Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roma. Mostrar todas las entradas

El deportista mejor pagado de la historia 💰🏆

Hace unos años, más precisamente en el 2016, Forbes lanzó una lista de los atletas mejor pagados durante los últimos 12 meses y, según la cual, Cristiano Ronaldo, en ese entonces estrella del Real Madrid e ícono del fútbol, ​​era el deportista mejor pagado del mundo, con ganancias de $ 88 millones durante ese año. Y según la misma Forbes, los 100 mejores deportistas ganaron la increíble cantidad de $ 3.15 mil millones en un período de 12 meses. 


Forbes también clasificó a los 20 atletas mejor pagados de todos los tiempos, nombrando a la ex superestrella de los Chicago Bulls, Michael Jordan, como el atleta mejor pagado de la historia. Jordan había ganado un estimado de $ 1.7 mil millones a lo largo de su vida. El número 2 en la lista era la leyenda del golf Tiger Woods con $ 1.67 mil millones, y Arnold Palmer es el tercero en la lista con $ 1.35 mil millones.

Sin embargo, varios historiadores entre ellos Peter Struck, de la Universidad de Pennsylvania, afirman que el atleta mejor pagado de todos los tiempos ni siquiera compitió en este milenio o el milenio pasado. Según el Dr. Struck, un corredor de carros de la antigua Roma llamado Cayo Appuleio Diocles, acumuló una fortuna de 35,863,120 sestercios, el equivalente a $ 15 mil millones.

Las carreras de carros se remontan al menos al siglo VI a. C. y fue el deporte más popular en Roma. El centro principal de las carreras de carros era el Circo Maximo, un enorme estadio ovalado que podía albergar a más de 200.000 espectadores. Los aurigas solían ser esclavos o de entornos pobres, pero si tenían éxito, pronto podrían ganar suficiente dinero para comprar su libertad y, en algunos casos, podrían volverse muy ricos.

Había cuatro compañías de carreras romanas o establos (facciones). Estas facciones eran conocidas por los colores que usaban sus pilotos: el Equipo Azul, el Equipo Rojo, el Equipo Blanco y el Equipo Verde, colores inspirados en las cuatro estaciones. Cada equipo tenía hasta 3 carros en una carrera y a menudo colaboraban entre sí contra los otros equipos. Al igual que en los deportes modernos, a los corredores de carros se les permitió hacer una transferencia a un equipo diferente.

El número habitual de caballos enganchados a un carro era cuatro, pero también había carros de dos caballos, tres caballos, seis caballos y siete caballos. Sin embargo, los corredores de carro que participaron en carreras de carro de seis y siete caballos ganaban mucho más dinero que el resto de ellos.

Aparentemente, Cayo Appuleio Diocles, quien fue el auriga más prolífico en la antigua Roma, a menudo participó en carreras de carros de seis y siete caballos. Como Peter Struck escribió para Lapham's Quarterly, sus colegas aurigas y admiradores erigieron en Roma una inscripción monumental en el año 146, que lo aclamó plenamente en su retiro, a la edad de “42 años, 7 meses y 23 días”, como “el campeón de todos los aurigas”.

El antiguo atleta superestrella nació en Lusitania (actual Portugal) en el 104 d. C. Comenzó a competir a la temprana edad de 18 años y pronto llegó a Roma, donde su carrera de 24 años, que le trajo riqueza, fama y reconocimiento en todo el Imperio, estaba a punto de comenzar.

Comenzó a conducir para el Equipo Blanco y cuando tenía 24 años se transfirió al Equipo Verde. Solo tres años después fue transferido nuevamente, esta vez al Equipo Rojo menos popular y permaneció allí por el resto de su carrera. Lo más probable es que se transfiriera al Equipo Rojo por gloria y dinero.

El profesor Robert B. Kebric escribió en “The Career of Diocles, Roman Charioteer”, que Diocles fue selectivo en su elección de equipos y literalmente “fue por el oro”. Rompió los récords de muchos de varios predecesores famosos al ganar 1462 de sus 4257 carreras, pero ni siquiera estuvo cerca de las 3559 victorias de Pompeyo Musclosus, o las 2048 de Flavius ​​Scorpus, ambos pilotos para el Equipo Verde.

Como escribió el profesor Struck, “Su total de ingresos ascendió a cinco veces las ganancias de los gobernadores provinciales mejor pagados durante un período similar, suficiente para proporcionar grano a toda la ciudad de Roma durante un año, o para pagar a todos los soldados ordinarios de la ejército romano en el apogeo de su alcance imperial durante un quinto de año”.

La carrera de carros era un deporte peligroso y muchos aurigas murieron bastante jóvenes, pero este no fue el caso de Cayo Appuleio Diocles, que aparentemente tuvo la suerte de morir en paz en la pequeña ciudad italiana de Praeneste después del 146 d. C.


Share:

Las Guerras Macedonicas - Parte 2 ⚔

Comienza la Guerra Social
Filipo V, era hijo de Demetrio II, que falleció cuando el futuro monarca tenía diez años (229 a. C.). Tras la muerte de Demetrio, el tío de Filipo ―Antígono III Dosón― administró el reino hasta su muerte (221 a. C.) Tras este fallecimiento, Filipo se convirtió ―a la edad de diecisiete años― en el monarca de uno de los reinos más grandes del Mediterráneo.
Poco después de los hechos narrados anteriormente Dorimaco y sus amigos llegaron a ocupar las más altas instancias del poder en Etolia, movieron así estos a una serie de operaciones bélicas y, sin preocuparse de ofender a diestra y siniestra, atacaron a los acarnanios intentando tomar la ciudad de Thyreum por sorpresa (fracasando) y aprobaron la realización de una incursión por las tierras de Megalópolis, en el Peloponeso, también fue capturado un barco macedonio siendo llevado a Naupactos en donde su tripulación fue esclavizada y, entre otras acciones más, atacaron las costas de Epiro con el apoyo de la flota de Cefalonia. Dorimaco y sus “secuaces” consiguieron el respaldo de toda Etolia en su empresa y recabaron la ayuda del ilirio Scerdilaidas, quien había recalado con una flota (navíos ligeros del tipo lembis) en Naupactos, quien les proporciono de esta manera los medios para cruzar el estrecho y pasar con un ejército al Peloponeso.

El primer ataque a gran escala de los etolios contra los mesenios llevo a los invasores a atravesar inopinadamente el territorio de la Liga Aquea camino de su objetivo, esta irrupción, no exenta de rapiñas y saqueos por parte de los auxiliares más indisciplinados de los etolios, llevo por fin a la ruptura abierta de las hostilidades entre ambas naciones. Sin perder más tiempo los aqueos pusieron en marcha la movilización de sus recursos y convocaron a sus aliados, consiguieron así el apoyo incondicional del joven Filipo V y con él todos los aliados de Macedonia: epirotas, tesalios, beocios, fócidos, acarnanios, etc., en el Peloponeso los mesenios evitaron comprometerse más de lo debido contentándose en defender sus fronteras y los espartanos que en un principio se inclinaron por los aqueos, pues estaban comprometidos por un tratado, aunque también sin entusiasmo. Entre tanto, los etolios, que se habían retirado ya a Elis tras atacar Mesenia, intentaron regresar a Etolia atravesando el golfo de Corinto, a lo que tuvieron que renunciar ya que el ejército aqueo, movilizado y unido a las tropas macedonias que ocupaban Corinto, amenazaba con atacarles por la espalda. Los etolios, cerrado el paso del estrecho, decidieron emprender el camino de casa por tierra, cruzando el Peloponeso y saliendo de él por el istmo de Corinto. Sorprendidos los aqueos con este arriesgado movimiento, unido a su más que deficiente mando militar, no solo no pudieron evitar la marcha del ejercito enemigo si no que fueron derrotados por estos en la batalla de Cafias después de esto, los etolios, ya sin oposición, saquearon las tierras Sición y Filus antes de desaparecer por Corinto (220 a. C.)

Poco después el joven rey Filipo V llego a la zona e inmediatamente se puso manos a la obra.

