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Jantipo el espartano vencedor de los romanos ⚔

Jantipo de Lacedemonia, también conocido como Jantipo de Cartago, fue un general mercenario de origen espartano empleado por Cartago durante la Primera Guerra Púnica. Dirigió al ejército cartaginés en la exitosa defensa de sus posesiones africanas, entrenando previamente a los soldados púnicos hasta alcanzar un nivel profesional con lo que pudieron derrotar a los romanos en la Batalla de Bagradas o Túnez, destruyendo a la fuerza expedicionaria romana y capturando al cónsul romano Marco Atilio Regulo en el 255 a. C.

Jantipo, ilustración de Kirill Kanaev.

Diodoro nos dice que Jantipo era el líder de una pequeña banda de mercenarios espartanos reclutados por Cartago durante la guerra. Polibio añade que llamó la atención de los líderes cartagineses cuando criticó el comportamiento de sus generales, argumentando que eran ellos, y no los romanos, los que habían habían causado la debacle cartaginesa. La élite de Cartago alarmada por las recientes derrotas de sus generales nativos, hizo caso a sus palabras y lo pusieron al mando de su ejército. A pesar de la preocupación inicial entre los cartagineses de que Jantipo no estaría a la altura de la tarea, éste seria capaz de transformar al ejército cartaginés, conformado en su mayor parte por ciudadanos, ya que la mayoría de mercenarios se hallaba en Sicilia, en una moderna fuerza de combate acorde a los métodos de batalla helenísticos y sobretodo influyendo de confianza en sus hombres convenciéndolos que podían enfrentarse de igual a igual con los temibles legionarios romanos.

Como soldado mercenario de experiencia, Jantipo además de enseñar nuevos métodos de combate le dio confianza en sí mismo al infante púnico.

Polibio atribuye a Jantipo la creación del moderno despliegue cartaginés a partir de la batalla de Túnez (Bagradas). Colocó a los ciudadanos en el centro en formación de falange, con los mercenarios sosteniendo el flanco derecho. Dispuso que los elefantes fueran colocados "a una distancia adecuada" por delante de la falange, y su caballería en las alas con el apoyo de más infantería mercenaria, donde pudieron usar su superioridad numérica para abrumar a sus homólogos romanos y atacar los flancos romanos. Como sabemos la batalla termino en una aplastante victoria púnica con casi todas las fuerzas enemigas destruidas.

Batalla de Bagradas o Túnez. Los elefantes del ejército púnico hacen estragos en las líneas romanas.

Después de su victoria, Polibio dice que Jantipo navegó a Grecia. Diodoro en cambio da cuenta de su muerte. Según él, después de la batalla de Túnez (Bagradas), Jantipo fue enviado a Sicilia para defender la ciudad de Lilibeo, que era asediada por los romanos. Inspiró coraje y dirigió un ataque derrotando a los sitiadores. Celosos de su éxito, y creyéndose liberados de la amenaza romana, los senadores cartagineses lo licenciaron y le dieron un barco que supuestamente se hundió en el mar en su viaje a casa. John Lazenby argumenta que esta historia es completamente inverosímil, afirmación respaldada por el informe de un Jantipo siendo hecho gobernador de una provincia recién adquirida por Ptolomeo Evergetes de Egipto en 245 a. C. Además, está respaldado por la afirmación de Polibio de que Jantipo regresó directamente a Grecia en lugar de detenerse en Lilibeo.

