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Las Guerras Macedonicas - Parte 2 ⚔

Comienza la Guerra Social
Filipo V, era hijo de Demetrio II, que falleció cuando el futuro monarca tenía diez años (229 a. C.). Tras la muerte de Demetrio, el tío de Filipo ―Antígono III Dosón― administró el reino hasta su muerte (221 a. C.) Tras este fallecimiento, Filipo se convirtió ―a la edad de diecisiete años― en el monarca de uno de los reinos más grandes del Mediterráneo.
Poco después de los hechos narrados anteriormente Dorimaco y sus amigos llegaron a ocupar las más altas instancias del poder en Etolia, movieron así estos a una serie de operaciones bélicas y, sin preocuparse de ofender a diestra y siniestra, atacaron a los acarnanios intentando tomar la ciudad de Thyreum por sorpresa (fracasando) y aprobaron la realización de una incursión por las tierras de Megalópolis, en el Peloponeso, también fue capturado un barco macedonio siendo llevado a Naupactos en donde su tripulación fue esclavizada y, entre otras acciones más, atacaron las costas de Epiro con el apoyo de la flota de Cefalonia. Dorimaco y sus “secuaces” consiguieron el respaldo de toda Etolia en su empresa y recabaron la ayuda del ilirio Scerdilaidas, quien había recalado con una flota (navíos ligeros del tipo lembis) en Naupactos, quien les proporciono de esta manera los medios para cruzar el estrecho y pasar con un ejército al Peloponeso.

El primer ataque a gran escala de los etolios contra los mesenios llevo a los invasores a atravesar inopinadamente el territorio de la Liga Aquea camino de su objetivo, esta irrupción, no exenta de rapiñas y saqueos por parte de los auxiliares más indisciplinados de los etolios, llevo por fin a la ruptura abierta de las hostilidades entre ambas naciones. Sin perder más tiempo los aqueos pusieron en marcha la movilización de sus recursos y convocaron a sus aliados, consiguieron así el apoyo incondicional del joven Filipo V y con él todos los aliados de Macedonia: epirotas, tesalios, beocios, fócidos, acarnanios, etc., en el Peloponeso los mesenios evitaron comprometerse más de lo debido contentándose en defender sus fronteras y los espartanos que en un principio se inclinaron por los aqueos, pues estaban comprometidos por un tratado, aunque también sin entusiasmo. Entre tanto, los etolios, que se habían retirado ya a Elis tras atacar Mesenia, intentaron regresar a Etolia atravesando el golfo de Corinto, a lo que tuvieron que renunciar ya que el ejército aqueo, movilizado y unido a las tropas macedonias que ocupaban Corinto, amenazaba con atacarles por la espalda. Los etolios, cerrado el paso del estrecho, decidieron emprender el camino de casa por tierra, cruzando el Peloponeso y saliendo de él por el istmo de Corinto. Sorprendidos los aqueos con este arriesgado movimiento, unido a su más que deficiente mando militar, no solo no pudieron evitar la marcha del ejercito enemigo si no que fueron derrotados por estos en la batalla de Cafias después de esto, los etolios, ya sin oposición, saquearon las tierras Sición y Filus antes de desaparecer por Corinto (220 a. C.)

Poco después el joven rey Filipo V llego a la zona e inmediatamente se puso manos a la obra.

Por aquellos días se suscitó en la región un nuevo conflicto que vino a unirse a la creciente confusión en que se vivía. En Esparta, envuelta en conflictos continuos desde que Antígono les impusiera la república pocos años atrás, los éforos se debatían entre decidirse por la alianza con los etolios o con los macedonios, dos de los éforos estaban por la alianza con Filipo, los otros tres con los etolios. Los acontecimientos se precipitaron cuando Filipo V llego a Corinto, se produjo un tumulto, organizado por los éforos favorables a los etolios, y sus opositores fueron muertos. Inmediatamente se envió una delegación al rey macedonio para justificar la matanza realizada, el rey, con tan solo 17 años, recibió de sus consejeros opiniones dispares acerca de que se debía hacer con los espartanos lo mismo que había hecho Alejandro con los tebanos, al final prevaleció la opinión más sensata, dejar las cosas como estaban y tan solo exhortarles a mantener la alianza con Macedonia y los aqueos. Tras esto Filipo se reunió en Corinto con delegaciones de toda Grecia, allí se tomó la decisión de hacer la guerra a los etolios hasta hacerles devolver todo lo que estos habían conquistado desde la muerte de Demetrio el Etolio, padre de Filipo.

El joven Filipo ataca Etolia

Una vez decidida en Corinto la guerra contra los etolios Filipo regreso a Macedonia para realizar los preparativos pertinentes, en Etolia mientras tanto, elegido estratego el belicista Scopas, se decidió por emprender una rápida ofensiva aprovechando estos primeros compases del conflicto, mientras el propio rey macedonio se encontraba atareado en el norte reuniendo sus tropas.

Aprovecho mientras tanto Filipo su estancia en Macedonia para entrevistarse con el rey Scerdilaidas, éste, en principio alineado con los etolios, se había sentido engañado por ellos cuando no recibió los despojos conseguidos en los saqueos de las posesiones aqueas, así pues, no rechazo la oportunidad de unirse a los macedonios y, a cambio de una subvención anual, desplegó una flota de 30 navíos para hacer la guerra por mar.

Terminaba por entonces Filipo V el reclutamiento y preparación de sus fuerzas, con 10.000 falangistas macedonios, 800 jinetes y 5.000 auxiliares empezaría las operaciones, un ejército al que pronto se uniría un buen número de tropas aliadas. Emprendió ahora la marcha hacia el Epiro, en donde se le unieron los epirotas así como 300 honderos enviados por la Liga Aquea y otros 300 llegados de Creta, en ese momento reunió aproximadamente 25 o 30.000 hombres, un ejército sin rival por aquel entonces, de haber emprendido un ataque directo contra Etolia se dice que la habría abatido sin remisión, sin embargo los epirotas le suplicaron combatir primero para liberar la región de Ambracia, la conquista de ésta permitiría más tarde a los epirotas atacar con garantías la capital, Ambracia. Filipo V accedió a los deseos de sus aliados y sometió a la posición enemiga a un férreo asedio, a los 40 días, viendo los defensores que su causa estaba perdida entregaron la fortaleza a cambio de garantizar su propia retirada entregando la fortaleza a los epirotas. Se decidió Filipo ahora a cruzar hasta la otra orilla del Golfo, llegando así a Acarnania, en donde se le sumaron nuevos y leales aliados (2.000 infantes y 200 jinetes) emprendiendo luego un fuerte ataque contra la ciudad de Phytia que tomo a los dos días pactando de nuevo con su guarnición su libre retirada a cambio de la entrega de la ciudad, a los pocos días dio en los alrededores con una fuerza etolia de 500 hombres que se dirigía a Phytia a reforzar sus defensas, todos fueron muertos. Después de esto marcho contra Stratus a la que saqueo sus tierras, por aquellos días llegaron a su campamento embajadores aqueos solicitándole su intervención en el Peloponeso en donde llevaban los aqueos una desigual lucha contra sus muchos enemigos, Filipo, si bien no contesto en ese momento, vario sus planes y se dirigió hacia el sur, tomo Metrópolis (abandonada por sus defensores, que se refugiaron en la ciudadela) incendiándola y, atravesando el rió Arqueloo frente a Canope (no sin oposición de la caballería etolia) saqueo todas las tierras de ese lado del río y se dirigió luego aguas abajo encontrándose con la fortaleza de Itome, abandonada por sus defensores, la destruyo. Siguio su marcha hasta Oeniadae que también fue abandonada por los etolios (la ciudad no disponía de murallas), tras la conquista de esta ciudad reculo el rey macedonio y ataco las tierras de la Calidonia, conquistando al asalto la fortaleza de Elaea y saqueando a continuación las tierras de Calydon. Vuelto a Oeniadae decidió levantar en esta unas murallas a modo de defensa, apreciaba su situación estratégica y deseaba mantenerla en sus manos en lo sucesivo.

Movimientos de Filipo V durante su primera campaña contra la Liga Etolia 

Llegaron en ese momento noticias de Macedonia, los dárdanos, aprovechando la ausencia del rey, atacaron la frontera norte del reino, con presteza procedió Filipo a retirarse de Etolia por donde había venido para llegar cuanto antes a su país. Ocurriría aquí un hecho trascendental. En Acarnania se encontró con Demetrio de Faros quien, expulsado por los romanos de su reino, pidió ser acogido por el rey macedonio. Los aqueos recibieron entonces de Filipo la promesa de que acudiría al Peloponeso en cuanto solucionase el problema que le llamaba a su reino. 

