
www.todoababor.es/historia/mojamos-la-polvora-senor-comandante

🌐 Diversos foros como:
todoababor.es
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El Paso de Kasserine: La derrota mas humillante de los EEUU durante la Segunda Guerra Mundial ✙💥

"Oye Brad ¿que paso en Kasserine? oí que fue un desastre"
- Aparentemente todo salio mal, les mandamos una de 75 y los "Krauss" nos devolvían otra de 88
El anterior es una dialogo ocurrido en la pelicula Patton (1970) entre el personaje principal, el general George S. Patton, y el General Omar Bradley, interpretados por George C. Scott y Karl Malden respectivamente.

A continuación trataremos de responder, un poco mas extensamente, la pregunta del "Viejo sangre y agallas".

▪ Cuidado con un zorro del desierto cuando está acorralado

Era el invierno de 1943, y los aliados tenían todas las razones del mundo para creer que estaban al borde de la victoria total en el norte de África, los GI estadounidenses se sentían mas que confiados mientras se preparaban para su primera batalla terrestre contra los alemanes. Hasta ese momento, no había sido una guerra difícil para ellos. Las tropas estaban bien alimentadas, bien pagadas y bien equipadas, especialmente en comparación con sus aliados, los "Tommies" británicos, desgarrados y envidiosos. Aún mejor, su bautismo de fuego había sido el tomar tierra en Argelia y Marruecos en noviembre de 1942, donde sus rivales habían sido los desmotivados soldados franceses de Vichy que, después de oponer resistencia al principio, no tardaron mucho en capitular.

Quizás derrotar a Hitler no sería tan difícil, después de todo.

Los GI iban a tener que aprender lo que sus primos británicos también habían aprendido por las malas: Nunca subestimes a los alemanes.

Pronto, el mariscal de campo Erwin Rommel, apodado el "Zorro del desierto" por los británicos, les enseñaría a los novatos estadounidenses una lección sobre el arte de la guerra en un polvoriento desfiladero llamado Paso de Kasserine.


Quizás los estadounidenses podían ser perdonados por su exceso de confianza. La legendaria racha ganadora de Rommel y su Afrika Korps había llegado a su fin en El Alamein, en noviembre de 1942. Ahora, perseguido por el Octavo ejército británico del mariscal de campo Bernard Montgomery, Rommel había abandonado a su "carne de cañón" italiano y se había retirado a lo largo de la costa norteafricana, casi 1400 millas, desde Egipto hasta Túnez.

Durante casi dos años, los ejércitos británico y alemán en África habían bailado al mismo ritmo: los británicos atacaban y gastaban sus suministros, los alemanes retrocedían a sus bases y contraatacaban, los británicos se retiraban ahora a sus bases y contraatacaban, “enjuagaban y repetían”.

Pero en El Alamein había sido diferente, fue una derrota a gran escala. Mientras el Octavo Ejército se recomponía y perseguía con cautela a Rommel desde el este, el Primer Ejército Británico y el II Cuerpo de los Estados Unidos desembarcaron en Argelia y Marruecos en el extremo occidental del Mediterráneo. Lo que significaba que Rommel iba a ser copado por dos lados, atrapado entre las pinzas aliadas, el desierto y el profundo mar azul.

Pero un zorro atrapado no es menos peligroso. Las “ruedas” aliadas fallaron durante la “Carrera por Túnez”, donde ambas partes se lanzaron para tomar ese puerto vital que sostenía ahora la logística del Eje, al final las tropas germanas expulsaron con relativa facilidad a los franceses de Henri Giraud. Los Aliados habían tardado demasiado, pero en su defensa podemos decir que se vieron perjudicados por la lluvia y el barro, los suministros deficientes, el escaso mando y la superioridad aérea alemana: la Luftwaffe operaba desde los aeródromos bien pavimentados de Túnez, mientras los aviones aliados se hundían en las pistas de tierra pantanosas.

Mientras que otro señor de la guerra podría haber intentado evacuar a sus tropas para luchar otro día, Hitler estaba dispuesto a sacrificar las suyas para retener una cabeza de puente, en la creencia (no del todo ilógica) de que era mejor hacer que los Aliados pelearan por ese pedazo de desierto africano a que pusieran pie en Europa continental. Para reforzar a los 50.000 soldados alemanes e italianos del Afrika Korps de Rommel, Hitler envió 112.000 hombres, así como más tanques (incluyendo un batallón de Tiger), aviones y suministros. Pronto el Quinto Ejército Panzer se unió al Panzerarmee Afrika de Rommel.