Por aquellos días se suscitó en la región un nuevo conflicto que vino a unirse a la creciente confusión en que se vivía. En Esparta, envuelta en conflictos continuos desde que Antígono les impusiera la república pocos años atrás, los éforos se debatían entre decidirse por la alianza con los etolios o con los macedonios, dos de los éforos estaban por la alianza con Filipo, los otros tres con los etolios. Los acontecimientos se precipitaron cuando Filipo V llego a Corinto, se produjo un tumulto, organizado por los éforos favorables a los etolios, y sus opositores fueron muertos. Inmediatamente se envió una delegación al rey macedonio para justificar la matanza realizada, el rey, con tan solo 17 años, recibió de sus consejeros opiniones dispares acerca de que se debía hacer con los espartanos lo mismo que había hecho Alejandro con los tebanos, al final prevaleció la opinión más sensata, dejar las cosas como estaban y tan solo exhortarles a mantener la alianza con Macedonia y los aqueos. Tras esto Filipo se reunió en Corinto con delegaciones de toda Grecia, allí se tomó la decisión de hacer la guerra a los etolios hasta hacerles devolver todo lo que estos habían conquistado desde la muerte de Demetrio el Etolio, padre de Filipo.

El joven Filipo ataca Etolia

Una vez decidida en Corinto la guerra contra los etolios Filipo regreso a Macedonia para realizar los preparativos pertinentes, en Etolia mientras tanto, elegido estratego el belicista Scopas, se decidió por emprender una rápida ofensiva aprovechando estos primeros compases del conflicto, mientras el propio rey macedonio se encontraba atareado en el norte reuniendo sus tropas.

Aprovecho mientras tanto Filipo su estancia en Macedonia para entrevistarse con el rey Scerdilaidas, éste, en principio alineado con los etolios, se había sentido engañado por ellos cuando no recibió los despojos conseguidos en los saqueos de las posesiones aqueas, así pues, no rechazo la oportunidad de unirse a los macedonios y, a cambio de una subvención anual, desplegó una flota de 30 navíos para hacer la guerra por mar.

Terminaba por entonces Filipo V el reclutamiento y preparación de sus fuerzas, con 10.000 falangistas macedonios, 800 jinetes y 5.000 auxiliares empezaría las operaciones, un ejército al que pronto se uniría un buen número de tropas aliadas. Emprendió ahora la marcha hacia el Epiro, en donde se le unieron los epirotas así como 300 honderos enviados por la Liga Aquea y otros 300 llegados de Creta, en ese momento reunió aproximadamente 25 o 30.000 hombres, un ejército sin rival por aquel entonces, de haber emprendido un ataque directo contra Etolia se dice que la habría abatido sin remisión, sin embargo los epirotas le suplicaron combatir primero para liberar la región de Ambracia, la conquista de ésta permitiría más tarde a los epirotas atacar con garantías la capital, Ambracia. Filipo V accedió a los deseos de sus aliados y sometió a la posición enemiga a un férreo asedio, a los 40 días, viendo los defensores que su causa estaba perdida entregaron la fortaleza a cambio de garantizar su propia retirada entregando la fortaleza a los epirotas. Se decidió Filipo ahora a cruzar hasta la otra orilla del Golfo, llegando así a Acarnania, en donde se le sumaron nuevos y leales aliados (2.000 infantes y 200 jinetes) emprendiendo luego un fuerte ataque contra la ciudad de Phytia que tomo a los dos días pactando de nuevo con su guarnición su libre retirada a cambio de la entrega de la ciudad, a los pocos días dio en los alrededores con una fuerza etolia de 500 hombres que se dirigía a Phytia a reforzar sus defensas, todos fueron muertos. Después de esto marcho contra Stratus a la que saqueo sus tierras, por aquellos días llegaron a su campamento embajadores aqueos solicitándole su intervención en el Peloponeso en donde llevaban los aqueos una desigual lucha contra sus muchos enemigos, Filipo, si bien no contesto en ese momento, vario sus planes y se dirigió hacia el sur, tomo Metrópolis (abandonada por sus defensores, que se refugiaron en la ciudadela) incendiándola y, atravesando el rió Arqueloo frente a Canope (no sin oposición de la caballería etolia) saqueo todas las tierras de ese lado del río y se dirigió luego aguas abajo encontrándose con la fortaleza de Itome, abandonada por sus defensores, la destruyo. Siguio su marcha hasta Oeniadae que también fue abandonada por los etolios (la ciudad no disponía de murallas), tras la conquista de esta ciudad reculo el rey macedonio y ataco las tierras de la Calidonia, conquistando al asalto la fortaleza de Elaea y saqueando a continuación las tierras de Calydon. Vuelto a Oeniadae decidió levantar en esta unas murallas a modo de defensa, apreciaba su situación estratégica y deseaba mantenerla en sus manos en lo sucesivo.

Movimientos de Filipo V durante su primera campaña contra la Liga Etolia 

Llegaron en ese momento noticias de Macedonia, los dárdanos, aprovechando la ausencia del rey, atacaron la frontera norte del reino, con presteza procedió Filipo a retirarse de Etolia por donde había venido para llegar cuanto antes a su país. Ocurriría aquí un hecho trascendental. En Acarnania se encontró con Demetrio de Faros quien, expulsado por los romanos de su reino, pidió ser acogido por el rey macedonio. Los aqueos recibieron entonces de Filipo la promesa de que acudiría al Peloponeso en cuanto solucionase el problema que le llamaba a su reino. 

Filipo V por primera vez en el Peloponeso 

La poderosa falange macedonia, en tiempos de Filipo V aun era el modelo de combate mas utilizado en el Mediterráneo, aunque durante la Guerra Social el monarca macedonio dio prioridad al uso de su infantería ligera y sus mercenarios. 

Mientras Filipo atacaba a la Liga Etolia, en el Peloponeso el acoso a los aqueos se hacía insostenible para estos, los eleos, comandados por el general etolio Eurípides, saqueaban el territorio que se extiende entre Dyme y Tritaea causando grandes daños y derrotando a una pequeña fuerza de defensa aquea cerca de Dyme. A resultas de estas incursiones cayo en poder de los etolios la fortaleza de Ticho, en una estratégica posición que además les proporciono un cierto prestigio. Las ciudades aqueas afectadas por estos ataques dirigieron a Arato peticiones de ayuda militar a las que éste no supo o pudo dar respuesta, en aquel entonces el estado aqueo no disponía de muchas tropas y la recluta de mercenarios parecía inviable en tanto todavía se estaban pagando las deudas contraídas con los soldados que participaron en la guerra de Cleómenes. Así pues, las ciudades se vieron obligadas a reclutar por sus propios medios mercenarios renunciando a su vez a continuar pagando a los aqueos su parte de los gastos comunes de la liga.

Tampoco se mantenía inactivo Licurgo de Esparta, que realizo un avance sobre las tierras de Megalópolis arrebatándoles parte de su territorio, casi al mismo tiempo y de nuevo el etolio Eurípides, entraba en Arcadia por el territorio de Telpusia arrebatando a los aqueos la ciudad de Gorgos.

Los aqueos, vista su incapacidad para hacer frente a sus enemigos, acudieron en demanda de ayuda al rey Filipo que a la sazón se encontraba en ese momento operando contra los etolios cerca de Acarnania, Filipo no pudo responder a su petición de apoyo pues como vimos anteriormente se vio obligado a regresar a Macedonia, sin embargo no cayó en saco roto la demanda y pronto, ese mismo invierno, aunque ya en el 219 a. C. marcho el rey al Peloponeso acompañado tan solo por una pequeña fuerza de apoyo de unos 4.500 infantes y 400 jinetes de su guardia.