Filipo V por primera vez en el Peloponeso 

La poderosa falange macedonia, en tiempos de Filipo V aun era el modelo de combate mas utilizado en el Mediterráneo, aunque durante la Guerra Social el monarca macedonio dio prioridad al uso de su infantería ligera y sus mercenarios. 

Mientras Filipo atacaba a la Liga Etolia, en el Peloponeso el acoso a los aqueos se hacía insostenible para estos, los eleos, comandados por el general etolio Eurípides, saqueaban el territorio que se extiende entre Dyme y Tritaea causando grandes daños y derrotando a una pequeña fuerza de defensa aquea cerca de Dyme. A resultas de estas incursiones cayo en poder de los etolios la fortaleza de Ticho, en una estratégica posición que además les proporciono un cierto prestigio. Las ciudades aqueas afectadas por estos ataques dirigieron a Arato peticiones de ayuda militar a las que éste no supo o pudo dar respuesta, en aquel entonces el estado aqueo no disponía de muchas tropas y la recluta de mercenarios parecía inviable en tanto todavía se estaban pagando las deudas contraídas con los soldados que participaron en la guerra de Cleómenes. Así pues, las ciudades se vieron obligadas a reclutar por sus propios medios mercenarios renunciando a su vez a continuar pagando a los aqueos su parte de los gastos comunes de la liga.

Tampoco se mantenía inactivo Licurgo de Esparta, que realizo un avance sobre las tierras de Megalópolis arrebatándoles parte de su territorio, casi al mismo tiempo y de nuevo el etolio Eurípides, entraba en Arcadia por el territorio de Telpusia arrebatando a los aqueos la ciudad de Gorgos.

Los aqueos, vista su incapacidad para hacer frente a sus enemigos, acudieron en demanda de ayuda al rey Filipo que a la sazón se encontraba en ese momento operando contra los etolios cerca de Acarnania, Filipo no pudo responder a su petición de apoyo pues como vimos anteriormente se vio obligado a regresar a Macedonia, sin embargo no cayó en saco roto la demanda y pronto, ese mismo invierno, aunque ya en el 219 a. C. marcho el rey al Peloponeso acompañado tan solo por una pequeña fuerza de apoyo de unos 4.500 infantes y 400 jinetes de su guardia.

La llegada de Filipo a Corinto fue en verdad inesperada, el propio Eurípides, estratego etolio al servicio de los eleos, se encontraba de nuevo avanzando por Arcadia sin sospechar el rival al que tendría que enfrentarse. Disponía el atacante en ese momento de unos 3.500 infantes de todo tipo y unos 100 jinetes destinados a una operación de saqueo del territorio de Sición y alrededores, a la altura de Estínfalo, mientras cruzaba Arcadia, se apercibió de la presencia del ejército macedonio que se encontraba solo a diez estadios de su posición, sin pensárselo dos veces se dio a la fuga seguido tan solo de la caballería y dejando allí a sus infantes, estos, que hicieron un alto mientras los oficiales se preguntaban qué hacer, se encontraron por fin con que por las laderas de un monte cercano se acercaban en formación unidades armadas de visibles escudos de bronce, al principio pensaron que eran aqueos de Megalópolis, pero cuando se replegaban en buen orden dispuestos a resistir se dieron cuenta de que eran en realidad miembros de la infantería macedonia, al instante tiraron sus armas y huyeron sin pudor ante un enemigo al que tenían verdadero pánico, durante la persecución cayeron 1.200 hombres y el resto fueron tomados prisioneros y enviados a Corinto. Después de esta victoria Filipo se encontró en Cafiae con el ejército aqueo mandado por Arato aumentando así sus tropas hasta cerca de los 10.000 hombres, marchando seguidamente, pese a las inclemencias meteorológicas -recordemos que estaba en pleno invierno y la nieve cubría las cimas de las montañas por donde las tropas marchaban- contra la ciudad de Psofis a la cual capturaron tras un rápido asedio. Tras esto los eleos abandonaron la ciudad de Lausion y la de Stratos (esta última en el territorio de la ciudad de Thelpusa, quien pudo recobrar así el enclave) Lausion fue de esta forma también conquistada y de nuevo entregada a los aqueos. De allí marcho Filipo a Olimpia desde donde se dedicó por un tiempo a saquear las tierras de Elis consiguiendo abundantísimo botín y presas de gran valor como el propio estratego de los eleos, Anfídamas. 

La infantería etolia, la mejor de la Helade en ese momento, no era rival para la temida infantería macedonia. Punto aparte lo representaba su caballería, considerada por todos como la mejor en toda el área del Egeo. 

El ataque que llevaba a cabo Filipo contra la Elide empujo a Etolia a enviar en ayuda de sus aliados a un refuerzo de 600 hombres al mando de Filidas, este, tras llegar a Elis y ser informado de que el macedonio marchaba ahora hacia el sur contra la Trifilia o Figalea, recogió en la ciudad a 500 mercenarios, 1000 ciudadanos y una fuerza de mercenarios tarentinos y se dirigió hacia la zona con la esperanza de desbaratar los planes de Filipo. Una vez en la zona, pudo distribuir a sus tropas entre las diferentes posiciones clave y esperar el ataque del macedonio. Filipo marcho primero contra Alifera a la que asalto con éxito a la primera embestida. Tras su victoria toda Trifilia se aterrorizo y comenzaron a entregar sus ciudades a los macedonios, el propio Filidas abandono sus posiciones y se retiró a Lepreum (capital de Trifilia) no sin antes saquear el territorio que se le había encomendado defender. En Figalea, la facción contraria a la alianza con los etolios empujo al pueblo a la sublevación y la guarnición, compuesta en gran medida por los bandidos que se dedicaban a hacer correrías en Mesenia tuvo que abandonar la ciudad que seguidamente se entregó a los macedonios. Poco después Filipo avanzo contra la propia Lepreum en donde se encontraban concentradas todas las fuerzas enemigas ( 1.000 eleos, 1.000 etolios, 500 mercenarios y 200 espartanos aliados) la autoridades de la ciudad que ya antes habían solicitado sin éxito a Filidas su retirada, fomentaron el levantamiento de la población en masa, lo que unido al próximo ataque del ejército macedonio llevo a Filidas a evacuar la ciudad que fue entregada de inmediato a Filipo por sus habitantes. Filidas se refugió en otra ciudad cercana (Samicum) que fue rápidamente rodeada por Filipo quien por fin les permitió abandonar Trifilia a cambio de la entrega de la misma. De esta manera toda la región se pasó a los macedonios tras tan solo seis días de campaña. Los macedonios se retiraron a Megalópolis mientras los espartanos evacuaban amedrentados Ateneum, de allí, y pasando por Tegea, Filipo se retiró a invernar a Argos. Finalizaba así exitosamente su primera campaña en el Peloponeso.

Al finalizar el invierno, Filipo puso de nuevo en armas al ejército para atacar Elis, comenzó por la fortaleza de Ticho, que conquisto, para luego someter el rico territorio enemigo a una concienzuda devastación sin oposición por parte de sus enemigos. Mientras todo esto se llevaba a cabo, dentro de su corte se llevaba adelante una conjura palaciega comandada por el consejero más influyente del joven Filipo, Apeles, la conspiración, que se desarrolló por un largo espacio de tiempo, llevo a este personaje a la traición celoso del aumento de influencia que entre los consejeros del rey tenía el aqueo Arato de Sición.

Tras concluir la campaña, Filipo se retiró nuevamente a Argos en donde inverno y preparo la campaña del año venidero.

Al llegar la primavera del año 218 el rey reunió a sus tropas en Corinto, también acudió la flota macedonia y allí mismo se mantuvo mientras entrenaba a la aguerrida falange en el uso del remo, pues había decidido emprender ese año la guerra naval contra sus enemigos. Elis mientras tanto había recibido refuerzos desde Etolia (500 cretenses) más cierto número de mercenarios que alisto por su cuenta, también la juventud de este pueblo fue movilizada pues se esperaba que el rey macedonio atacase la ciudad de Cillene.

Filipo decide atacar el corazón de la Liga Etolia 

Una vez preparada la flota y alistadas las tropas necesarias (6.000 macedonios y 1.200 mercenarios) el rey se hizo a la mar y llego a Patras, allí tomo medidas para defender las fronteras aqueas y después de advertir las considerables fuerzas reunidas por los eleos, decidió crear una fuerza de choque que establecida en Dyme sirviese para disuadir a los enemigos de emprender alguna razia fronteriza. Estableció en esta ciudad un contingente formado por parte de sus cretenses, algunos de sus jinetes celtas, mercenarios de los propios aqueos y de sus 2.000 infantes. Poco después partió con la flota en dirección a Pronni, en donde había acordado que se le reunirían navíos de los mesenios, epirotas, ilirios de Scerdilaidas y acarnanios. Tras llegar frente a Cefalonia y reunirse con los aliados, desistió de emprender el sitio de Pronni debido a la dificultad que presentaba operar en el difícil territorio en donde estaba asentada, por ello se decidió a seguir costeando la isla y tras llegar a Pale desembarco y saco los navíos del mar.