Justo un año antes, esa misma generosidad podría haberle dado a Alemania el Medio Oriente. Ahora Hitler solo estaba ganando tiempo para un milagro.


▪ Tunez, cabeza de puente

Túnez estaba protegida hacia el oeste por las montañas Atlas, que eran cruzadas por solo unos pocos pasos, incluido el de Kasserine. Los Aliados estuvieron a punto de cruzar esa cordillera, solo para ser detenidos por los Panzer y los Stuka. Para el teniente general Dwight Eisenhower, el comandante supremo del Mediterráneo, que solo dos años antes había sido un simple coronel en el Pentágono, esta también era una especie de bautismo. No solo había sido puesto al mando de medio millón de hombres, sino que también tenía que mantener la paz entre su colección de generales estadounidenses, británicos y franceses. Eisenhower, decidió detenerse y reagruparse, en el punto estratégico de Tébessa, para luego reanudar el avance con mas seguridad. El Primer Ejército Británico bajo el mando del Teniente General Sir Kenneth Andersen ocupó el sector norte, con el Francés Libre del XIX Cuerpo de Armee en el centro y el II Cuerpo estadounidense en el extremo sur de la cordillera. Dada la escasez de combustible en el ejército de Rommel, los Aliados no esperaban que éste intentaría realizar alguna maniobra ofensiva.

Pero su enemigo eligió no esperar. Fieles a su tradición de elegir el ataque sobre la defensa, los alemanes planearon golpear primero. Pero al igual que los Aliados, estaban divididos por la disensión entre Rommel y el general Hans-Jürgen von Arnim, el comandante del Quinto Ejército Panzer más cauteloso. Finalmente se ideó un plan que convirtió el cerco, en el que encontraban, en una ventaja: los ejércitos aliados del este y el oeste estaban separados por la cabeza de puente tunecina, lo que le daba al Eje la oportunidad de concentrarse en un ala Aliada, y luego en la otra. Mientras que el Octavo Ejército de Montgomery era mantenido a raya por las defensas de la Línea Mareth, la fuerza de asalto centrada alrededor de las Divisiones Panzer Décima y XXI golpearía a los estadounidenses en los pasos de Kasserine y Sbiba.

▪ Problemas de dirección

Los aliados no podrían haberlo dejado más fácil. Su avance desordenado había dejado a las columnas estadounidenses, británicas y francesas libres dispersas y desorganizadas. Peor aún, el II Cuerpo estadounidense era comandado por el teniente general Lloyd Fredendall, el primero de entre los malos generales estadounidenses del siglo XX. El historiador Martin Blumenson, bastante critico con el general en mención, describe el puesto de mando de Fredendall, ubicado a setenta millas detrás de las líneas del frente de la siguiente manera: 

"Los comandantes generalmente intentan establecer su cuartel general cerca de una carretera, adyacente a las instalaciones de comunicaciones existentes y lo suficientemente cerca de las unidades de combate para visitas convenientes. El de Fredendall estaba distante del frente alejado por un cañón, una quebrada a la que solo se podía acceder por un camino apenas transitable construido por los ingenieros de su cuerpo. Aunque las altas montañas y las laderas boscosas ocultaban su presencia, había excavado refugios subterráneos. Doscientos ingenieros trabajarían durante más de tres semanas en este proyecto, y luego lo abandonarían sin terminar bajo la amenaza alemana en Kasserine".

Fredendall era un “micromanager” que colocó sus batallones en lugar de dejar la decisión a sus subordinados en el lugar. Quizás tenía sentido en un mapa fortificar los montes o colinas tunecinas en puntos fuertes. Pero las cimas estaban demasiado separadas para apoyarse mutuamente, ni podían evitar que el enemigo se infiltrara a través de los valles. Tampoco ayudó el hecho de que Fredendall se la pasara discutiendo con el general Kenneth Anderson, comandante del Primer Ejército británico. Los estadounidenses en general se sentían incómodos con Anderson, considerándolo un escocés "triste y prototípico". Como a la mayoría de los oficiales británicos, le gustaba supervisar de cerca los planes tácticos de sus subordinados, que para las sensibilidades estadounidenses se sentía demasiado como una interferencia no invitada.