Silio Italico afirma que tres hijos de Jantipo, llamados Jantipo, Eumaco y Critias, sirvieron bajo el mando de Aníbal como soldados mercenarios de caballería y murieron en la Batalla de Ticino.
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Anibal Barca, el enemigo de Roma


En cierta ocasión estaban charlando Escipión y Aníbal, en un gymnasium en Efeso, sobre el oficio de general en presencia de muchos, y, al preguntar Escipión quién le parecía que era el mejor general de la historia, Aníbal le dijo: “Alejandro de Macedonia”. Escipión asintió al respecto, al considerar también el mejor a Alejandro, y le volvió a preguntar quién sería el segundo, después de Alejandro. Aníbal respondió, “Pirro de Epiro, pues no es posible encontrar a nadie más sumamente valeroso que estos dos reyes”. Aunque a Escipión esto ya le molestó, aun así volvió a preguntar a quién le concedería la tercera posición, esperando con certeza que al menos le eligiese en tercer lugar. Pero Aníbal dijo, “A mí mismo, pues siendo todavía un jovenzuelo conquisté Iberia y fui el primero, después de Hércules, en cruzar los Alpes con un ejercito. Y tras invadir Italia, sin que ninguno de vosotros tuviese valor para impedírmelo, arrasé vuestras ciudades y, en numerosas, os coloqué la lucha a las puertas de la misma capital, sin recibir ayuda económica ni militar de Cartago”. Como Escipión veía que Aníbal no paraba de elogiarse, dijo riéndo: “¿Dónde te pondrías a ti mismo, Aníbal, si no hubieras sido derrotado por mí?”. Aníbal dijo, al percibir el resquemor de Escipión, “Yo por mi parte me pondría a mí mismo por delante de Alejandro”. Esta respuesta, dicha con aquella astucia cartaginesa y a modo de sorprendente halago, impresionó a Escipión, pues lo había colocado aparte del resto de generales, como si no admitiera comparación.

ANÍBAL BARCA


Hijo del también celebre general cartaginés Amílcar Barca, nació en Cartago el año 247 a. C. en plena Primera Guerra Púnica, de madre ibérica fue el mayor de 3 hermanos con los cuales años mas adelante emprendería la empresa militar que lo convertiría en leyenda. A los 11 años, su padre se lanzo a la conquista de la península ibérica para de esa manera tratar de recuperar el poder que Cartago había perdido luego de su derrota ante Roma, cuenta la leyenda que el pequeño Aníbal solicito a su padre permiso para acompañarle, a lo que este acepto con la condición de que su hijo jurase odio eterno a Roma, cosa que hizo. Ya en campaña, inicio su entrenamiento militar primero bajo el mando de su padre y después como segundo al mando de su cuñado Asdrúbal.


En 221 asumió la comandancia del ejercito púnico en Iberia, pese a la oposición de parte del Senado cartaginés y gracias a su popularidad entre las tropas, en los siguientes 2 años consolido la hegemonía de Cartago sobre las tribus hispánicas y con eso cumplió los objetivos trazados por su padre. Su ciudad era nuevamente rica y poderosa, lo cual provoco alarma en la vieja enemiga Roma. En 219 tomo la decisión de cobrarse la revancha dando inicio a la Segunda Guerra Púnica, conquisto y destruyo la ciudad de Sagunto pese a las advertencias de Roma, y en la primavera del 218 emprendió con su ejercito la famosa expedición a través de los Alpes para llevar la guerra a la misma Italia.


Después de una serie de espectaculares victorias que se coronaron con la destrucción de 16 legiones romanas en Cannas, no pudo doblegar a Roma y tampoco emprender un ataque directo contra la poderosa ciudad por la falta de material de asedio y la escasez de hombres. Así, sin apoyo de Cartago, por casi 15 años se paseo por toda Italia casi invicto. Pero las derrotas cartaginesas en los otros teatros de la guerra, le obligaron a regresar a África para tratar de salvar a la ciudad del ejercito enemigo. En 202 los romanos comandados por Publio Escipión se cobraron la revancha y derrotaron a Aníbal en los campos de Zama, poniendo con eso fin al conflicto y colocando a Cartago prácticamente en situación de vasallaje.