Era esta ciudad la principal base naval de los etolios en la isla, desde ella enviaban a los barcos cefalonios contra las costas del Peloponeso y Acarnania, su interés estratégico era pues importante, Filipo además pensaba en utilizar este emplazamiento para operar más adelante contra las costas del enemigo. Sin embargo, el asalto de la relativamente pequeña posición fue muy difícil de llevarse a cabo, tan solo por un pequeño sector se pudieron arrimar las baterías para bombardear y evitar las salidas de los defensores, en la ciudad entretanto llegaban los refuerzos por él esperados, el apoyo del ilirio Scerdilaidas llego en este momento, 15 navíos tan solo, menos de lo acordado, pero parece ser que se habían desatado algunos disturbios en su país y no podía desprenderse de más unidades. También al lugar llegaron convocados los contingentes aliados del Epiro y Acarnania.

Cuando por fin Filipo dispuso todo para el asalto se procedió al mismo con resolución, las minas perforaron la tierra hasta las murallas y cuando finalmente cayeron la infantería macedonia ataco por la brecha abierta. En este momento Polibio relata que el rey macedonio, era traicionado por su principal consejero, éste maniobro para que el ataque final fracasase, la derrota, en lo que parecía ya una fácil empresa, abatió al rey macedonio que decidió darse por vencido y abandonar el asedio. Llegaban ahora noticias de otros frentes, para distraer al macedonio de su empresa los etolios habían irrumpido por Tesalia, y Licurgo desde Esparta por la Mesenia. Embajadores de Mesenia llegaban ahora ante Filipo para rogarle su intervención, si Filipo aceptaba ya no podría continuar la campaña, finalmente decidió golpear a su principal enemigo, abandonaría Cefalonia y pasaría a Acarnania para atacar el corazón de las posesiones de los etolios, para defender Mesenia escribió a Eperato, estratego aqueo del año en curso, para que enviase tropas de refuerzo a aquella nación. Filipo, una vez abandonado el asedio de Pale, puso rumbo a el golfo de Ambracia, desembarcando en Limnaea en donde dio descanso a sus tropas, enseguida se le unió allí Aristofantes, estratego de los acarnanios, con la totalidad de sus tropas, estaban deseosos los acarnanios de combatir a los etolios, con los que tenían innumerables querellas, estaban tan entusiasmados los de este pueblo con la oportunidad de venganza que se les ofrecía que se dice que incluso ancianos se alistaron en las filas del ejército para combatir junto a los macedonios contra los etolios.

En esos momentos lo que menos esperaban los etolios era el ataque del rey macedonio, por ello, Dorimaco con la mitad del ejercito operaba en Tesalia, muy lejos de la zona, la invasión había sido pues toda una sorpresa. El ataque se centraría sobre Termo, corazón de las posesiones etolias, el lugar en donde se reunía la asamblea de los etolios. El avance del ejercito coaligado fue fulgurante, pronto llego a las cercanías de Termo conquistando la pequeña ciudad de Metapan en donde estableció 500 hombres de guarnición para de esta forma cubrirse a la hora de la retirada, prosiguió el avance hasta los alrededores de la propia capital etolia en donde se hizo un botín inmenso, pues para los etolios era prácticamente imposible que ningún enemigo pudiera adentrarse hasta este territorio, áspero y defendible como pocos, tenido por ello como ciudadela de toda Etolia, no en vano ningún invasor había conseguido adentrarse con éxito hasta el lugar.


El avance hasta la ciudad se hizo finalmente sin oposición, las tropas de Filipo se desparramaron por el territorio de Termo, ciudad que fue meticulosamente desvalijada. El rey permitió que las tropas se cebasen en el prestigioso complejo religioso del lugar, el templo de Apolo fue incendiado y sus paredes demolidas, más de dos mil estatuas derribadas, excepto las que representaban a los dioses, todo ello en venganza por los daños cometidos por los propios etolios anteriormente en Dodona y Dio.

Después de estos hechos, el ejército macedonio procedió a retirarse por la misma ruta por la que había venido, pero esta vez los etolios no se estarían quietos, ya disponían de cerca de 3.000 hombres al mando de Alejandro Triconiense, este, a medida que la columna en retirada llegaba a los desfiladeros dio la orden de atacar la retaguardia, después de la confusión inicial, Filipo consiguió acabar con la amenaza al emboscar a una unidad de Ilirios cuando estos se dedicaban a acosar despreocupadamente su retaguardia, tras cruzar entonces sin contratiempos los pasos montañosos el rey dirigió a sus hombres hasta las muralla de Stratos, sin embargo, dentro de la ciudad se encontraba ya un fuerte refuerzo etolio de 4.500 hombres, por lo que Filipo renuncio al ataque y se retiró en dirección a Limnaea. Todavía intentaron los etolios de Stratos acosar la retaguardia macedonia, pero de nuevo Filipo supo contrarrestar la amenaza con éxito, por lo que la retirada se pudo finalizar sin mayores pérdidas. Aguardaba la flota al rey en la ciudad, así que embarcando rápidamente puso rumbo a la isla de Leucade, de allí y costeando la Etolia y sin dejar de hacer algún desembarco puntual en sus costas llego a Corinto. Quedaba ahora por dar respuesta a las provocaciones de Licurgo, quien desde Esparta no cesaba de incordiar a sus vecinos más inmediatos. El rey de los macedonios vivía en ese momento los mejores momentos de su reinado.

El joven Filipo ataca Esparta

Filipo paso en solo siete días de encontrarse en el corazón de Etolia a atacar el territorio espartano, estos, aterrados, no se atrevieron a oponerse a su paso, el primer día Filipo acampa en los alrededores de Amiclas, a pocos kilómetros de Esparta, saqueando a placer la rica campiña. De allí se desplaza hacia el sur contentándose con devastar a su paso todo el territorio posible, de esta forma arrasa toda la península que acaba en el Promontorio de Tenaro, de allí y siguiendo la costa ataca todo el territorio hasta Boeae. Por aquellos días, un fuerte contingente mesenio de más de 2.000 hombres que había llegado tarde a su cita con el ejército macedonio en Tegea, decidió entrar por su cuenta en territorio espartano para reunirse con Filipo, entraron despreocupadamente en territorio espartano, y fueron sorprendidos por la tropa de Licurgo quien decidió arremeter violentamente contra ellos, los mesenios fueron aplastados y dispersados, ahora ya con más moral los espartanos intentaron cortar el paso de los macedonios quienes marchando por Amiclas debían pasar por unos desfiladeros a la altura de Esparta, Filipo no cayó en la trampa que Licurgo le había tendido, se abrió paso por las armas y derroto a los espartanos que a duras penas pudieron refugiarse en la capital, los macedonios pasaban ahora tranquilamente los desfiladeros con todo el producto de los saqueos realizados, una vez en Arcadia vendieron el botín en Tegea y llegados a Corinto desmovilizaron el ejército. 

El ataque macedonio contra el territorio espartano fue una muestra más del talento militar del joven monarca macedonio. 

En esos días, descansando en esta ciudad, el rey recibió embajadores de Rodas y Quíos, estados neutrales que, posiblemente por sugerencia de los etolios, solicitaban el final de la guerra. Filipo contestó con evasivas, dando a entender que estaba interesado en un acuerdo. Es obvio que veía la posibilidad de obtener ventajas de las campañas del año que estaba terminando.

El joven rey no permanecería inactivo, pues marcho rápidamente a la Fócide en donde debía tratar asuntos de importancia, siempre que, eso sí, la conjura interna que le amenazaba y que estaba en su punto más álgido se lo permitiera.

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Las Guerras Macedonicas - Parte 1 ⚔

ROMA MARCHA HACIA EL ESTE


Los humanistas emplearon mucho una sentencia: “todo lo que se puede hacer, decir o pensar, lo han hecho, dicho o pensado ya los griegos”. Y en efecto, gran parte de nuestros problemas y cuestiones ya se les presentaron a los antiguos helenos, que buscaron soluciones a los mismos con mayor o menor fortuna. De hecho, una parte esencial de nuestra cultura proviene de las respuestas que los griegos dieron a esas cuestiones. ¿Podemos entonces buscar respuestas a nuestras incógnitas actuales en la historia griega? ¿Podemos trasladar esos resultados a nuestros tiempos? No, pero esa historia tiene una gran ventaja sobre la nuestra: está acabada. No está de más ver ese drama histórico desde el principio hasta el final. Quizás podamos reconocer las posibles opciones que se nos abren, y observar los resultados previsibles de las distintas respuestas que podamos dar a nuestros dilemas.