Por si fuera poco, el estadounidense tenía la costumbre de emitir órdenes usando palabras que nadie entendía. Su intención era confundir al enemigo por si éste estaba interviniendo sus comunicaciones, pero órdenes como “Mueva su comando, es decir, los niños que caminan, las armas de fuego, el atuendo de Baker y el atuendo que es el reverso del atuendo de Baker y los grandes compañeros de M, que está al norte de donde estás ahora, lo antes posible. Haga que sus hijos se reporten con el caballero francés cuyo nombre comienza con J en un lugar que comienza con D, que es cinco cuadrículas a la izquierda de M”, solo lograron confundir a sus propios hombres.

A los GI de Fredendall también les faltaba. No el coraje, sino la experiencia suficiente a sabiendas de que los ejércitos aprenden por las malas. La 34va División de Infantería, por ejemplo, estaba compuesta por miembros de la Guardia Nacional que carecían de aptitud física y habilidades básicas de soldado, como la lectura de mapas. Los estadounidenses no colocaron campos minados frente a sus posiciones, porque lo creían innecesario. Y cuando lo hicieron, en algunas zonas, los marcaban con banderas para que sus propias tropas no se toparan con ellos; los alemanes apreciaron la consideración mas adelante. Como vemos, las comunicaciones, el comando y el control resultaron inadecuados. En cuanto al equipo, el M4 Sherman era un tanque decente a principios de 1943, mientras que los cañones antitanques montados en medio riel eran vulnerables. Cuando después de la derrota el general Omar Bradley le preguntó a un soldado si las balas de ametralladoras alemanas podían penetrar en los portadores de tropas M3 de media vía, la respuesta fue: “No, señor, solo atraviesan la pared y se mueven un poco”.

Kasserine fue en realidad una serie de batallas perdidas. Las primeras víctimas fueron los franceses libres, que fueron expulsados ​​del Paso de Faid el 30 de enero por las tropas germano-italianas: una insuficiente respuesta blindada estadounidense fue diezmada por las poderosas armas antitanque alemanas. Envalentonado con esto, Rommel instó a un ataque masivo, para capturar Tébessa, que comandaría él mismo. Afortunadamente para los Aliados, los mandos alemanes modificaron el plan original y optaron por dos ataques separados, uno lanzado por von Arnim y el otro por el propio Rommel, que no iban a poder apoyarse mutuamente. El plan era muy sencillo: primero Rommel avanzaría hacía Sfax mientras Arnim tomaba Sidi Bou Said, y así tendrían dos alas abiertas para aplastar a los americanos en una pinza. Todo ello se realizaría con tan sólo 22.000 hombres.

▪ La ofensiva da inicio

La primera parte de la ofensiva alemana, la Operación Frühlingswind (“Viento de primavera”), comenzó en la madrugada del 14 de febrero. La Décima División Panzer atravesó el Paso Faid, usando una tormenta de arena cegadora como cobertura perfecta. Al mismo tiempo, la veterana 21 División Panzer corrió a través de las montañas al sur de Sidi Bou Zid, luego giró hacia el norte, con la intención de unirse con la décima. Los objetivos iniciales de los alemanes eran un par de colinas, conocidas localmente como djebels, que protegían el camino de Faid a Sebeitla. Después de rodear estos puestos de avanzada aliados, las tropas de von Arnim capturarían Sidi Bou Zid.

Las dos colinas en cuestión, Djebel Lessouda y Djebel Ksaira, flanqueaban a Sidi Bou Zid y parecían buenas posiciones defensivas, sobre el papel. Fredendall había colocado unidades de infantería en la cima de cada colina, con la intención de que redujeran el avance alemán hasta que las fuerzas mecanizadas estadounidenses pudieran lidiar con ellas. Desafortunadamente, había muy pocos hombres en las colinas, y estaban demasiado lejos los unos de los otros para proporcionarse apoyo mutuo. La infantería en la cima de cada colina se redujo a indefensos observadores de una debacle estadounidense que se desarrollaba rápidamente en las llanuras más abajo.