Abandonando todo sueño de crear un poderoso imperio, consiguió ser elegido Sufete por el Senado cartaginés, puesto en el cual trabajo para devolverle algo de su esplendor, ganándose con sus medidas la animadversión de la clase oligárquica. Siete años después de Zama, sus enemigos políticos consiguieron las pruebas suficientes para acusarlo de preparar una nueva guerra contra Roma, la cual alarmada exigió su entrega inmediata. Aníbal entonces huyo a oriente, primero a la metrópoli de Cartago, Tiro, y luego a Efeso donde se reunión con el poderoso rey seléucida Antioco Megas, que de inmediato lo convirtió en su asesor militar. Al estallar la guerra entre los romanos y Antíoco III, Aníbal le aconsejó pactar una alianza con todos los Estados que tenían motivos para temer a Roma. El plan superaba los proyectos de Antíoco; por otra parte, los cortesanos sirios eran hostiles al gran cartaginés y aconsejaban al rey que no se dejara arrebatar la gloria por un extranjero.


El seléucida, pues, otorgó a Aníbal sólo misiones subalternas y la facultad de dar consejos que no eran escuchados. Al fin, Antíoco tuvo que firmar una paz humillante; los romanos lo obligaron a entregar al cartaginés, que era a quien más temían. Pero el eterno desterrado, ganando una vez más la baza por la mano, buscó refugio junto al rey Prusias de Bitinia, a quien ayudó a vencer a su enemigo, el rey de Pérgamo. Entonces apareció en escena Flaminio, el vencedor de los macedonios, enviado como embajador, y Prusias, "el más miserable de todos soberanos de Asia", traicionó al que tanto le había ayudado. Aníbal, que conocía el carácter de su protector, había hecho construir en su casa, como medida de precaución, pasadizos secretos, pero al huir por uno de ellos, lo encontró bloqueado por los soldados del rey. No viendo otra salida, Aníbal tomó un veneno que siempre llevaba consigo en el engarce de su anillo y dijo: "Voy a liberar a los romanos de su miedo, ya que no quieren dejar morir a un hombre en paz". Corría el año 183 a. C., el mismo en que murió Escipión, su gran adversario. 


Sobre el cartaginés, sus hazañas, y particularmente su victoria en Cannas, han sido estudiadas y analizadas por las academias militares del mundo entero. Y sobre la trascendencia de su genio militar no pueden existir dos opiniones. Fue capaz de mantener sus conquistas en un país hostil frente a varios ejércitos poderosos y una sucesión de comandantes capaces, debe necesariamente haber sido un táctico y estratega sin igual. Ciertamente, sobrepasó a todos los generales de la Antigüedad en la utilización de estratagemas y emboscadas. Tan increíbles como fueron sus logros, debemos admirarnos aún más si tenemos en cuenta el escaso apoyo que recibió desde Cartago. A medida que caían sus veteranos, se veía obligado a organizar levas de refresco en el lugar donde se hallara. Nunca se menciona un solo motín en su ejército, compuesto como estaba de africanos, hispanos, italianos, griegos y galos. Más aún, todo lo que sabemos de él nos ha llegado en su mayor parte de fuentes hostiles.

Los romanos le temían y odiaban tanto que eran incapaces de hacerle justicia. Livio habla de sus grandes cualidades, pero añade que sus vicios eran igualmente grandes, de entre los cuales destaca su «perfidia más que púnica» y su «inhumana crueldad». Para el primero no parece existir mayor justificación que su consumada habilidad en tender emboscadas. En lo concerniente al segundo, creemos que no es posible otra razón que, en ciertas crisis, actuara según el espíritu de la guerra antigua. Ninguna brutalidad mancha su nombre tanto como la perpetrada por Claudio Nerón sobre el derrotado Asdrúbal, es más, al morir Marcelo ordeno darle los mayores honores posibles.


Polibio únicamente menciona que era acusado de crueldad por parte de los romanos y de avaricia por parte de los cartagineses. Tenía, ciertamente, enemigos implacables entre sus mismo compatriotas, y su vida representó una constante lucha contra el destino. Por su firmeza de propósito, por su capacidad organizativa y maestría en la ciencia militar, es posible que jamás haya tenido igual.

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¿El cruce de los Alpes fue la mejor opción para Aníbal?