¿Puede el azar del futuro de Europa vislumbrarse en los caminos recorridos por Roma y Grecia? Como entonces, un foco de alta cultura en decadencia, antes Grecia, ahora Europa –quizás el mismo sujeto a lo largo de los siglos– intenta superar su fragmentación política y sus rivalidades a través de una confederación, o federación, o unión, o como queramos llamarla. Y como entonces, la principal potencia mundial, antes Roma, ahora EEUU, está interesada, o al menos eso parece, en que esa unión llegue a buen puerto, siempre, claro está, bajo su dirección militar y estratégica en la política mundial. ¿Hasta qué nivel es aceptable la hegemonía de una gran potencia? ¿Hasta qué punto una confederación, superior culturalmente, puede soportar esa tutela? ¿Debemos por tanto conformarnos con elucubrar sobre el futuro y esperar simplemente la sucesión de acontecimientos?

Para tratar de encontrar una respuesta a esas interrogantes veamos entonces como, por primera vez Roma se enfrentaba al poder de Macedonia, un poder en ascenso contra otro ya firmemente establecido.

Cualquier estudio de las Guerras Macedonicas requiere de un examen mas amplio de la situación político-diplomática del área del Egeo y también del Mediterráneo oriental, dado que es el punto de partida de una actividad diplomática romana que absorberá una buena parte de los siglos I y II a. C. Sobre todo, porque los hechos que tienen relación con este conflicto son irrelevantes si no se intenta estudiarlos dentro de la gran problemática que fue el dominio de la geopolítica en la región.

Historiadores como Mommsen, Holleaux y otros han sostenido que fue la necesidad de defenderse lo que impulso a los romanos a librar la Primera Guerra Macedonica, afirmación bastante discutible a juzgar como se dieron los acontecimientos.

En poco menos de un siglo Roma fue ocupando y absorbiendo el mundo griego dentro de su Imperio. Pero no lo hizo sin encontrar fuertes resistencias de la civilización helenística, orgullosa de su historia y de sus tradiciones. Los griegos, enfrascados en sus luchas internas, descubrieron un nuevo poder en occidente al que inicialmente pensaron utilizar en su propio beneficio como siglos antes habían hecho con el Imperio Persa y mas recientemente con el Egipto Ptolemaico.


Preludio:


En los últimos años del reinado de Antigono Doson, Grecia disfrutaba de una merecida paz (impuesta por el propio Antigono después de la batalla de Salesia), el poder de Macedonia era reconocido sin discusión en la península y los únicos que podían hacer ya sombra u oponerse a la supremacía macedonia, la Liga Etolia, se encontraban en una prudente inactividad fruto del acuerdo impuesto por el rey macedonio.

La muerte de Antigono, acaecida en algún momento del año 221 a. C. llevo al trono de Macedonia a su sobrino el joven Filipo V, fue ese el momento esperado por los belicosos etolios para mover sus fichas. Se destino entonces a las tierras de Phigalea (una ciudad confederada a los etolios en Arcadia, Peloponeso) una fuerza de combate al mando del joven y ambicioso Dorimaco Triconense que, establecido en el lugar, se dedico a espiar lo que sucedía en la región. La presencia de este personaje atrajo al lugar a gran numero de piratas y gente de baja calaña que, pese a la paz general a la que estaban todos obligados, se dedicaron a hacer correrías en las tierras de los mesenios, si bien en un principio de baja intensidad, poco a poco fueron subiendo de tono, al final, a estas tropelías se habían sumado hasta los propios soldados de Dorimaco. Llegados a este punto, los mesenios enviaron una protesta ante el general etolio, mas este dejo seguir haciendo pues de esta forma mantenía a sus soldados animados por el saqueo ademas de la considerable parte del botín que bajo mano se quedaba. No obstante, las quejas de los embajadores mesenios no dejaron de sucederse pues la actividad de los merodeadores no solo no se reducía, sino que mas bien aumentaba, finalmente Dorimaco se vio impulsado a acudir ante la asamblea mesenia para tratar de tranquilizar los ánimos.

No debía ser este Dorimaco un buen diplomático, pues parece que en presencia de la asamblea de los mesenios no solo negó las acusaciones que se le hacían de connivencia con los bandidos si no que incluso llego a hacer mofa de los daños que ocasionaban e incluso insulto a mas de un diputado local. Aquella misma noche, los saqueadores llegaron a pie de las mismas murallas de Mesenia causando de nuevo a su paso numerosos estragos. Al día siguiente se acordó detener al propio Dorimaco quien, pese a amenazar a los mesenios con tener que enfrentarse al poder de Etolia, cedió ante la evidencia de que su vida podía correr algún peligro, fue libertado entonces seguramente comprometiéndose a poner fin a las actividades de los merodeadores. Vuelto después a Etolia, Dorimaco movería, en venganza, a la guerra total contra los mesenios.


Fue este el principio de una nueva guerra general en Grecia en la que pronto se verían implicados casi todos los pueblos de la región, para los griegos la llamada Guerra Social...

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Alejando, antes de ser El Magno, y su primera prueba de fuego como rey 👑

Al morir su padre, Alejandro tenía solo veinte años. En ese momento necesitaba no sólo exigir el trono de Macedonia, como heredero que era, sino demostrar que era lo bastante enérgico como para conservarlo. En Grecia, el entusiasmo por Filipo después de la batalla de Queronea decayó pronto y la noticia de su muerte causó alegría en varias polis griegas, pues se creía que, como pasó en Tebas a la muerte de Epaminondas, en Macedonia, la hegemonía se cimentaba en un solo hombre. Los helénos deseaban ver qué sucesor dejaba Filipo. Si era indigno de su padre, no debían contar ya con la hegemonía de Macedonia. De pronto, Alejandro se apareció en Beocia con su ejército antes de que los griegos pudieran hacer algo para evitarlo. La idea de separarse de Macedonia desapareció de inmediato. 


Después, el joven rey convocó en Corinto a los legados de la Confederación Helénica y les hizo confirmar la hegemonía macedónica; sólo se negaron los espartanos, como siempre. Alejandro declaró que haria suyo el proyecto de su padre: vencer a Persia. Pero antes de emprender la lucha quiso asegurar su retaguardia. Al oeste de Macedonia vivían los ilirios y al este los tracios, que nunca fueron buenos vecinos. Cuando supieron la muerte de Filipo, empezaron a movilizarse.


En la primavera de 335 a. C. Alejandro reunió a su ejército (25.000 hombres aproximadamente) en Anfipolis y avanzó hacia Tracia para enfrentarse a la revuelta liderada por los tracios tribalos. En el camino su ejército fue reforzado por los agrianos, una tribu tracia bajo el mando de su rey Langaro, amigo de Alejandro, después llegaron a los Montes Haemus, en cuyas alturas los esperaban los tracios dispuestos a impedirles el paso. Estos habían construido una empalizada con carretas, que tenían la intención de lanzar sobre los macedonios si se aproximaban. Alejandro ordenó a su infantería pesada marchar en formación suelta y, cuando les fuesen arrojados los carros, abrir las filas o tumbarse en el suelo con sus escudos sobre ellos. Los arqueros y la infantería ligera cubrieron la subida y cuando llegaron a la cima de la montaña, derrotaron a los tracios.


Alarmados por esta derrota, los tribalos dirigidos por su rey, Sirmio, avanzaron hacia la retaguardia macedonia con la finalidad de tomarla por sorpresa. Pero Alejandro fue más rápido. Cuando los barbaros tomaban posición en un desfiladero, fueron rodeados por la infantería ligera del macedonio. Obligados a pelear en campo abierto, fueron aplastados por la infantería y la caballería macedonia, dejando 3.000 muertos. El rey Sirmio emprendió la huida y se refugió en la isla Peuce, en el Danubio, donde fue perseguido por Alejandro. Al mismo tiempo, los getas hacían su aparición en la orilla norte del gran río, dispuestos a apoyar a los tribalos. De ellos Herodoto decía que eran la tribu más noble y más valiente de entre los tracios.


Al mismo tiempo casi hacia su aparición la flota macedonia del Bosforo, después de un peligroso viaje remontando el Danubio, que había partido por orden del rey al momento de darse inicio a la campaña. Aún con este apoyo, los intentos por capturar la isla fracasaron debido a la rápida corriente del río, las orillas empinadas y la feroz defensa de los tribalos que recibían ayuda de sus aliados.