El coronel Thomas D. Drake, del 165º Regimiento de Infantería, 34ª División, estaba situado en Djebel Ksaira, observando el espectáculo con creciente frustración. Drake llamó por teléfono al puesto de comando de Sidi Bou Zid, advirtiéndoles que parte de la artillería estadounidense ya mostraba signos de pánico. Los comandantes en la retaguardia se negaron a creerlo, insistiendo en que los hombres solo estaban cambiando de posición. “¡Cambiando de posición, demonios!”, respondió Drake. “¡Sé reconocer el pánico cuando lo veo!”.

Por fin, los blindados estadounidenses avanzaron para enfrentar la creciente amenaza. La fuerza del coronel Louis V. Hightower, dos compañías de tanques y una docena de destructores de tanques, avanzaron desde Sidi Bou Zid para atacar de frente al décimo Panzer. Hightower y sus tripulaciones inexpertas eran valientes pero eran superados en número y se enfrentaban a un enemigo bien preparado. La artillería alemana de 88 mm anotó golpe tras golpe, convirtiendo a los tanques estadounidenses en ataúdes en llamas uno por uno. Los M4 Sherman, que por alguna razón se habían apodado “Honey”, recibieron un apodo más burlón, si bien preciso, por los alemanes: “Ronson”, después de encenderse, porque estallaban en llamas con mucha facilidad. 

La combinación de proyectiles de artillería alemanes y fuego de tanques de largo alcance resultó demasiado para los hombres de Hightower, que intentaron en vano llevar a cabo una retirada. El propio tanque de Hightower fue noqueado, pero no antes de que destruyera cuatro Panzer. Hightower y su tripulación lograron escapar del campo de batalla en medio del humo y el polvo. Fueron los afortunados; solo 7 de los 51 tanques de Hightower sobrevivieron a la derrota. Los otros 44 se perdieron, y Sidi Bou Zid tuvo que ser abandonado.

▪ Un contraataque desastroso

En poco tiempo, el 21º Panzer se unió al 10º Panzer, y avanzaron rápidamente para consolidar sus ganancias. Los 2.500 soldados de infantería estadounidenses en las dos colinas estaban ahora aislados, eran literalmente islas de resistencia en un mar alemán. Drake todavía sostenía obstinadamente a Djebel Ksaira y John Waters, el yerno de George Patton, sostenía a Djebel Lessouda, pero las posibilidades de una ruptura exitosa disminuían cada hora. Mientras tanto, de vuelta en su cuartel general, Fredendall se negó a permitir que Waters y Drake escaparan mientras aún había tiempo. Su terquedad se vio agravada por suposiciones erróneas y mala inteligencia. El general británico Anderson, superior de Fredendall, estaba convencido de que el ataque alemán en Sidi Bou Zid era simplemente un ataque de distracción para un golpe más grande más al norte. La inteligencia aliada también insistió en que solo había una división Panzer en el sur. Como resultado, solo un batallón de tanques: El 2º Batallón del Coronel James Alger del 1er Regimiento Blindado, fue enviado para enfrentarse con los alemanes y rescatar a los estadounidenses atrapados en las dos colinas.



El equipo de Alger era bueno, pero sus tácticas eran malas y sus hombres eran valientes pero inexpertos. No sabían que iban a enfrentar no a una sino a dos divisiones Panzer. El resultado fue un ejemplo de lo que no se debe hacer en la guerra blindada del desierto. El contraataque de Alger comenzó el 15 de febrero. Los 58 Sherman se adelantaron a gran velocidad, lo que significaba que enormes nubes de polvo marcaban su paso. Se levantó tanto polvo que las tripulaciones quedaron cegadas, y las gruesas columnas de polvo los hicieron fáciles de detectar y apuntar. Los tanques estadounidenses avanzaron en una formación en forma de V. Era como una carga de caballería a la antigua, pero los alemanes estaban a punto de traer a los estadounidenses gustosamente al siglo XX.