La llegada de Filipo a Corinto fue en verdad inesperada, el propio Eurípides, estratego etolio al servicio de los eleos, se encontraba de nuevo avanzando por Arcadia sin sospechar el rival al que tendría que enfrentarse. Disponía el atacante en ese momento de unos 3.500 infantes de todo tipo y unos 100 jinetes destinados a una operación de saqueo del territorio de Sición y alrededores, a la altura de Estínfalo, mientras cruzaba Arcadia, se apercibió de la presencia del ejército macedonio que se encontraba solo a diez estadios de su posición, sin pensárselo dos veces se dio a la fuga seguido tan solo de la caballería y dejando allí a sus infantes, estos, que hicieron un alto mientras los oficiales se preguntaban qué hacer, se encontraron por fin con que por las laderas de un monte cercano se acercaban en formación unidades armadas de visibles escudos de bronce, al principio pensaron que eran aqueos de Megalópolis, pero cuando se replegaban en buen orden dispuestos a resistir se dieron cuenta de que eran en realidad miembros de la infantería macedonia, al instante tiraron sus armas y huyeron sin pudor ante un enemigo al que tenían verdadero pánico, durante la persecución cayeron 1.200 hombres y el resto fueron tomados prisioneros y enviados a Corinto. Después de esta victoria Filipo se encontró en Cafiae con el ejército aqueo mandado por Arato aumentando así sus tropas hasta cerca de los 10.000 hombres, marchando seguidamente, pese a las inclemencias meteorológicas -recordemos que estaba en pleno invierno y la nieve cubría las cimas de las montañas por donde las tropas marchaban- contra la ciudad de Psofis a la cual capturaron tras un rápido asedio. Tras esto los eleos abandonaron la ciudad de Lausion y la de Stratos (esta última en el territorio de la ciudad de Thelpusa, quien pudo recobrar así el enclave) Lausion fue de esta forma también conquistada y de nuevo entregada a los aqueos. De allí marcho Filipo a Olimpia desde donde se dedicó por un tiempo a saquear las tierras de Elis consiguiendo abundantísimo botín y presas de gran valor como el propio estratego de los eleos, Anfídamas. 

La infantería etolia, la mejor de la Helade en ese momento, no era rival para la temida infantería macedonia. Punto aparte lo representaba su caballería, considerada por todos como la mejor en toda el área del Egeo. 

El ataque que llevaba a cabo Filipo contra la Elide empujo a Etolia a enviar en ayuda de sus aliados a un refuerzo de 600 hombres al mando de Filidas, este, tras llegar a Elis y ser informado de que el macedonio marchaba ahora hacia el sur contra la Trifilia o Figalea, recogió en la ciudad a 500 mercenarios, 1000 ciudadanos y una fuerza de mercenarios tarentinos y se dirigió hacia la zona con la esperanza de desbaratar los planes de Filipo. Una vez en la zona, pudo distribuir a sus tropas entre las diferentes posiciones clave y esperar el ataque del macedonio. Filipo marcho primero contra Alifera a la que asalto con éxito a la primera embestida. Tras su victoria toda Trifilia se aterrorizo y comenzaron a entregar sus ciudades a los macedonios, el propio Filidas abandono sus posiciones y se retiró a Lepreum (capital de Trifilia) no sin antes saquear el territorio que se le había encomendado defender. En Figalea, la facción contraria a la alianza con los etolios empujo al pueblo a la sublevación y la guarnición, compuesta en gran medida por los bandidos que se dedicaban a hacer correrías en Mesenia tuvo que abandonar la ciudad que seguidamente se entregó a los macedonios. Poco después Filipo avanzo contra la propia Lepreum en donde se encontraban concentradas todas las fuerzas enemigas ( 1.000 eleos, 1.000 etolios, 500 mercenarios y 200 espartanos aliados) la autoridades de la ciudad que ya antes habían solicitado sin éxito a Filidas su retirada, fomentaron el levantamiento de la población en masa, lo que unido al próximo ataque del ejército macedonio llevo a Filidas a evacuar la ciudad que fue entregada de inmediato a Filipo por sus habitantes. Filidas se refugió en otra ciudad cercana (Samicum) que fue rápidamente rodeada por Filipo quien por fin les permitió abandonar Trifilia a cambio de la entrega de la misma. De esta manera toda la región se pasó a los macedonios tras tan solo seis días de campaña. Los macedonios se retiraron a Megalópolis mientras los espartanos evacuaban amedrentados Ateneum, de allí, y pasando por Tegea, Filipo se retiró a invernar a Argos. Finalizaba así exitosamente su primera campaña en el Peloponeso.

Al finalizar el invierno, Filipo puso de nuevo en armas al ejército para atacar Elis, comenzó por la fortaleza de Ticho, que conquisto, para luego someter el rico territorio enemigo a una concienzuda devastación sin oposición por parte de sus enemigos. Mientras todo esto se llevaba a cabo, dentro de su corte se llevaba adelante una conjura palaciega comandada por el consejero más influyente del joven Filipo, Apeles, la conspiración, que se desarrolló por un largo espacio de tiempo, llevo a este personaje a la traición celoso del aumento de influencia que entre los consejeros del rey tenía el aqueo Arato de Sición.

Tras concluir la campaña, Filipo se retiró nuevamente a Argos en donde inverno y preparo la campaña del año venidero.

Al llegar la primavera del año 218 el rey reunió a sus tropas en Corinto, también acudió la flota macedonia y allí mismo se mantuvo mientras entrenaba a la aguerrida falange en el uso del remo, pues había decidido emprender ese año la guerra naval contra sus enemigos. Elis mientras tanto había recibido refuerzos desde Etolia (500 cretenses) más cierto número de mercenarios que alisto por su cuenta, también la juventud de este pueblo fue movilizada pues se esperaba que el rey macedonio atacase la ciudad de Cillene.

Filipo decide atacar el corazón de la Liga Etolia 

Una vez preparada la flota y alistadas las tropas necesarias (6.000 macedonios y 1.200 mercenarios) el rey se hizo a la mar y llego a Patras, allí tomo medidas para defender las fronteras aqueas y después de advertir las considerables fuerzas reunidas por los eleos, decidió crear una fuerza de choque que establecida en Dyme sirviese para disuadir a los enemigos de emprender alguna razia fronteriza. Estableció en esta ciudad un contingente formado por parte de sus cretenses, algunos de sus jinetes celtas, mercenarios de los propios aqueos y de sus 2.000 infantes. Poco después partió con la flota en dirección a Pronni, en donde había acordado que se le reunirían navíos de los mesenios, epirotas, ilirios de Scerdilaidas y acarnanios. Tras llegar frente a Cefalonia y reunirse con los aliados, desistió de emprender el sitio de Pronni debido a la dificultad que presentaba operar en el difícil territorio en donde estaba asentada, por ello se decidió a seguir costeando la isla y tras llegar a Pale desembarco y saco los navíos del mar.

Era esta ciudad la principal base naval de los etolios en la isla, desde ella enviaban a los barcos cefalonios contra las costas del Peloponeso y Acarnania, su interés estratégico era pues importante, Filipo además pensaba en utilizar este emplazamiento para operar más adelante contra las costas del enemigo. Sin embargo, el asalto de la relativamente pequeña posición fue muy difícil de llevarse a cabo, tan solo por un pequeño sector se pudieron arrimar las baterías para bombardear y evitar las salidas de los defensores, en la ciudad entretanto llegaban los refuerzos por él esperados, el apoyo del ilirio Scerdilaidas llego en este momento, 15 navíos tan solo, menos de lo acordado, pero parece ser que se habían desatado algunos disturbios en su país y no podía desprenderse de más unidades. También al lugar llegaron convocados los contingentes aliados del Epiro y Acarnania.