Finalmente, los macedonios abandonaron sus ataques contra Peuce y en su lugar cruzaron al territorio de los getas. Una fuerza de 4.000 infantes y 1.500 jinetes cruzó el río, utilizando diversos medios, para asombro del ejército geta de 14.000 hombres. Después de una encarnizada batalla los bárbaros abandonaron los márgenes del Danubio y se retiraron más al norte, hacia la estepa, donde Alejandro no podía seguirlos. Al ver la derrota de sus aliados, el rey tribalo se rindió reconociendo la autoridad de Macedonia.

En este punto, Alejandro reunió el gran botín obtenido, vendió a los prisioneros como esclavos y ofreció un triple sacrificio a Zeus, Heracles y al dios del rio. Los días siguientes recibió a los embajadores de los distintos pueblos de la zona que querían ofrecerle su amistad, escitas, odrisios, celtas y los mismos tribalos. Los escritores griegos recuerdan que, cuando se encontraron con Alejandro Magno, los celtas se jactaron de que no temían nada, excepto que el cielo caiga sobre sus cabezas.


A finales de mayo de 335 a. C., Alejandro, una vez pacificada la región y convertido el Danubio en frontera natural de su reino, decidió volver a Pela pasando por el valle del iskar (oskios). Cerca de la actual Sofia, en Bulgaria, unos mensajeros macedonios le informaron sobre el estallido de una peligrosa revuelta en la frontera iliria, que amenazaba la estratégica ciudad de Pelión, y la sublevación de los ciudadanos de Tebas que en ese momento asediaban a la guarnición macedonica en la acrópolis de Cadmea. Sopesando ambas amenazas el rey se puso en marcha hacia Iliria para afrontar de esta manera los problemas uno por uno.


Fuentes:
"Vidas paralelas, Alejandro y Julio César", Plutarco
"Breve historia de Alejandro Magno", Charles E. Mercer
"A history of Macedonia. 336-167 B.C.", Nicholas Hammond y Frank Walbank
"Alejandro Magno", A. B. Bosworth
"Alejandro", Theodore Dodge
"Alejandro de Macedonia, 356-323 a . C.". Peter Green
en.wikipedia.org
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Alejandro Magno: Queronea y la pacificación de Tracia, Iliria y Grecia

Antes de enfrentarse al Imperio Persa Aqueménida, el joven rey macedonio debía demostrarle a sus súbditos y al resto de sus contemporáneos que “el hijo de un león, es león”. Por eso mismo su padre lo había preparado con esmeró en Mieza, bajo la supervisión de Aristóteles, y le había asignado ya funciones como co-gobernante del reino mientras él dirigía al ejército contra sus enemigos. Pero también debía prepararlo para el campo donde todo rey de Macedonia debía destacarse por entre sus hombres, la guerra.



A continuación describimos las batallas en las que participó primero como príncipe y luego como rey antes de cruzar el Egeo con rumbo a Asia.

⚔️ QUERONEA ⚔️

En 338 a. C. a los 18 años, Alejandro acompaña a su padre en la batalla que decidirá la hegemonía sobre toda la Helade. En la llanura beocia los macedonios se enfrentan a la coalición griega encabezada por las aún poderosas polis de Atenas y Tebas, un bocado quizás demasiado grande para el rey Filipo.

Numéricamente, las fuerzas enfrentadas estaban bastante equilibradas, con una ligera ventaja por parte de la coalición griega. Pero la diferencia fundamental consistía en que mientras el ejército macedonio estaba compuesto por soldados profesionales, las tropas de la coalición se basaban en el típico ejército de ciudadanos-soldado, muchos de ellos, sobretodo los atenienses, con poca experiencia en la guerra.

En principio, los griegos eligieron bien su posición inicial. Su línea de batalla se extendía unos tres kilómetros a lo ancho de la llanura de Queronea, desde el monte Turión hasta la orilla del río Cefiso, en una posición ligeramente elevada sobre la línea de batalla macedonica. De este modo trataban de aprovechar la fortaleza de su posición defensiva y también anular la superioridad de su enemigo en cuanto a caballería. Los tebanos ocuparon el flanco derecho griego, colocando en el extremo de la línea al Batallón Sagrado, la élite del ejército, que en el 371 a. C. había destrozado a los anteriormente invencibles espartanos en la batalla de Leuctra. Los atenienses ocupaban el flanco izquierdo, y el resto del contingente griego y las tropas mercenarias ocupaban el centro de la linea.

En cuanto a los macedonios, Filipo sabia que la mayor amenaza eran los tebanos. Estos habían roto su alianza con Macedonia para colocarse al lado de Atenas y eran los que más tenían que perder en caso de ser derrotados. El rey llegó a la conclusión de que la manera más rápida y económica de lograr la victoria era derrotar primero a los inexpertos, aunque muy motivados, atenienses, antes de que los tebanos tuviesen tiempo de desplegar su experiencia en batalla.



El rey se colocó a la derecha de la línea macedonia. Al mando de su infantería pesada de élite, los hipaspistas, con una fuerza de infantería ligera peltasta protegiendo su flanco. En el centro, Filipo dispuso a su falange, en formación escalonada, con la orden de que se mantuviera a la expectativa y en la izquierda, de cara a las fuerzas tebanas, la posición de mayor peligro, coloco a la caballería pesada, al mando de su hijo Alejandro apoyado también por infantería con la misión de impedir el avance de sus enemigos en ese flanco.

El primer movimiento lo realizaron los macedonios. El ala derecha dirigida por Filipo busco el contacto inmediato. Los hipaspistas chocaron con la falange ateniense, obligando al centro griego a moverse ligeramente hacia la izquierda. Estratocles, al mando de las tropas griegas del flanco izquierdo, ordenó a sus hombres aprovechar su posición más ventajosa contra los macedonios, que empezaron a retroceder. Pero no era una retirada, sino un movimiento táctico perfectamente estudiado. Los hipaspistas se movieron hacia atrás, paso a paso, manteniendo bajo control a los atenienses, que animados por lo que creían ya una victoria segura comenzaron a avanzar irreflexivamente abandonando su posición y obligando a los aliados griegos del centro a extender sus líneas para no partir en 2 su frente.

En el flanco izquierdo macedonio, Alejandro ordenó a su caballería y a su infantería hostigar a los tebanos pero sin llegar a chocar con ellos, esperaba con esto impedir un avance coordinado de toda la línea griega. Pero los tebanos, mucho más experimentados que sus aliados (conocían las ventajas que les daba su posición elevada) no se movieron y aguantaron los ataques ordenados por el príncipe. En ese momento, el desordenado avance ateniense abrió una brecha entre los aliados griegos lo suficientemente grande para permitir el ataque de la falange, que al ver la oportunidad avanzo con las sarissas en ristre y prácticamente barrio a los hoplitas que apresuradamente trataban de cubrir la posición.

Filipo, informado de la acción de su falange, ordenó a los hipaspistas detener su fingida retirada y cargar sobre ellos aprovechando que ahora tenían el terreno a su favor. La línea ateniense, desorganizada a causa de su propia carga anterior, se rompió y comenzó a huir. Los macedonios mataron a 1.000 atenienses e hicieron el doble de prisioneros. Mientras tanto, en la derecha griega, ya solo combatían los tebanos. Alejandro a la cabeza de su caballería flanqueo a sus rivales y ataco al Batallón Sagrado por detrás, de los 300 soldados que lo conformaban solo sobrevivieron 46.



Filipo podría haber convertido la huida de los griegos en una auténtica masacre, pero no lo hizo. En vez de mandar a su caballería en persecución de los fugitivos, ordenó liberar a los prisioneros atenienses sin pedir ningún rescate, colocó a sus muertos en una pira funeraria y envió las cenizas a sus familiares en Atenas. Con los prisioneros tebanos no tuvo Filipo tanta consideración.

De esta manera los griegos perdieron su independencia política, Filipo consiguió imponer su hegemonía sobre toda la Helade y Alejandro demostró sus dotes de mando contra un rival que había sido invicto hasta ese momento.

⚔️ DEL DANUBIO A ILIRIA ⚔️

Al morir su padre, Alejandro tenía veinte años. Necesitaba no sólo exigir el trono de Macedonia, como heredero que era, sino demostrar que era lo bastante enérgico como para conservarlo. El entusiasmo por Filipo después de la batalla de Queronea decayó pronto y la noticia de su muerte causó alegría en varias ciudades griegas, pues se creía que, como pasó en Tebas a la muerte de Epaminondas, en Macedonia, la hegemonía se cimentaba en un solo hombre. Deseaban ver qué sucesor dejaba Filipo. Si era indigno de su padre, no debían contar ya con la hegemonía de Macedonia. De pronto, Alejandro se apareció en Beocia con su ejército antes de que los griegos pudieran hacer algo para evitarlo. La idea de separarse de Macedonia desapareció de inmediato.