La artillería alemana escondida en medio de olivares abrió fuego, y los tanques alemanes atacaron los flancos de Alger. En poco tiempo, los estadounidenses quedaron atrapados. Solo cuatro tanques lograron escapar de la debacle. El batallón completo fue aniquilado, con 54 tanques perdidos y unos 300 hombres muertos, heridos o capturados, incluido Alger, quien fue hecho prisionero. El comandante de división mayor general Orlando Ward se quedó literalmente en la oscuridad acerca del resultado del ataque. Se levantó tanto humo y polvo en la batalla que solo pudo informar a Fredendall: “Podríamos haberlos golpeado, o podrían habernos golpeado a nosotros”. Pronto quedó claro quién había dado el golpe.

Al darse cuenta por fin de que el rescate era imposible, Fredendall dio un permiso tardío a las dos fuerzas atrapadas en la cima de las colinas para intentar escapar por su cuenta. Drake condujo a sus hombres por las laderas de Djebel Ksaira al amparo de la oscuridad, pero pronto se encontró con tanques alemanes, que lo rodearon a él y a sus 600 hombres, fueron hechos prisioneros.

Waters y muchos de sus comandos también fueron tomados prisioneros, con quizás un tercio, aproximadamente 300, de los 900 originales que regresaron a las líneas aliadas. Toda la línea aliada estaba en peligro, y los alemanes parecían al borde de una gran victoria. No quedaba nada más que hacer que recurrir a la siguiente línea de defensa: la cadena montañosa occidental, a unas 50 millas de distancia. Con suerte, los pasos occidentales, en particular el vital Paso de Kasserine, podrían defenderse y la ofensiva alemana seria detenida.

▪ La retirada caótica

La retirada resultó ser una pesadilla. El maltratado II Cuerpo había sido gravemente derrotado, y con esa derrota vino una crisis de confianza. Fredendall, que había evacuado su puesto de mando a un lugar aún “más seguro”, se quejó a Eisenhower: “En este momento, 1er regimiento blindado [está] en un mal estado de desorganización. Ward parece cansado, preocupado y me ha informado que traer nuevos tanques sería lo mismo que entregarlos a los alemanes. Bajo las circunstancias [yo] no creo que deba continuar al mando. Necesito a alguien con dos puños de inmediato”. Eisenhower no tenía intención de eliminar a Ward, pero sí envió a uno de sus hombres de confianza, el mayor general Ernest Harmon, para que asesorara a Fredendall “durante las condiciones inusuales de la batalla actual”.

Las carreteras que conducían al oeste estaban repletas de vehículos estadounidenses que huían, proporcionando objetivos fáciles para los Stuka alemanes que caían del cielo como furias vengativas. Eisenhower, quien se había ido del frente antes de la batalla para regresar a su cuartel general en Constantine, Argelia, comenzó a enviar refuerzos hacia Sbeitla, una antigua encrucijada romana a 13 millas al noroeste de Sidi Bou Zid. “Nuestros soldados están aprendiendo rápidamente”, informó Eisenhower al Jefe de Estado Mayor del Ejército, general George C. Marshall. “Le aseguro que las tropas que salgan de esta campaña serán tácticas y tácticamente más eficientes”.

▪ Rommel en marcha

Mientras tanto, la Operación Morgenluft ("Aire de la mañana") había iniciado al sur. Rommel se encontró con poca resistencia, y el Mariscal de Campo estuvo encantado cuando el aeródromo aliado de Telepte fue capturado con 50 toneladas de valioso combustible y lubricantes muy necesarios en la mañana del 17. Sin embargo, Rommel, de mentalidad ofensiva, estaba perturbado por el hecho de que von Arnim no hubiese explotado completamente sus éxitos en Sidi Bou Zid. Von Arnim argumentó que no podía avanzar demasiado porque la situación del suministro y el combustible era dudosa en el mejor de los casos. El Zorro del Desierto no estaba convencido de eso.