Cuando por fin Filipo dispuso todo para el asalto se procedió al mismo con resolución, las minas perforaron la tierra hasta las murallas y cuando finalmente cayeron la infantería macedonia ataco por la brecha abierta. En este momento Polibio relata que el rey macedonio, era traicionado por su principal consejero, éste maniobro para que el ataque final fracasase, la derrota, en lo que parecía ya una fácil empresa, abatió al rey macedonio que decidió darse por vencido y abandonar el asedio. Llegaban ahora noticias de otros frentes, para distraer al macedonio de su empresa los etolios habían irrumpido por Tesalia, y Licurgo desde Esparta por la Mesenia. Embajadores de Mesenia llegaban ahora ante Filipo para rogarle su intervención, si Filipo aceptaba ya no podría continuar la campaña, finalmente decidió golpear a su principal enemigo, abandonaría Cefalonia y pasaría a Acarnania para atacar el corazón de las posesiones de los etolios, para defender Mesenia escribió a Eperato, estratego aqueo del año en curso, para que enviase tropas de refuerzo a aquella nación. Filipo, una vez abandonado el asedio de Pale, puso rumbo a el golfo de Ambracia, desembarcando en Limnaea en donde dio descanso a sus tropas, enseguida se le unió allí Aristofantes, estratego de los acarnanios, con la totalidad de sus tropas, estaban deseosos los acarnanios de combatir a los etolios, con los que tenían innumerables querellas, estaban tan entusiasmados los de este pueblo con la oportunidad de venganza que se les ofrecía que se dice que incluso ancianos se alistaron en las filas del ejército para combatir junto a los macedonios contra los etolios.

En esos momentos lo que menos esperaban los etolios era el ataque del rey macedonio, por ello, Dorimaco con la mitad del ejercito operaba en Tesalia, muy lejos de la zona, la invasión había sido pues toda una sorpresa. El ataque se centraría sobre Termo, corazón de las posesiones etolias, el lugar en donde se reunía la asamblea de los etolios. El avance del ejercito coaligado fue fulgurante, pronto llego a las cercanías de Termo conquistando la pequeña ciudad de Metapan en donde estableció 500 hombres de guarnición para de esta forma cubrirse a la hora de la retirada, prosiguió el avance hasta los alrededores de la propia capital etolia en donde se hizo un botín inmenso, pues para los etolios era prácticamente imposible que ningún enemigo pudiera adentrarse hasta este territorio, áspero y defendible como pocos, tenido por ello como ciudadela de toda Etolia, no en vano ningún invasor había conseguido adentrarse con éxito hasta el lugar.


El avance hasta la ciudad se hizo finalmente sin oposición, las tropas de Filipo se desparramaron por el territorio de Termo, ciudad que fue meticulosamente desvalijada. El rey permitió que las tropas se cebasen en el prestigioso complejo religioso del lugar, el templo de Apolo fue incendiado y sus paredes demolidas, más de dos mil estatuas derribadas, excepto las que representaban a los dioses, todo ello en venganza por los daños cometidos por los propios etolios anteriormente en Dodona y Dio.

Después de estos hechos, el ejército macedonio procedió a retirarse por la misma ruta por la que había venido, pero esta vez los etolios no se estarían quietos, ya disponían de cerca de 3.000 hombres al mando de Alejandro Triconiense, este, a medida que la columna en retirada llegaba a los desfiladeros dio la orden de atacar la retaguardia, después de la confusión inicial, Filipo consiguió acabar con la amenaza al emboscar a una unidad de Ilirios cuando estos se dedicaban a acosar despreocupadamente su retaguardia, tras cruzar entonces sin contratiempos los pasos montañosos el rey dirigió a sus hombres hasta las muralla de Stratos, sin embargo, dentro de la ciudad se encontraba ya un fuerte refuerzo etolio de 4.500 hombres, por lo que Filipo renuncio al ataque y se retiró en dirección a Limnaea. Todavía intentaron los etolios de Stratos acosar la retaguardia macedonia, pero de nuevo Filipo supo contrarrestar la amenaza con éxito, por lo que la retirada se pudo finalizar sin mayores pérdidas. Aguardaba la flota al rey en la ciudad, así que embarcando rápidamente puso rumbo a la isla de Leucade, de allí y costeando la Etolia y sin dejar de hacer algún desembarco puntual en sus costas llego a Corinto. Quedaba ahora por dar respuesta a las provocaciones de Licurgo, quien desde Esparta no cesaba de incordiar a sus vecinos más inmediatos. El rey de los macedonios vivía en ese momento los mejores momentos de su reinado.

El joven Filipo ataca Esparta

Filipo paso en solo siete días de encontrarse en el corazón de Etolia a atacar el territorio espartano, estos, aterrados, no se atrevieron a oponerse a su paso, el primer día Filipo acampa en los alrededores de Amiclas, a pocos kilómetros de Esparta, saqueando a placer la rica campiña. De allí se desplaza hacia el sur contentándose con devastar a su paso todo el territorio posible, de esta forma arrasa toda la península que acaba en el Promontorio de Tenaro, de allí y siguiendo la costa ataca todo el territorio hasta Boeae. Por aquellos días, un fuerte contingente mesenio de más de 2.000 hombres que había llegado tarde a su cita con el ejército macedonio en Tegea, decidió entrar por su cuenta en territorio espartano para reunirse con Filipo, entraron despreocupadamente en territorio espartano, y fueron sorprendidos por la tropa de Licurgo quien decidió arremeter violentamente contra ellos, los mesenios fueron aplastados y dispersados, ahora ya con más moral los espartanos intentaron cortar el paso de los macedonios quienes marchando por Amiclas debían pasar por unos desfiladeros a la altura de Esparta, Filipo no cayó en la trampa que Licurgo le había tendido, se abrió paso por las armas y derroto a los espartanos que a duras penas pudieron refugiarse en la capital, los macedonios pasaban ahora tranquilamente los desfiladeros con todo el producto de los saqueos realizados, una vez en Arcadia vendieron el botín en Tegea y llegados a Corinto desmovilizaron el ejército. 

El ataque macedonio contra el territorio espartano fue una muestra más del talento militar del joven monarca macedonio. 

En esos días, descansando en esta ciudad, el rey recibió embajadores de Rodas y Quíos, estados neutrales que, posiblemente por sugerencia de los etolios, solicitaban el final de la guerra. Filipo contestó con evasivas, dando a entender que estaba interesado en un acuerdo. Es obvio que veía la posibilidad de obtener ventajas de las campañas del año que estaba terminando.

El joven rey no permanecería inactivo, pues marcho rápidamente a la Fócide en donde debía tratar asuntos de importancia, siempre que, eso sí, la conjura interna que le amenazaba y que estaba en su punto más álgido se lo permitiera.

Share:

Las Guerras Macedonicas - Parte 1 ⚔

ROMA MARCHA HACIA EL ESTE


Los humanistas emplearon mucho una sentencia: “todo lo que se puede hacer, decir o pensar, lo han hecho, dicho o pensado ya los griegos”. Y en efecto, gran parte de nuestros problemas y cuestiones ya se les presentaron a los antiguos helenos, que buscaron soluciones a los mismos con mayor o menor fortuna. De hecho, una parte esencial de nuestra cultura proviene de las respuestas que los griegos dieron a esas cuestiones. ¿Podemos entonces buscar respuestas a nuestras incógnitas actuales en la historia griega? ¿Podemos trasladar esos resultados a nuestros tiempos? No, pero esa historia tiene una gran ventaja sobre la nuestra: está acabada. No está de más ver ese drama histórico desde el principio hasta el final. Quizás podamos reconocer las posibles opciones que se nos abren, y observar los resultados previsibles de las distintas respuestas que podamos dar a nuestros dilemas.

¿Puede el azar del futuro de Europa vislumbrarse en los caminos recorridos por Roma y Grecia? Como entonces, un foco de alta cultura en decadencia, antes Grecia, ahora Europa –quizás el mismo sujeto a lo largo de los siglos– intenta superar su fragmentación política y sus rivalidades a través de una confederación, o federación, o unión, o como queramos llamarla. Y como entonces, la principal potencia mundial, antes Roma, ahora EEUU, está interesada, o al menos eso parece, en que esa unión llegue a buen puerto, siempre, claro está, bajo su dirección militar y estratégica en la política mundial. ¿Hasta qué nivel es aceptable la hegemonía de una gran potencia? ¿Hasta qué punto una confederación, superior culturalmente, puede soportar esa tutela? ¿Debemos por tanto conformarnos con elucubrar sobre el futuro y esperar simplemente la sucesión de acontecimientos?

Para tratar de encontrar una respuesta a esas interrogantes veamos entonces como, por primera vez Roma se enfrentaba al poder de Macedonia, un poder en ascenso contra otro ya firmemente establecido.