Después, el joven rey convocó en Corinto a los legados de la Confederación Helénica y les hizo confirmar la hegemonía macedónica; sólo se negaron los espartanos, como siempre. Alejandro declaró que haría suyo el proyecto de su padre: vencer a Persia. Pero antes de emprender la lucha quiso asegurar su retaguardia. Al oeste de Macedonia vivían los ilirios y al este los tracios, que nunca fueron buenos vecinos. Cuando supieron la muerte de Filipo, empezaron a movilizarse.

En la primavera de 335 a. C. Alejandro avanzó hacia Tracia para enfrentarse a la revuelta liderada por los tracios tribalos. Los macedonios fueron reforzados en el camino por los agrianos, una tribu tracia bajo el mando de su rey Langaro, amigo de Alejandro, después llegaron a los Montes Haemus, donde se encontraron con un ejercito tracio que se encontraba en las alturas dispuestos a impedirles el paso. Los tracios habían construido una empalizada con carretas, que tenían la intención de lanzar sobre los macedonios que se aproximaban. Alejandro ordenó a su infantería pesada marchar en formación suelta y, cuando les fuesen arrojados los carros, abrir las filas o tumbarse en el suelo con sus escudos sobre ellos. Los arqueros y la infantería ligera cubrieron la subida y cuando llegaron a la cima de la montaña, derrotaron a los tracios. Tratando de aprovechar que el grueso del ejército macedonio se encontraba en el corazón de Tracia, un potente ejército tribalo dirigido por su rey, Sirmio, avanzó hacia una desprotegida Macedonia. Pero Alejandro fue más rápido. Cuando los bárbaros avanzaban por un desfiladero, fueron rodeados por la infantería ligera de Alejandro. En campo abierto, fueron aplastados por la infantería y la caballería macedonia, dejando 3.000 muertos. El rey Sirmio emprendió la huida y se refugió en la isla Peuce en el Delta del Danubio donde fue perseguido por Alejandro. Los intentos por capturar la isla fracasaron debido a la rápida corriente del río, las orillas empinadas y la feroz defensa. Finalmente, los macedonios abandonaron sus ataques contra Peuce y en su lugar cruzaron al territorio de los getas. Una fuerza de 4.000 infantes y 1.500 jinetes cruzó el río, para asombro del ejército geta de 14.000 hombres. Después de una encarnizada batalla los getas abandonaron los márgenes del Danubio y se retiraron más al norte donde Alejandro no podía seguirlos. Al ver la derrota de sus aliados, el rey tribalo reconoció la autoridad de Macedonia.



Mientras tanto en Iliria los reyes Clito de Dardania y Glaucias de los taulantianos habían capturado el asentamiento macedonio de Pelión, importante enclave que daba acceso a la alta Macedonia. Apurado por los acontecimientos que parecían estallar en cualquier momento en Grecia, Alejandro abandono Tracia y se enfrentó inmediatamente a sus rivales consiguiendo recapturar el enclave gracias a su habilidad para disponer de su infantería ligera y sus auxiliares agrianos. Después de recibir la rendición de los ilirios por fin podía atender la amenaza que se le venía encima desde Grecia.

En esta primera campaña, Alejandro puso de manifiesto aquel talento de estratego que le convertiría en el conquistador de Asia. Nada dejó al azar en sus preparativos y recompensas, rara cualidad en un hombre tan impulsivo y ardoroso. Sacó todo el partido posible del terreno, desconcertó a sus adversarios con la rapidez de sus maniobras y, cuando convino, lanzó todo su ejército en un ataque masivo. Las operaciones de Alejandro en los Balcanes causaron tanto temor entre las tribus barbaras insumisas, entre ellos los celtas, que le enviaron presentes y embajadas, solicitando una paz que Alejandro otorgó.



LA DESTRUCCIÓN DE TEBAS

Poco antes de terminar su campaña en el norte, Alejandro se enteró de una peligrosa revuelta promovida en Grecia a consecuencia del rumor de que había sido herido de muerte y su ejército destruido. Una vez más, las poblaciones griegas se aprestaron a luchar por su libertad. Los tebanos proclamaron su independencia y asediaron a la guarnición macedónica de la ciudadela. Por doquier se extendió el rechazo a los macedonios. La rebelión, amenazadora a la muerte de Filipo, estallaba ahora con violencia. El Gran Rey persa supo incitar a los tebanos a la rebelión ofreciéndoles dinero abundante. Luego, el recuerdo de Pelópidas y Epaminondas reanimó su valor. Sin embargo los rebeldes pronto vieron que Alejandro vivía aún, al aparecer éste con su ejército ante los muros de Tebas.

Alejandro prometió perdonar a la ciudad y renovar el tratado de paz si le entregaban a los instigadores. La respuesta fue más que altiva: los tebanos exigían que Alejandro les entregase a sus prisioneros tebanos. Además, invitaron a todos cuantos querían liberar a Grecia a unirse a ellos y al rey persa. Alejandro no pudo perdonar tal réplica y el horror de la guerra se abatió sobre Tebas y sus habitantes. Fue una lucha cruel y sangrienta. Los macedonios estaban furiosos por la tenaz resistencia tebana, pero las tropas enviadas contra Tebas por las demás regiones griegas y pueblos de Beocia (sobretodo Platea y Tespias) se mostraron aún más inhumanas. Ansiaban vengarse de Tebas y de todo cuanto su orgullo les había hecho sufrir una generación antes. Ningún tebano capaz de sostener un arma pidió la paz. Cuando el combate entre los falangistas macedonios y los hoplitas tebanos llegaba a su punto máximo, un error tebano provoco que los macedonios capturasen una de las puertas que daba acceso a la ciudad y lo que ocurrió después fue una autentica tragedia.



Ciegos de odio, los griegos aliados de Alejandro no perdonaron ni a los no combatientes, a quienes mataron incluso en los templos, y exigieron que Tebas fuera arrasada y que el resto viviente de sus habitantes —hombres, mujeres y niños— fueran vendidos como esclavos. Alejandro accedió a sus deseos. Sólo la mansión de Píndaro y los descendientes del poeta fueron perdonados por él, en homenaje admirativo al gran poeta que cantara a los ancestros del gran macedonio. La ciudad de Epaminondas y de la "falange sagrada" desapareció de la tierra. Nada semejante había ocurrido nunca en una ciudad griega.

Fue un acto cruel y que no calza con la personalidad de Alejandro, pero también fue un acto eficaz, ya que ninguna ciudad griega se rebelaría contra el poder de Macedonia, a excepción de Esparta, mientras Alejandro viviera.

Ahora sí, con una Grecia pacificada y sus fronteras seguras, el joven rey podía embarcarse en su tan añorada empresa asiática... que seguiremos en otro post.

📚 Bibliografía: 
"Historia Universal", tomo III, Carl Grimberg
"El Imperio Macedonio, las guerras bajo Filipo y Alejandro", James R. Ashley
"Alejandro", Theodore Dodge
"Alejandro de Macedonia", Peter Green
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El Juego de Tronos Macedonio - Parte 2

Solucionados, al menos momentáneamente, los problemas surgidos en Babilonia a la muerte del rey y hecha la repartición de las satrapías entre los principales generales del imperio, quedaban aun 2 asuntos pendientes de resolver y que ameritaban inmediata atención.


En primer lugar, en Grecia, el regente Antipatro había conseguido mantener la paz por casi una década, pero la muerte del rey y la llegada a Grecia de más de 10 mil mercenarios desempleados desde Asia, así como la reaparición de Demóstenes, consiguieron convencer a la mayoría de polis griegas que era momento ideal para quitarse de encima el yugo macedonico. Reuniéndose bajo el mandato de Atenas y la Liga Etolia, el ejército griego dirigido por Leostenes expulsó a las guarniciones macedonicas y sitió a Antipatro en la ciudad tesalia de Lamía, desde donde el regente solicitó ayuda a Babilonia. 

En segundo lugar, en las fronteras orientales del imperio, más precisamente en Bactria y Sogdiana, los mercenarios griegos del ejército de Alejandro que habían sido asentados como colonos en las ciudades fundadas por el rey, exigían su retorno a Grecia cansados de vivir en un territorio tan alejado y peligroso. Considerándose a sí mismos como exiliados, consiguieron formar un ejercito de más de 20.000 hombres que amenazaban con volver a casa por la fuerza.