Rommel quería reunir todas las fuerzas del Eje disponibles para un gran ataque a través del Paso Kasserine. Una vez superado éste, podría lanzarse a capturar el principal depósito de suministros aliados en Tebessa y luego continuar hacia la costa tunecina en Annaba (Bone). Con un poco de suerte, este empuje del noroeste lo llevaría detrás del Primer Ejército Británico de Anderson, que podría quedar atrapado y aniquilado a voluntad de los alemanes. El audaz plan de Rommel dependía de una acción inmediata, pero sus superiores tenían que aprobarlo primero. Se desperdició al menos un día mientras Kesselring y el alto mando italiano reflexionaban sobre ello. Al final, la propuesta recibió luz verde bajo el nombre en clave de Sturmflut (“Huracán”), pero fue una versión algo vaga y diluida de la propuesta inicial del Mariscal de Campo. Bajo Sturmflut, las fuerzas del Eje debían desplegarse a través del Paso Kasserine, luego dirigirse en dirección a Le Kef. En comparación con el plan original de Rommel, se trataba de una envolvimiento superficial y poco entusiasta de las fuerzas aliadas, pero algo era mejor que nada. Todo lo que Rommel sabía con certeza era que tenía luz verde y actuó en consecuencia. La batalla por el Paso de Kasserine estaba a punto de comenzar.

En ese momento la tarea urgente de Fredendall era evitar cualquier cruce de la cordillera por parte de los alemanes, pero ¿por donde iba a atacar Rommel? Kasserine no era el único paso que atravesaba las montañas, por lo que extendió sus fuerzas para cubrir todas las posibilidades. Algunas unidades británicas y francesas acudieron a ayudar, pero las defensas aliadas seguían siendo débiles. Kasserine fue inicialmente defendida por el 19º Regimiento de Ingenieros de Combate del Coronel Anderson Moore, una unidad cuyas tareas principales eran la construcción, no la lucha. Fredendall convocó al coronel Alexander Stark de la 26va infantería y le dijo que sostenga el pase. “Quiero que vayas a Kasserine de inmediato”, dijo Fredendall, “y hales un Stonewall Jackson”. Era típico de Fredendall cuando emitía órdenes hacer bromas coloridas, frases que contenían poca sustancia real. Stark llegó al Paso Kasserine el 19 de febrero.
Mapa de las operaciones realizadas durante la Batalla del Paso de Kasserine

▪ El asalto de Kasserine


El Paso de Kasserine es un angosto desfiladero rocoso el cual en su lado occidental se amplia en una cuenca que se divide en dos caminos. Uno conduce hacia el oeste a Tebessa y la base vital de suministros aliados, mientras que el otro se dirigía hacia el norte hasta la ciudad de Thala. Los estadounidenses tenían posiciones de artillería en ambas carreteras, listas para concentrar el fuego cuando el enemigo emergiese del estrecho cuello de botella de Kasserine.

El 19 de febrero un viento frío calo en los soldados hasta los huesos, y las lluvias torrenciales aumentaron la incomodidad. Los alemanes intentaron escabullirse a través de las posiciones estadounidenses al amparo de una espesa niebla envolvente, pero fueron detectados. La artillería estadounidense pronto los envío de regreso a su punto de partida. El ataque alemán era dirigido por el general Karl Bulowius, quien parecía despreciar tanto a los estadounidenses que siguió ordenando asaltos directos. Alrededor de las 3:30 pm, Bulowius envió a los alemanes hacia adelante una vez más, esta vez respaldados por tanques italianos. Se toparon con campos minados colocados allí antes por los sufridos ingenieros y fueron detenidos en seco. 

Bulowius, todavía confiado, espero la llegada de la noche. Los alemanes se infiltrarían en las defensas estadounidenses al amparo de la oscuridad, deslizándose por las colinas y las crestas que formaban las elevaciones de Kasserine. Estos asaltantes fantasmas tuvieron mas éxito ante las inexpertas unidades ya agotadas por los intensos combates. El pánico se volvió contagioso, y la situación era tan frenética que algunos oficiales no sabían lo que estaba pasando. Los soldados estadounidenses, individualmente y en pequeños grupos, abandonaron sus posiciones y buscaron seguridad en la retaguardia.