Cualquier estudio de las Guerras Macedonicas requiere de un examen mas amplio de la situación político-diplomática del área del Egeo y también del Mediterráneo oriental, dado que es el punto de partida de una actividad diplomática romana que absorberá una buena parte de los siglos I y II a. C. Sobre todo, porque los hechos que tienen relación con este conflicto son irrelevantes si no se intenta estudiarlos dentro de la gran problemática que fue el dominio de la geopolítica en la región.

Historiadores como Mommsen, Holleaux y otros han sostenido que fue la necesidad de defenderse lo que impulso a los romanos a librar la Primera Guerra Macedonica, afirmación bastante discutible a juzgar como se dieron los acontecimientos.

En poco menos de un siglo Roma fue ocupando y absorbiendo el mundo griego dentro de su Imperio. Pero no lo hizo sin encontrar fuertes resistencias de la civilización helenística, orgullosa de su historia y de sus tradiciones. Los griegos, enfrascados en sus luchas internas, descubrieron un nuevo poder en occidente al que inicialmente pensaron utilizar en su propio beneficio como siglos antes habían hecho con el Imperio Persa y mas recientemente con el Egipto Ptolemaico.


Preludio:


En los últimos años del reinado de Antigono Doson, Grecia disfrutaba de una merecida paz (impuesta por el propio Antigono después de la batalla de Salesia), el poder de Macedonia era reconocido sin discusión en la península y los únicos que podían hacer ya sombra u oponerse a la supremacía macedonia, la Liga Etolia, se encontraban en una prudente inactividad fruto del acuerdo impuesto por el rey macedonio.

La muerte de Antigono, acaecida en algún momento del año 221 a. C. llevo al trono de Macedonia a su sobrino el joven Filipo V, fue ese el momento esperado por los belicosos etolios para mover sus fichas. Se destino entonces a las tierras de Phigalea (una ciudad confederada a los etolios en Arcadia, Peloponeso) una fuerza de combate al mando del joven y ambicioso Dorimaco Triconense que, establecido en el lugar, se dedico a espiar lo que sucedía en la región. La presencia de este personaje atrajo al lugar a gran numero de piratas y gente de baja calaña que, pese a la paz general a la que estaban todos obligados, se dedicaron a hacer correrías en las tierras de los mesenios, si bien en un principio de baja intensidad, poco a poco fueron subiendo de tono, al final, a estas tropelías se habían sumado hasta los propios soldados de Dorimaco. Llegados a este punto, los mesenios enviaron una protesta ante el general etolio, mas este dejo seguir haciendo pues de esta forma mantenía a sus soldados animados por el saqueo ademas de la considerable parte del botín que bajo mano se quedaba. No obstante, las quejas de los embajadores mesenios no dejaron de sucederse pues la actividad de los merodeadores no solo no se reducía, sino que mas bien aumentaba, finalmente Dorimaco se vio impulsado a acudir ante la asamblea mesenia para tratar de tranquilizar los ánimos.

No debía ser este Dorimaco un buen diplomático, pues parece que en presencia de la asamblea de los mesenios no solo negó las acusaciones que se le hacían de connivencia con los bandidos si no que incluso llego a hacer mofa de los daños que ocasionaban e incluso insulto a mas de un diputado local. Aquella misma noche, los saqueadores llegaron a pie de las mismas murallas de Mesenia causando de nuevo a su paso numerosos estragos. Al día siguiente se acordó detener al propio Dorimaco quien, pese a amenazar a los mesenios con tener que enfrentarse al poder de Etolia, cedió ante la evidencia de que su vida podía correr algún peligro, fue libertado entonces seguramente comprometiéndose a poner fin a las actividades de los merodeadores. Vuelto después a Etolia, Dorimaco movería, en venganza, a la guerra total contra los mesenios.


Fue este el principio de una nueva guerra general en Grecia en la que pronto se verían implicados casi todos los pueblos de la región, para los griegos la llamada Guerra Social...

Share:

El humor en la Antigua Roma 🎭

La antigua Roma era una sociedad cuyo humor era seco y cáustico, eso se debe principalmente a sus orígenes agrícolas y militares que la ciudad tuvo.
La imagen corresponde a la película "S.P.Q.R .: Hace 2.000 años y medio" de 1994
De los chistes recopilados en el Philogelos (la recopilación de chistes en lengua griega más antigua conservada. Elaborada en el Sigo IV d. C.) podemos rescatar algunos como estos:

1. Un estudiante va a la ciudad, y uno de sus amigos le pide que, por favor, le compre dos esclavos de quince años. “Con gusto”, le responde el estudiante. “Si no consigo dos de quince, te traeré uno de treinta”.

2. Un abderita viendo a un eunuco conversar con una mujer le preguntó si era su esposa. Cuando el eunuco le dijo que él no podía tener esposa, respondió: "Entonces es tu hija".


3. Uno al encontrarse con un intelectual dijo: "El esclavo que me vendiste ha muerto". "¡Por todos los dioses! –respondió–. Cuando estaba conmigo nunca hizo tal cosa".

4. Otro fue a un médico y le dijo: "Doctor, cuando me despierto, me paso media hora sin poder abrir los ojos y solo después me levanto". Y el médico le dice "Despiértate media hora más tarde".

Incluso el célebre Marco Tulio Cicerón dijo que en una ciudad como Roma, nadie se libraba de las bromas o de ser objeto de burlas y él mismo demostraría ser bastante gracioso, en una ocasión vio a su yerno Lentulus que era de baja estatura con una gran espada colgada al costado a lo que rápidamente grito - "¿Quién ha atado a mi yerno a una espada?". En otra ocasión mientras participaba de una cena, una matrona aseguraba tener 30 años, él dijo "Debe ser cierto, hace ya veinte años que la oigo decir eso".

En otra ocasión, en uno de los debates dentro del Senado el cónsul Metelo Nepote, enfrentado a Cicerón, le dijo: "Después de todo, ¿Quién es tu padre?". Con está pregunta buscaba echarle en cara el hecho de que su familia no era noble como la suya, ya que Cicerón provenía de familia provinciana.

Ante esta insinuación, que fue recurrente durante toda la sesión, la respuesta del célebre Cicerón fue más que contundente:

"Tú madre, querido Mételo, ha hecho que esa pregunta sea más difícil de contestar incluso para ti".

Y no sólo los romanos eran ingeniosos al contestar, también al poner nombres, el llamado "cognomen" o apodo se otorgaba con base en características físicas o situaciones que justificaran ese apodo, por ejemplo al noble Cicerón (Que significa "Garbanzo") Le decían así ya sea porque su familia solía cultivar eso o porque tenía una verruga en su nariz. También el nombre de "Corvus" (Que significa Cuervo) se le otorgaba a las personas extremadamente narizonas.


Muchos otros nombres que actualmente serían ofensivos eran objeto de "orgullo" para los romanos que los ostentaban, Brutus, "pesado, lento"; Burrus, "pelirrojo"; Capito, "cabezón", o Strabus, "bizco".


Nadie estaba a salvo del humor de los romanos, incluso los generales durante la celebración de sus triunfos eran ridiculizados por sus soldados, era tradición que los soldados cantaran cosas de su general durante el triunfo, y casi nunca eran cosas buenas, al gran Julio César sus soldados le cantaron durante su triunfo lo siguiente:

"Escondan a sus esposas, a sus hijas, a sus madres y esclavas que un calvo adultero llego a la ciudad".

Y también, en alusión a la supuesta relación que mantuvo César, en su juventud, con el rey Nicomedes de Bitinia:

"César subyugó a las Galias; Nicomedes a César.
Aquí tenéis triunfando a César que sometió a las Galias,
pero no triunfa Nicomedes, que sometió a César".

A otro pobre general llamado Quinto le cantaron lo siguiente:
"Quinto ama a Tais". "¿A qué Tais?". "A Tais, la tuerta". "A Tais le falta un ojo, a él los dos".


¿Por qué toleraban los generales tales "deshonras" se preguntaran? Pues es que durante su triunfo los generales eran la personificación terrenal del dios Júpiter y ese chascarrillo de los soldados les permitía recordarle a los generales que no eran dioses, que eran mortales. 