Contra estás 2 amenazas, el regente Pérdicas, se puso inmediatamente manos a la obra. Para apoyar a Antipatro ordenó a Cratero y Leonato dirigir un ejercito y una flota de refuerzo. Mientras hacía Bactria sus planes eran otros.

SOMETIMIENTO DEL LEVANTAMIENTO EN BACTRIANA

Pérdicas reunió un ejército formado íntegramente por macedonios pero elegidos al azar (porque eran reacios a regresar a las tierras de la Alta Asia) y por tropas orientales reclutadas en las distintas satrapías, cuando Alejandro aún vivía. Encargó a Peitón, sátrapa de Media, que terminase con la insurrección y diese un castigo ejemplar a los rebeldes.

El sátrapa de Media se presentó con su ejército frente a los colonos griegos y utilizó la negociación para convencerlos de dejar las armas y ponerse de su lado en un futuro cercano. Desobedeciendo con esto las órdenes de Pérdicas, quien le había ordenado exterminar a los insurgentes, aceptó su rendición y ordenó a sus tropas que volvieran a su campamento. Los soldados macedonios no respetaron lo pactado por su jefe por lo que arremetieron y masacraron a todos los colonos, con la intención de hacerse con el botín prometido por Pérdicas. Bactria fue confiada entonces al sátrapa de Aria y Drangiana, el chipriota Estasanor de Soli, quien se hizo así con un vasto territorio mientras Peitón debió conformarse con una magra felicitación y el retorno a su sátrapia.

LA GUERRA LAMIACA

Movimientos realizados durante la Guerra Lamiaca
Mientras tanto en Grecia, sin esperar a Cratero, Leonato dirigió al ejército macedonio que se enfrentó a los griegos y liberó a Antipatro, muriendo sin embargo en un enfrentamiento con la caballería tesalia. Reforzado su ejército, con las tropas del difunto Leonato, el viejo general regreso a Macedonia para esperar la llegada de Cratero, que no podía cruzar a Europa al estar bloquedo por la flota ateniense.

Tuvieron que pasar algunos meses para que la flota macedonica de Clito destruyese por completo a la ateniense en el combate de Amorgos (este combate marco el fin de la talasocracia ateniense), liberando con esto el paso para que Cratero lleve su poderoso ejército de veteranos hacia Macedonia, dónde fue nombrado por Antipatro como su segundo al mando y convirtiéndose en su yerno al casarse con su segunda hija, Phila.

Los macedonios se movilizaron hacia Tesalia con cerca de 30.000 hombres dónde eran esperados en la llanura de Cranon por los griegos, dirigidos ahora por Antifilo. La batalla no fue decisiva, el duelo de caballerías acabo en un empate pero la infantería griega sufrió más bajas que su rival y eso, dada la superioridad numérica de los macedonios, era determinante.

Antipatro utilizo su astucia e invito a los griegos a entablar negociaciones, pero no como una sola entidad sino les informo que negociaría con cada ciudad por separado, rompiendo con esto la unidad de los griegos. Únicamente los etolios permanecieron en rebelión pero antes de someterlos el regente no quería perder más tiempo porque amenazas más importantes asomaban desde oriente.

El regente había acordado con anterioridad la entrega de la mano de su hija Nicea a Pérdicas; así tendría a los 2 generales más poderosos del imperio como yernos. Además, el viejo zorro también hizo propuestas a Ptolomeo, ofreciéndole su hija menor, Eurídice. Antípatro esperaba que está política de enlaces traería la paz, pero Olimpia la madre de Alejandro y Eumenes de Cardia tratarían de desbaratar sus planes.

EL INCIDENTE DE CINANE

Tenía Alejandro una media hermana llamada Cinane, hija de Filipo con una noble iliria, que había sido anteriormente esposa del príncipe Amintas (heredero legítimo al trono pero asesinado por orden de Alejandro al ocupar el trono) y tenía de él una hija, Eurídice.

Al enterarse Cinane que su medio hermano Filipo Arrideo había sido proclamado rey decidió actuar y comprometió al nuevo monarca con su hija, esto en contra de los planes de Pérdicas, que temía perder su control sobre el débil monarca.

Antipatro trato de impedir la partida de las 2 nobles, pero la sola presencia de la hija de Filipo bastó para que las tropas macedonicas enviadas por el regente se retirasen. Cruzaron el helesponto y avanzaron por el camino real con rumbo a Babilonia hasta que se encontraron con las tropas enviadas por Pérdicas, dirigidas por su hermano Alcetas. Este tenía la orden de impedir el avance de la comitiva pero la obstinación de Cinane, o bien una orden de Pérdicas, hizo perder la paciencia a Alcetas que asesino a Cinane a sangre fría.

La noticia de la muerte de un miembro de la familia real cayó como un balde de agua fría sobre todos los Diadocos que ahora podían ver hasta dónde podía llegar la ambición de Pérdicas, esté al darse cuenta del error cometido permitió que Eurídice se case con Filipo Arrideo y organizo un funeral real para Cinane.

LA 1ERA GUERRA DE LOS DIADOCOS

Después de ocurridos los sucesos descritos anteriormente, Pérdicas de forma unilateral se auto proclamó Prostates (Encargado), cargo que legalmente correspondía a Crátero. Pero no sería la única gota que derramó el vaso, poco antes de la muerte de Cinane, la reina Olimpia le ofreció la mano de Cleopatra, hermana de Alejandro (de la que estaba profundamente enamorado), con lo cual su posición estaría completamente reforzada como miembro de la familia real.

Anuló su compromiso con la hija de Antipatro y envío a Olimpia su aceptación al compromiso con Cleopatra, pero el haber permitido el matrimonio de Filipo Arrideo con Eurídice echo por los suelos sus planes ya que Olimpia detestaba a la nueva reina y retiro su propuesta. Pérdida soga y cabra, Pérdicas ordenó a Eumenes y Alcetas que tomaran posesión de las sátrapias del Asia Menor, requirió a Antígono su presencia en Babilonia para dar cuenta de su administración en Frigia y se puso a la cabeza de su ejército para completar la conquista de Capadocia.

Antígono no se lo pensó dos veces y en vez de ir a Babilonia se embarcó rumbo a Macedonia para advertir a Antipatro y Cratero del peligro que empezaba a representar Pérdicas. De esta manera se formó una coalición contra él formada por Antípatro, Crátero, Antígono, Lisímaco y Ptolomeo, quedándole tan solo el apoyo de Peiton, Seleuco y Eumenes de Cardia, que era el único general no macedonio y que había sido secretario de Alejandro.

Pérdicas y el ejército habían dejado Babilonia, para irse de campaña hacia Asia Menor, desde donde se temía se dirigiría a Macedonia con la excusa de acompañar el cuerpo de Alejandro. En la capital imperial había dejado a cargo de la construcción del catafalco,  para llevar el cuerpo del rey a su distante tumba en Macedonia, a un oficial llamado Arrideo. El magnífico carruaje funerario tardó casi un año en estar listo.

Por fin la comitiva fúnebre salió de Babilonia a primeros días de septiembre del 322 a. C., hacia Siria. Pero ahí, Arrideo hizo un acuerdo con Ptolomeo, y condujo la procesión en dirección sur hacia Egipto, cuando se aproximaba a Damasco, en vez de ir al norte hacia Macedonia, el catafalco era enorme y estaba tirado por 64 mulas e iba acompañado por una escolta.

Comitiva transportando el cuerpo de Alejandro
Pérdicas recibió esta noticia con casi una semana de retraso e inmediatamente mandó un contingente de caballería, bajo las órdenes de los comandantes Átalo y Polemón, para que persiguieran a la comitiva. Podrían haber capturado al lento catafalco, pero Ptolomeo había ido al norte con su ejército para escoltarlo, así que los hombres del regente fueron rechazados.

Una vez en Egipto, Ptolomeo enterró temporalmente el cuerpo de su viejo amigo, en Menfis, la capital de su satrapía. Con el tiempo, lo trasladaría a una elaborada tumba que construiría en su nueva capital de Alejandría, en la desembocadura del Nilo; una ciudad entonces en construcción.

En Grecia, Antípatro y Crátero se pusieron en marcha hacia el Helesponto; mientras Antigono los esperaba al otro lado del mar, para abrir otro frente en la guerra que estaba por comenzar. Pérdicas espera a la primavera en Cilicia, para volver y marchar sobre Ptolomeo. Y Ptolomeo estaba contratando mercenarios y reuniendo sus fuerzas en previsión de desafiar el poder del regente.