▪ La conquista del Paso

El sábado 20 de febrero amaneció frío y húmedo, pero los alemanes aún no habían logrado el avance deseado. Rommel había llegado y no estaba contento con lo que vio. El tiempo lo es todo en la guerra, y Rommel sabía que no le quedaba mucho para lograr la victoria. El octavo ejército de Montgomery todavía estaba lejos hacia el este, pero se acercaba rápidamente a la línea Mareth. "Esos tipos son demasiado lentos", se quejó a los ayudantes cuando encontró que la Décima División Panzer descansaba cómodamente cerca de Sbietla. Cuando el general Fritz von Broich explicó torpemente que estaban esperando que un batallón de infantería atacara primero, Rommel explotó. "Ve a buscar el batallón de motocicletas tú mismo y llévalo a la acción también", ordenó. Estaba cansado de escuchar excusas tontas de sus subordinados menos atrevidos.
Soldados ingleses observando los Nebelwerfer capturados al ejercito alemán

La presencia de Rommel tuvo un efecto positivo, y por un tiempo pareció como si los días embriagadores de 1941-1942 hubieran vuelto. Los alemanes emplearon un arma relativamente nueva, el Nebelwerfer, un lanzacohetes múltiples, que los estadounidenses rápidamente llamaron "Screaming Meemies" debido a los sonidos aterradores que hacia al disparar. La Décima División Panzer finalmente se movió a través del paso en vigor, solo para ser recibida por un puñado de tanques británicos Valentine, Crusader y destructores de tanques estadounidenses colocados como obstáculos. Los británicos y los estadounidenses lucharon valientemente, pero el resultado nunca estuvo en duda. La fuerza aliada, superada en número y calidad de armas, fue destruida. Veintidós tanques aliados y 30 semiorugas cubrían el suelo del valle. 


De está manera los alemanes atravesaron la parte principal del Paso Kasserine y aparentemente estaban a punto de un gran avance. Una vez en el lado occidental del paso, Rommel se encontró ante dos caminos, uno que iba hacia el suroeste hacia el centro de suministros de Tebessa, el otro hacia el norte a Thala y luego a la ciudad de Le Kef. Le Kef era el objetivo nominal de Sturmflut, pero Rommel se mostró indeciso ahora en su idea de envolver al Primer Ejército británico. Al final, el Mariscal de Campo envió sus fuerzas por ambas rutas. el Afrika Korps avanzó por el camino hacia Tebessa, mientras que el 10º Panzer se dirigió hacia el norte, hacia Thala y Le Kef. En este momento, más y más unidades aliadas estaban llegando y siendo redistribuidas a la batalla, endureciendo la resistencia. El comando del Coronel Paul Robinett de la Primera División Blindada le hizo pasar a los alemanes un mal momento en el camino de Tebessa. Los disparos precisos de tanques y artillería paralizaron su avance, y la infantería estadounidense hizo retroceder a los alemanes y de hecho recapturó algunos equipos que se habían perdido antes. Incluso Rommel admitió mas tarde que el enemigo había contraatacado "muy hábilmente".

Las fuerzas alemanas que conducían por la carretera del norte disfrutaron de un mayor éxito contra las fuerzas aliadas que defendían Thala. La 26ª Brigada Blindada del general Charles Dunphie luchó duro pero su equipo no pudo igualar a los tanques alemanes. Los británicos Crusader y Valentine eran inferiores en armamento y blindaje. Pronto el paisaje desértico estuvo cubierto de carros británicos destruidos. Dunphie se retiró a una cresta a tres millas al sur de Thala, después de haber perdido 38 tanques, 28 cañones y 571 hombres capturados. Las defensas británicas se habían derrumbado, y el camino a Thala estaba abierto.

El mariscal de campo Harold Alexander, un comandante británico experimentado e imperturbable, se sorprendió cuando visitó el II Cuerpo. "La confusión entre las unidades en retirada, la incertidumbre entre los comandantes y la falta de un plan de defensa coordinado lo convencieron de que eran necesarias medidas drásticas para restablecer la estabilidad", relata Blumenson. Las drásticas medidas de Alexander fueron ordenar que se detuviera la retirada y que los defensores lucharan, mientras llegaban los refuerzos británicos y estadounidenses. Al igual que en la Batalla de las Ardenas, no sería la última vez que los británicos ayudaron a "arreglar" un desastre estadounidense.
Prisioneros estadounidenses marchando en columna 