Ni siquiera los emperadores se libraban de las ocurrencias, Augusto estaba recorriendo la ciudad cuando vio a un hombre en la multitud que tenía un parecido sorprendente consigo mismo. Intrigado, preguntó: "¿Tu madre estuvo alguna vez en el servicio de los Julios?" "No, alteza", respondió, "pero mi padre sí".

El mismo Augusto también gozaba de un gran sentido del humor. Cuando el cónsul Galba, que era jorobado, le dijo que le corrigiera si tenía algo que reprocharle, Augusto le respondió que podía amonestarle, pero no "corregirle", jugando con el doble sentido del verbo corrigere, que en latín significa "corregir", pero también "enderezar o poner derecho".

Para finalizar, en las calles de la ciudad de Pompeya se encontraron grafitis en la pared que decían - Un hombre estaba enterrando a su esposa y cuando alguien le preguntó: "¿Quién descansa?", respondió: "Yo, que me he librado de ella".

🌐 Fuentes:
National Geographic
Philogelos
Bellum Gallicum
Wikipedia
Share:

Jantipo el espartano vencedor de los romanos ⚔

Jantipo de Lacedemonia, también conocido como Jantipo de Cartago, fue un general mercenario de origen espartano empleado por Cartago durante la Primera Guerra Púnica. Dirigió al ejército cartaginés en la exitosa defensa de sus posesiones africanas, entrenando previamente a los soldados púnicos hasta alcanzar un nivel profesional con lo que pudieron derrotar a los romanos en la Batalla de Bagradas o Túnez, destruyendo a la fuerza expedicionaria romana y capturando al cónsul romano Marco Atilio Regulo en el 255 a. C.

Jantipo, ilustración de Kirill Kanaev.

Diodoro nos dice que Jantipo era el líder de una pequeña banda de mercenarios espartanos reclutados por Cartago durante la guerra. Polibio añade que llamó la atención de los líderes cartagineses cuando criticó el comportamiento de sus generales, argumentando que eran ellos, y no los romanos, los que habían habían causado la debacle cartaginesa. La élite de Cartago alarmada por las recientes derrotas de sus generales nativos, hizo caso a sus palabras y lo pusieron al mando de su ejército. A pesar de la preocupación inicial entre los cartagineses de que Jantipo no estaría a la altura de la tarea, éste seria capaz de transformar al ejército cartaginés, conformado en su mayor parte por ciudadanos, ya que la mayoría de mercenarios se hallaba en Sicilia, en una moderna fuerza de combate acorde a los métodos de batalla helenísticos y sobretodo influyendo de confianza en sus hombres convenciéndolos que podían enfrentarse de igual a igual con los temibles legionarios romanos.

Como soldado mercenario de experiencia, Jantipo además de enseñar nuevos métodos de combate le dio confianza en sí mismo al infante púnico.

Polibio atribuye a Jantipo la creación del moderno despliegue cartaginés a partir de la batalla de Túnez (Bagradas). Colocó a los ciudadanos en el centro en formación de falange, con los mercenarios sosteniendo el flanco derecho. Dispuso que los elefantes fueran colocados "a una distancia adecuada" por delante de la falange, y su caballería en las alas con el apoyo de más infantería mercenaria, donde pudieron usar su superioridad numérica para abrumar a sus homólogos romanos y atacar los flancos romanos. Como sabemos la batalla termino en una aplastante victoria púnica con casi todas las fuerzas enemigas destruidas.

Batalla de Bagradas o Túnez. Los elefantes del ejército púnico hacen estragos en las líneas romanas.

Después de su victoria, Polibio dice que Jantipo navegó a Grecia. Diodoro en cambio da cuenta de su muerte. Según él, después de la batalla de Túnez (Bagradas), Jantipo fue enviado a Sicilia para defender la ciudad de Lilibeo, que era asediada por los romanos. Inspiró coraje y dirigió un ataque derrotando a los sitiadores. Celosos de su éxito, y creyéndose liberados de la amenaza romana, los senadores cartagineses lo licenciaron y le dieron un barco que supuestamente se hundió en el mar en su viaje a casa. John Lazenby argumenta que esta historia es completamente inverosímil, afirmación respaldada por el informe de un Jantipo siendo hecho gobernador de una provincia recién adquirida por Ptolomeo Evergetes de Egipto en 245 a. C. Además, está respaldado por la afirmación de Polibio de que Jantipo regresó directamente a Grecia en lugar de detenerse en Lilibeo.

Silio Italico afirma que tres hijos de Jantipo, llamados Jantipo, Eumaco y Critias, sirvieron bajo el mando de Aníbal como soldados mercenarios de caballería y murieron en la Batalla de Ticino.
Share:

Flavio Claudio Juliano I (El Apostata) ✝

"sólo le falta para ser perfecto… ser cristiano" - Sidonio Apolinar (430-479)


Apenas Constantino, llamado "El Grande", exhaló su último suspiro, se desarrolló un espantoso drama en el seno de su familia. Aunque él había puesto fin al sistema político de Diocleciano y concentrado todo el poder en sus manos, había dispuesto que el imperio fuese repartido a su muerte entre sus tres hijos. Constantino II, Constancio y Constante, y dos de sus sobrinos. Ahora bien, aunque es cierto que estos hijos no heredaron en absoluto las grandes cualidades de su padre, sí, en cambio, su deseo desenfrenado de reinar. Esta codicia del mando se desencadenó en primer lugar contra sus tíos y primos. Excepto dos príncipes de corta edad, todos los demás fueron exterminados. Los únicos sobrevivientes de esa carnicería política fueron: los hijos pequeños de un hermanastro de Constantino, el joven Constancio Galo y su medio hermano, un pequeño de 5 años, al que la historia conocería con el nombre de Juliano "El Apóstata". Probablemente se les perdonó la vida porque al ser tan jóvenes a priori no suponían una amenaza, ademas de ser en ese momento los únicos posibles herederos de segunda jerarquía con la sangre de la Dinastía Flavia.


La lucha pronto se centró entre los propios hijos de Constantino. No conseguían entenderse sobre la forma de repartir el imperio. Se desencadenó una guerra civil y perecieron al poco tiempo Constantino II y Constante. Mientras, en el exterior, el imperio atravesaba un período bastante agitado. La Galia sufría mucho con las hordas germánicas, que sembraban por doquier la muerte y el terror. En ese momento Constancio II quedo como único gobernante del Imperio luego de derrotar al usurpador Magnencio.

Mientras tanto los jóvenes príncipes pasaron a estar bajo la tutela de un obispo, de nombre Eusebio, que con el tiempo pasaría a ser el Patriarca de Constantinopla. Al fallecer este, fueron enviados a Capadocia. Allí, recibieron instrucción y educación conforme a su estatus social. Aunque parece ser que la realidad era más bien una manera de tenerlos controlados y vigilados. Galo, que era mayor que Juliano, fue asociado al trono por Constancio II como César en el año 351, asignándole el gobierno de la parte oriental del Imperio. Sin embargo, este se ganó la animadversión de los altos funcionarios imperiales por sus maneras violentas, ignominiosas y populistas, lo que suscitó en Constancio, que confiaba ciegamente en sus funcionarios, el temor de que su primo pudiera rebelarse contra él. Ordenando primero su arresto y posterior asesinato el años 354. Algunos cortesanos querían para Juliano la misma suerte, pero salvó la vida gracias a la emperatriz Eusebia y al hecho de ser considerado en ese momento "un ratón de biblioteca", debido a su apego por lo estudios en lugar de a la política.