Pérdicas estaba ahora entre dos frentes, había decidido marchar primero contra Antípatro, pero la captura del catafalco lo puso furioso y decidió atacar primero a Ptolomeo, que además le enfrentaría solo.

Lo primero que hizo fue enviar a la flota real bajo el mando de Clito el Blanco con instrucciones de patrullar el Helesponto y evitar el cruce de las fuerzas de Antipatro. También dio el mando de las fuerzas de Anatolia a Eumenes, y él con el resto de fuerzas se dirigió a Egipto.

GUERRA EN EGIPTO Y MUERTE DE PÉRDICAS

Pérdicas inició la marcha desde Cilicia a Damasco para atacar Egipto en la primavera del 321 a. C. Sin embargo, fracasa en el ataque contra Pelusio y en su intento de forzar el cruce del Nilo (Ptolomeo había destruido todos los puentes), teniendo como consecuencia enormes pérdidas entre sus propias tropas, que se estima en 2.000 hombres.

El ejercito de Pérdicas tratando de cruzar el Nilo 
Estos acontecimientos ademas del carácter ambicioso y petulante del regente provocaron que surjan disensiones dentro de su estado mayor. Fue así como sus propios oficiales Antígenes, Peitón y Seleuco asesinaron a Pérdicas y ofrecieron la regencia a Ptolomeo, quien la rechazó cortésmente. Aun así aprovisionó de nuevo al ejército y lo envió de vuelta al norte con algunos de sus hombres en mando conjunto.

GUERRA EN ASIA MENOR Y MUERTE DE CRATERO

Mientras tanto en Europa, Clito el Blanco se pasó al enemigo, permitiendo el cruce de los ejércitos de Antípatro y Cratero. En la primavera de 321 a. C., Antígono tenia sus tropas en Éfeso, mientras que Antípatro y Crátero atravesaron el Helesponto.

Eumenes tuvo que abandonar Frigia, refugiándose en su satrapía de Capadocia, comunica a Pérdicas del desembarco pero este decide invadir Egipto, con el fin que ya hemos visto. Eumenes se entera de la muerte de su aliado así que reúne en ese momento el mando de los ejércitos de Asia menor, que están en esta época bajo control de Alcetas, hermano de Pérdicas, y de Neoptólemo, sátrapa de Armenia. Esto puso en aprietos a Eumenes, pues Alcetas rehúsó colaborar, y se replegó a Pisidia. El motivo es que sus soldados “sentían vergüenza de combatir contra Antípatro, y no tenían más que buenos sentimientos hacia Crátero”. Por su parte, Neoptólemo, no mostró nunca consideración hacia Eumenes, por su origen griego, y aceptó las propuestas de alianza de Antípatro, retirando gran parte de la falange macedonia. Eumenes recibió a los embajadores del regente de Macedonia, pero rechazo toda posibilidad de llegar a un acuerdo.

Interceptó a Neoptólemo en la Frigia helespóntica en abril de 321 a. C. consiguiendo la victoria y reforzando su infantería con un fuerte contingente de jinetes capadocios. Eumenes se apoderó además de los bagajes de la falange, que terminó por aliarse con él. Neoptólemo consiguió escapar, con un pequeño contingente de jinetes y se refugió con Crátero.

Antípatro trató, sin éxito nuevamente, de concluir una alianza con Eumenes, por lo que se decidió que Crátero y Neoptólemo marchasen contra él, mientras que Antípatro debía llegar a Cilicia.

Cratero era probablemente el mas apto y digno de entre los generales macedonios
Las fuerzas de Cratero avanzaron por el centro de Anatolia, mientras que Antípatro con las suyas marcho hacia las puertas Cilicias para cortar la retirada de Eumenes e impedir que recibiese refuerzos.

Las fuerzas de Crátero y Eumenes se encontraron en algún punto de Anatolia, y ambas fuerzas desplegaron para la batalla.

Eumenes situó su caballería pesada de Capadocia, 5.000 hombres, en su ala izquierda mandada por Farnabazos hijo Artabazos, cuñado de Eumenes; enfrente de donde Crátero estaría dirigiendo su ala derecha con su caballería que disponía de menos efectivos, con la finalidad de que acabaran con él lo antes posible.

Eumenes se situó en el ala derecha, con sus 300 Agema o guardia, en frente estaba Neoptolemo y situó en el centro su infantería ( 20.000 infantes de todas las razas, de los cuales entre 3.000-5.000 eran falangistas macedonios)

Crátero había dispuesto su ejército para la batalla como Eumenes había previsto: él en el ala derecha con 2.000 jinetes. En el centro la infantería unos 20.000 mayoría falangistas macedonios apoyados por peltastas. Neoptolemo en el ala izquierda con sus 300 Agema.

Crátero tenía una infantería superior, pero para su desgracia su caballería era inferior.

El ataque lo comenzó inmediatamente Eumenes para impedir que Crátero tuviera oportunidad de convencer a sus hombres de pasarse de su lado, cosa que era harto probable, atacando por ambas alas con su caballería, dejando la infantería detrás. Crátero se encontró con una formación cerrada de jinetes pesados que cargó contra él. Las dos masas de caballo cargaron con un choque atronador. Plutarco dice que las lanzas se rompieron rápidamente, y los oponentes pusieron el uno del otro con espadas. Crátero, que se había quitado el casco, para no ser reconocido fácilmente, cayó del caballo pero los capadocios para los que no importaba un comino quien era; dieron cuenta de él, siendo pisoteado sin que fuera reconocido.

Al mismo tiempo, en el ala opuesta, Eumenes y Neoptolemo condujeron a sus respectivas agemas de 300 jinetes a la carga, retirándose y cargando de nuevo varias veces. Eumenes vio a su enemigo y se dirigió contra él; sus respectivas agemas se retiraron, para ver el duelo y cuyo resultado iba a decidir la contienda.

Tras varios lances, Neoptolemo resultó gravemente herido, y todavía conserva su espada en la mano. Reuniendo las pocas que le quedaban, clavó la hoja en la ingle de Eumenes por debajo de su coraza. pero estaba demasiado débil para infligir una herida de muerte, y Eumenes sólo quedó herido. Allí mismo murió Neoptólemo.

Duelo entre Eumenes y Neoptolomeo
Se cuenta que el griego se ensañó con el cuerpo de su enemigo derrotado y lo maldijo por haberlo obligado a matar a uno de sus más queridos amigos, Cratero, probablemente el hombre que debió heredar el imperio.

Cuando la infantería de Crátero supo de la muerte de sus dos comandantes, detuvieron su avance. Eumenes, aunque debilitado por sus heridas, montó delante de ellos y los convenció para que cesase la lucha y para unirse a él. Sin embargo, durante la noche levantaron el campamento y se marcharon para unirse a Antípatro en Cilicia.

PACTO DE TRIPARADISO

En Egipto, la noticia de la victoria Eumenes y la muerte de Crátero llegó demasiado tarde para ayudar a Pérdicas; esta noticia llegó al campamento sólo dos días después de su asesinato.

La Primera Guerra de los Diádocos había llegado a una fea conclusión: Pérdicas y Crátero estaban muertos. Sabiendo de la marcha del ejército de Egipto, Antípatro marchó al sur de Cilicia para enfrentarse a ellos. Los dos ejércitos se encontrarían en un lugar llamado Triparadiso, en el norte de Siria.

Los generales macedonios en vez de combatir, se reunieron para realizar un nuevo reparto de poder. Antípatro fue elegido como nuevo regente. Una de sus primeras decisiones fue enviar a los dos reyes a Macedonia, con lo cual trataba de demostrar que en esa región se encontraba el verdadero poder. A cambio, Antígono y Casandro serían los jefes (Estrategos) de los ejércitos, mientras que Ptolomeo y Lisimaco quedaron al cargo de sus respectivos gobiernos territoriales, Egipto y Tracia respectivamente, así mismo Seleuco obtenía la satrapía de Babilonia, era el año 321 a. C. solo 2 años después de la muerte del rey.

Los generales macedonios condenaron a muerte a Éumenes, el consejo decidió que Antípatro y Antígono deberían llevar a cabo la sentencia. Éumenes, enterado por uno de sus oficiales, huyó a Nora, una poderosa fortaleza en la frontera entre Capadocia y Licaonia, donde permaneció más de un año, hasta que la muerte de Antípatro descontroló a sus enemigos. Logró, pues, escapar de Nora, pero perdió su satrapía.

Mapa del imperio después del tratado de Triparadiso 
Antipatro moriría poco tiempo después en el 319 a. C. tras su muerte surgirían dos candidatos a ocupar el puesto de regente, las luchas volverían a teñir de sangre el Mediterráneo oriental y el imperio terminaría de fracturarse para siempre, pero eso va en el próximo post.
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