▪ El último golpe


Las fuerzas del eje habían salido victoriosas, pero no resultaron ilesas. Las pérdidas de personal alemanas e italianas habían sido relativamente leves, aunque algunas unidades italianas individuales habían sido diezmadas. Pero el principal problema era la escasez paralizante de combustible y municiones. Cada vez más unidades aliadas entraban en la lucha, algunas de lugares tan lejanos como Marruecos, y los avances del Eje, al principio tan prometedores, se habían ralentizado o habían sido detenidos en seco. El 21 de febrero, El general estadounidense LeRoy "Red" Irwin llegó a Thala con tres batallones de artillería y dos compañías de cañones, un total de 48 armas en total. A pesar de haber realizado una agotadora marcha forzada de cuatro días y 800 millas desde el oeste de Argelia, los hombres de Irwin se trasladaron de inmediato para apoyar a los exhaustos británicos.
Artillería inglesa repeliendo la ofensiva alemana durante la última fase de la batalla

A la mañana siguiente, el décimo Panzer se encontró con un atronador bombardeo de artillería aliada. Von Broich, que después de la reprimenda de Rommel, se había lanzando al frente con un batallón de motociclistas y había tenido que librar un brutal combate cuerpo a cuerpo con los defensores británicos, suspendió el avance. Después de leer un mensaje interceptado del comandante británico declarando que "no hay más retirada bajo ninguna excusa", Rommel se dio cuenta de que los Aliados tenían la intención de detenerlo ahí donde estaban, o morirían en el intento. Con combustible para solo 250-300 kilómetros, Rommel, se convenció de que los alemanes habían perdido la oportunidad de dar el golpe decisivo, se dio cuenta de que el juego había terminado. Las fuerzas del Eje, aun con la ventaja a su favor, se retiraron y Rommel movilizo sus fuerzas para realizar un ataque infructuoso contra el Octavo Ejército.


▪ Observaciones finales


Estratégicamente, la aplastante derrota de Kasserine no cambió nada más que retrasar el final durante unas pocas semanas. Hitler ya había tomado la decisión de mantenerse en África y sacrificar a sus veteranas tropas. Fredendall fue enviado a la reserva, y Patton con Bradley hicieron su entrada en la guerra. Los Aliados aprendieron, con este "curso intensivo", lecciones amargas sobre entrenamiento, comando, apoyo aéreo, logística y cómo pelear una guerra multinacional. 
El general George Patton examina el valle de El Guettar durante la batalla del mismo nombre

Sin embargo, Kasserine dejó un residuo amargo que envenenó la causa aliada por el resto de la guerra. Confirmó lo que los británicos creían de los estadounidenses, que eran soldados inferiores, amateurs, suaves y malcriados que necesitaban la orientación gentil pero firme de sus primos ingleses más sabios y experimentados.


Para los generales británicos como Montgomery y Alanbrooke, Kasserine fue una prueba de que los británicos tenían razón al instar a una estrategia indirecta de destruir a Alemania mordisqueando la periferia nazi en lugares como Italia y los Balcanes, en lugar de la opinión estadounidense por un asalto directo a Francia y luego Alemania.

Ese prejuicio era irónico, considerando que el ejército británico era el que había sido golpeado regularmente por las legiones de Hitler. Pero Kasserine les dio la ventaja de insistir en que el teatro europeo debería ser dirigido por generales británicos, de acuerdo con la estrategia británica.

Para los comandantes estadounidenses, no cortos en arrogancia, la actitud de sus aliados fue insultante. Y peor, esto había sido un golpe de cara con la realidad. Las campañas del norte de África e Italia de 1942–43 fueron la última vez que las fuerzas británicas y de la Commonwealth contribuirían con la mayor parte del poderío militar aliado. Para 1944, con Estados Unidos totalmente movilizado y Gran Bretaña quedándose con menos recursos humanos, los estadounidenses serían el socio principal, y los británicos lo sabían.

La venganza por Kasserine llegó el 13 de mayo de 1943, con la rendición de las fuerzas del Eje en Túnez. En las jaulas de alambre de púas ingresaron 275.000 prisioneros alemanes e italianos, más que en Stalingrado. Von Arnim estaba entre ellos, pero no Rommel, que había regresado a Europa.

¿Y la última palabra sobre la Batalla del Paso de Kasserine? Le dejaremos eso al Zorro del Desierto. Fue Rommel quien dijo de los estadounidenses que nunca había visto tropas tan mal preparadas para el combate, pero que aprendían muy rápido.

✍ Autores: Michael Peck y Eric Niderost


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