En el año 355, sin mas familiares disponibles y peor aun sin un heredero, Constancio confió la defensa de las Galias a su primo Juliano, a quien otorgó también el título de César, casandolo ademas con su hermana Helena. Como sus primos, había sido bautizado y educado en la religión cristiana, pero su maestro, un liberto que en secreto permanecía fiel al paganismo, le había inculcado gran admiración por la cultura griega, en particular por Homero y Platón. El joven se manifestaba en lo externo dócil a su destino, pero su alma, en extremo sensible, vivía en el mundo encantado de la antigüedad clásica. Consciente de su valer, consideraba la religión cristiana como "una religión de esclavos, incapaz de suscitar almas generosas y heroicas". Observaba las faltas y defectos de los cristianos y se irritaba ante el chocante contraste entre sus creencias y su propia existencia. Un árbol que da por frutos los crímenes de Constantino y Constancio no podía ser, según él, un árbol bueno.

Cuando Juliano llegó a los veinte años, obtuvo mayor libertad. Entonces pudo entregarse al estudio asiduo de las ideas helénicas en las escuelas griegas de Asia menor y Atenas, donde vivió la época más feliz de su vida y experimentó la profunda y durable influencia de la filosofía neoplatónica, que admiraba desde tiempo atrás. El neoplatonismo es una réplica de la doctrina de Platón, teñida de orientalismo, fundada por el egipcio Plotino (205-270) 

--
El neoplatonismo de Plotino, Orígenes, Porfirio, el seudo Dionisio Areopagita y Proclo
había de ejercer enorme influencia en el pensamiento y en la ética de la Edad Media. Desde luego, su concepción de la materia contribuyó mucho al nacimiento del ascetismo cristiano, con sus anacoretas y la vida reclusa de los monjes, los ayunos y maceraciones de la carne. En la ciencia medieval, el desprecio neoplatónico de la materia contribuiría a detener y frenar, durante más de un milenio, toda investigación en el dominio de las ciencias naturales. Por ello, la filosofía neoplatónica es la piedra angular de la cultura medieval. 
--

La doctrina neoplatónica respondía a todas las aspiraciones de Juliano. Veía también en ella el medio de restaurar la cultura antigua y enfrentar al cristianismo. Sin embargo, en apariencia, continuaba comportándose como cristiano y esperaba su hora. Entretanto, participaba en un culto que aborrecía: le iban en ello su existencia y su obra futura. 

En el 355, a los veinticuatro años, Juliano tuvo que cambiar la toga de filósofo por el manto de general y afeitarse su revuelta barba. Se mostró muy ocurrente y trato de acomodarse muy bien a su nueva existencia; cambio los libros de filosofía por los tratados militares, mandó sus tropas según las reglas del arte bélico y obtuvo algunos éxitos que le merecieron fama de gran general. Cuando, cerca de la actual Estrasburgo, atacaron los germanos, tres veces más numerosos, Juliano obtuvo sobre ellos, gracias a la disciplina de sus tropas y a su valor personal, que servía de ejemplo a los soldados, una victoria decisiva, que fue la salvación de las Galias.


No se detuvo ahí: Avanzo hacia Bélgica, mejoro las comunicaciones con la Britania, reconstruyo las fortificaciones defensivas a los largo del Rin y persiguió a los germanos hasta la región de Maguncia. Estos éxitos de su primo, causaron honda preocupación en Constancio que solo pudo reaccionar aumentando el numero de funcionarios que ademas de controlar las acciones del Cesar lo mantenían bajo vigilancia. Años más tarde, el Augusto halló excelente pretexto para privar a Juliano de sus mejores tropas. Habiendo estallado la guerra contra Persia, quiso Constancio hacerse cargo del mando en persona y reforzar sus relajadas tropas de origen asiático. Necesitaba unidades frescas, procedentes de Occidente. Sus órdenes eran irrevocables y encargó a sus comisarios que escogiesen las mejores tropas galas.Aunque a disgusto, Juliano decidió ejecutar las órdenes del emperador. Pero los soldados con tanto esmero escogidos, se negaron a abandonar el país y proclamaron emperador a Juliano en la ciudad de París.


Éste se halló ante una alternativa grave: o se ponía al frente de los amotinados, o se dejaba matar por su primo. Cuando Constancio se enteró de la sublevación de los galos, fue presa del pánico, pero rechazó las tentativas de Juliano para llegar a un acuerdo amistoso. Decidió aprovechar un armisticio para castigar a "aquel ingrato". Ya en camino, contrajo unas fiebres; su ansia de llegar a destino acabó con su vida. Era el año 361, Juliano quedó dueño del imperio. Ya podía descubrir su verdadero rostro y arrojar la máscara de piedad cristiana que había llevado hasta ahora.


El primer acto del nuevo emperador fue verdaderamente simbólico. Llegado a Constantinopla a finales del año 361, procedió al nombramiento de una comisión depuradora de los consejeros de Constancio, compuesta principalmente por militares. En los llamados juicios de Calcedonia, por el lugar de su celebración, dieron buena cuenta de la administración civil de Constancio que había estado compuesta casi en su totalidad por eunucos. Con esta purga, Juliano se libraba de la tutela burocrática para caer en manos de la aristocracia militar, que se tomaba así la revancha tras ser postergada en el reinado de Constancio.

En lo personal, Juliano era un idealista como pocos emperadores romanos lo fueran. En el trabajo, activo y esclavo del deber: un nuevo Marco Aurelio, que vivía un auténtico ascetismo. A la muerte de su esposa Helena, había jurado seguir una vida de castidad. Demasiado humano y prudente para combatir al cristianismo con persecuciones sangrientas. No quería hacer mártires. En una carta escrita poco después de su ascensión al trono, precisaba: "A pesar de la locura de los galileos que han provocado una sublevación casi total, quiero que no se les castigue a muerte y no se les apliquen castigos corporales, sino que, por el contrario, se les deje en paz". En otro de sus escritos posteriores se lee: "Los errores son debidos más a la ignorancia que a la maldad. Por eso, hay que compadecerlos en vez de odiarlos. Hay que convencer a los hombres con argumentos razonables, mejor que con golpes, injurias y malos tratos".

Ello no significa que no adoptara medidas anticristianas. Algunas podían ser calificadas de igualitarias, obviamente comenzó proclamando la libertad de cultos y religiones, suprimiendo toda la legislación represiva que de facto había hecho del cristianismo la religión del Estado, También ordeno que los cristianos participantes en la destrucción de los santuarios paganos los reconstruyeran con sus manos o pagaran los gastos de reconstrucción. "Si los galileos quieren tener ornato en sus templos, sea enhorabuena, pero no con los materiales pertenecientes a otros lugares de culto". Ordenando la devolución de columnas, capiteles y otros objetos expoliados de los templos paganos.

A consecuencia de ello, varios procuradores y funcionarios celosos secuestraron los bienes de algunas iglesias cristianas. Por tal motivo, los cristianos llegaron más de una vez a las manos con el populacho pagano. A pesar del punto de vista tan humano del emperador y otros paganos ilustres, se cometieron con frecuencia crueldades.

De esta forma, la base económica de la Iglesia, reforzada por Constantino el Grande, fue reducida a la nada por Juliano. Otros privilegios, tales como, la competencia judicial en materias civiles, que se había otorgado a los obispos sobre sus fieles, fueron también abolidos. Así como el transporte de las autoridades eclesiásticas y las rentas para las iglesias pagada con el dinero del Estado.

Pero el peligro más grave para el cristianismo era el edicto que prohibió a los cristianos dar enseñanza clásica e, indirectamente, recibirla. Juliano esperaba que, pasadas algunas generaciones, gran parte de la juventud seguiría su propio ejemplo de apostasía, y quienes no hubieran tenido ocasión de adquirir elevada cultura, tampoco estarían en disposición de ocupar cargos directivos y actuar según sus ideas. Juliano vio como un acto de hipocresía el hecho de que las escuelas cristianas enseñaran la Biblia como única fuente de conocimiento mientras que de forma simultánea enseñaban también los textos griegos clásicos.


Se preocupo, además, de asegurar a las religiones paganas una organización tan sólida como la del cristianismo, a fin de ponerlas en disposición de luchar con eficacia contra ésta. Así, procuró crear una jerarquía pagana, similar a la cristiana, nombrando para cada provincia un pontífice, especie de obispo, a quien todos los demás sacerdotes quedaban sometidos. Al frente de la jerarquía se situaba el propio emperador, con la dignidad de sumo sacerdote. Juliano hizo lo posible por atraer al pueblo a los santuarios, introduciendo cátedras, hasta entonces desconocidas: desde ellas, los filósofos neoplatónicos explicaban el mensaje esotérico de los mitos antiguos. En fin, se esforzó en emular las prácticas caritativas de los cristianos, empleando sumas importantes en instituciones filantrópicas. Hijo de su tiempo, también concedió un lugar importante en su concepción religiosa a los populares misterios de Atis y Mitra y a los sortilegios del culto de Hécate.


Finalmente conocedor, en carne propia, de las disensiones existentes en el seno de la iglesia cristiana, reclamó la vuelta de los obispos cristianos considerados heréticos, que habían sido exiliados por los edictos de la Iglesia, reavivando así los disturbios y cismas internos. Cuando se produjo el asesinato del obispo arriano de Alejandría, Jorge de Capadocia (su antiguo tutor en Macelo), Juliano no intervino, mostrando satisfacción por la eliminación de un "enemigo de los dioses".

En resumen, Juliano procuró introducir notables reformas en la religión pagana, tomando de continuo al cristianismo como modelo. El "apóstata" había arraigado en la ética cristiana mucho más de cuanto pudiera imaginarse. Juliano no combatió sólo a los aborrecidos cristianos con los medios que disponía como emperador, se valió también de la filosofía. Escribió diversas obras contra los "galileos", en que expresaba ante todo su rechazo por el culto a las reliquias. Así empleó Juliano todos los medios pacíficos para defender la causa del paganismo antiguo.

Sin embargo, pronto vio que no podía darse vida a lo que estaba ya muerto, aunque lo intentara el mayor idealista. La gran masa popular, aunque más o menos hostil al fanatismo de los cristianos, permanecía indiferente a los ideales del emperador. Entre los cristianos, en cambio, el fervor era directamente proporcional al empeño puesto en desarraigarla. "Esto es sólo una nube pasajera", dijo el eminente padre de la Iglesia Atanasio, cuando Juliano lo envió al destierro. Apenas transcurridos seis meses, sus palabras se convertían en realidad. En el verano de 362, Juliano abandonó Constantinopla, para no regresar a ella jamás. Se había puesto en marcha hacia la frontera oriental para combatir a los persas.


En Antioquia, después de un recibimiento tibio por parte de la población quiso favorecer a sus habitantes, vendiendo trigo a bajo precio e imponiendo precios máximos en los tiempos de escasez y, conforme a su política, ordeno refeccionar el Santuario de Dafne. Pero para contrariedad de Juliano los habitantes de Antioquía acostumbrados a sus fatos, fiestas y orgias comenzaron pronto a recriminar a Juliano su austeridad y su aspecto mal cuidado lo que generó burlas hacia su persona, llegando al punto de los antioquenses exaltar la memoria de Constancio II, a pesar de haber sido unánimemente odiado en todo Oriente. Para empeorar las cosas los preparativos de la campaña contra el Imperio Sasanida, con todo el ejercito imperial (65.000 hombres) reunido en Siria, hicieron cada vez mas difícil la relación del emperador con sus súbditos sirios.

Ha sido varias veces discutido por los historiadores cuáles fueron los motivos que impulsaron a Juliano a emprender su campaña de Persia. De hecho, no existía una verdadera necesidad de llevar a cabo una ofensiva semejante: los persas deseaban, incluso, entablar negociaciones con Juliano, lo que este rechazó.​ Un argumento frecuentemente aducido es el de que Juliano tenía la intención de emular a Alejandro Magno. De hecho, Amiano se hace eco de este motivo,​ ya que, de todas formas, para cualquier general que partiera contra Persia, Alejandro era un modelo inevitable.

En marzo del año 363, Juliano y su ejercito abandonaron Antioquia con rumbo al este. En Hierápolis estableció contacto con los árabes. A continuación marchó hacia el sur siguiendo el curso del río Éufrates. En su séquito viajaba Hormisdas, miembro de la familia real persa, que hacía ya tiempo había escapado a Roma y servía a Juliano como consejero y eventual pretendiente al trono.

Juliano envió una parte de su ejército, bajo el mando de su pariente Procopio y del magister militum Sebastiano, para ayudar a defender al rey de Armenia, Arsaces, y actuar como distractores en el norte de Mesopotamia, en tanto que él, con el grueso del ejército seguía su marcha hacia Ctesifonte.​ A lo largo de su trayecto, conquistaron numerosas ciudades y fortalezas enemigas. El emperador debió sin embargo haberse sentido bastante intranquilo, ya que no se veía ni rastro del ejército sasánida. Los persas se limitaron a obstaculizar la marcha del ejército romano con pequeños ataques y a dificultar su acceso a los víveres.

A finales de mayo de 363, el ejército romano llegó por fin ante la capital persa, Ctesifonte, donde batieron a un poderoso ejercito persa. Pero ante la imposibilidad de tomar la ciudad por asalto, decidieron marchar hacia el norte y unirse con la columna conducida por su lugarteniente Procopio. Para conseguir una mayor rapidez de movimientos, Juliano ordenó inopinadamente la quema de la flota, que hasta entonces había acompañado al ejército a lo largo del Tigris, lo que desmoralizó a la tropa. En el curso de una marcha agotadora, continuamente hostigado por un enemigo que se negaba a presentar batalla, Juliano sucumbió en una escaramuza el 26 de junio de 363, alcanzado en la espalda por la jabalina de un soldado al servicio de los persas. Se había expuesto temerariamente, sin recordar que se había quitado la coraza a causa del calor. Sus soldados no dejaron sin venganza la muerte de su general. Despreciando a la muerte, se arrojaron furiosos contra el enemigo hasta conseguir una aplastante victoria. El emperador, entretanto llevado a su tienda, consolaba a los amigos que lo rodeaban, rogándoles que reprimieran las lágrimas. El moribundo manifestó la alegría que experimentaba, de ir al fin hacia un mundo mejor: "Aquel a quien aman los dioses, muere joven", dijo. Y después de filosofar sobre la inmortalidad del alma, se extinguió tranquilo. Tenia entonces treinta y dos años. Apenas había reinado uno y medio.


Se ha planteado la posibilidad de que la jabalina fuera en realidad proveniente de sus propias filas. Se especula acerca de un posible complot del sector asiático del ejército, encabezado quizás por el Conde Víctor, general de Juliano, y otros oficiales cristianos, entre los cuales se ha sugerido la hipotética implicación de Valentiniano, con posterioridad Emperador de Occidente. La tradición histórica posterior no tuvo inconveniente en aceptar la versión de que el soldado que dio muerte al Emperador era cristiano.

Los restos de Juliano fueron sepultados en Tarso, y posteriormente trasladados a la Iglesia de los Santos Apóstoles, en Constantinopla, siendo depositados en un gran sarcófago de pórfido. Aunque la iglesia fue destruida por los turcos y sus restos vejados y expoliados, el sarcófago aún se conserva en el Museo Arqueológico de Estambul.


Como un eco de la alegría que experimentaron los cristianos al morir su peor enemigo, nació la leyenda según la cual Juliano exclamó en sus últimos instantes: "¡Venciste, galileo!"


Acerca de Juliano y su obra o sueños, la sobria historia le contemplará más verdaderamente como un hijo tardío de una gran época pasada, engañado en sus ideales, pero noble en su naturaleza, mereciendo el honor de intentar hacer justicia en un tiempo cuando esto era una rara virtud.
📖 Bibliográfia:
"Historia_Universal_de_Roma", Tomo III, Carl_Grimberg.
"Juliano", Gore Vidal.
"Historias", Volumen I: Libros XIV-XIX, Amiano.
"Estudios sobre el emperador Fl. Cl. Juliano" Javier Arce. 
🌐 Wikipedia.org

🌐 Información adicional acerca de Juliano:
http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-30822012000100009

https://www.e-torredebabel.com/Biblioteca/Voltaire/Juliano-Diccionario-Filosofico.htm


Share:

Nuestras Redes

FacebookInstagramTwitterRSS Feed

+Populares