Al estallar la 2da Guerra Púnica, Aníbal Barca concibió una estrategia inesperada tanto para sus hombres como más para los romanos: Llevar la guerra a la misma Italia.
Como se comprobó en la 1era guerra entre ambas repúblicas, Cartago no podía hacer frente al poder naval de Roma, por lo que Aníbal no hizo la travesía por mar para no enfrentar a la flota romana estacionada en Massilia.
Además, hacer el viaje por tierra permitiría el reclutamiento de mercenarios así como hacer alianzas con los pueblos galos que residían en el trayecto. A pesar de que la ruta terrestre era más larga y mucho más ardua, tácticamente era más beneficiosa. 

Según los historiadores de la época, Aníbal cruzó el río Ebro con 90.000 a 100.000 infantes y 12.000 jinetes, al cruzar los Pirineos sus efectivos habían empezado a reducirse por los destacamentos que dejó para custodiar el territorio y por los mercenarios íberos que no querían salir de su país, al llegar al río Ródano (casi la mitad del camino) sus fuerzas eran de 38.000 infantes y 10.000 jinetes. Una reducción impresionante, pero comprensible por ser en su mayoría tropas mercenarias. Al llegar a Italia el ejército púnico tenía una fuerza aproximada de solo 20.000 infantes y 6.000 jinetes. 
Aún así, era un número importante si se considera que los reinos helenísticos del Mediterráneo oriental con mucha dificultad podían alinear ese mismo número de tropas, pero solo en batallas decisivas. Los cartagineses en cambio aparte del ejército de Aníbal, contaban con muchas más tropas en Hispania y África.
Respecto a la travesía, existe controversia sobre la ruta utilizada para cruzar los Alpes. La hipótesis sobre el cruce por el puerto de la Traversette ha adquirido fuerza recientemente con un estudio publicado en 2016 y realizado por W. C. Mahaney y su equipo. En tal publicación se reconstruye la ruta de Aníbal conforme a las evidencias microbiológicas, geoquímicas y estratigráficas. Un argumento importante es que en el puerto de la Traversette se han encontrado masas de excrementos con alto contenido de bacterias Clostridia. Esto es importante dado que la presencia de tales microbios es característica en el estiércol de los caballos, que puede llegar incluso hasta el 70%. La datación de las muestras halladas se aproxima al año 200 a. C. y la travesía ocurrió en otoño del 218 a. C. (Ojo que también el hermano de Aníbal, Asdrúbal, cruzó los Alpes luego de ser expulsado de Hispania por los romanos para unirse a él en Italia el año 208 a. C. y habría utilizado la misma ruta)
El hambre, el frío y las enfermedades que sufrieron las tropas que efectuaron el viaje con Aníbal hicieron que miles de los efectivos muriesen. Es especialmente célebre el contingente de 37 elefantes de guerra que Aníbal llevaba en su ejército. Sin embargo, la mayoría de dichas bestias murieron en la travesía, principalmente por las difíciles condiciones de los Alpes y las marismas etruscas. Como muestra de esto, en la batalla de Trebia solo pudo alinear a 7 de sus elefantes sobrevivientes. 

Cómo punto a favor, hay que tener en consideración a los refuerzos galos que se unieron a los cartagineses una vez llegados a Italia, siendo su número en casi 40.000 infantes. Más adelante se unirían a Aníbal, los samnitas, campanos, lucanos y brucios en números también importantes.
El cruce de los Alpes es la operación táctica más notable y arriesgada de la Antigüedad. Aníbal podía evitar los esfuerzos de la travesía, pero su fulminante aparición por el Valle del Po le otorgó una importante ventaja estratégica que trasladó el conflicto al territorio romano y alteró la paz y las relaciones de poder de pueblos de la zona con Roma. Un eventual desembarco en Sicilia o en el sur de la península no hubiera tenido los mismos efectos. Aníbal superó las inclemencias climatológicas, los obstáculos orográficos, las tensiones con las tribus locales y la complejidad de organizar y comandar a un ejército de dimensiones considerables en una marcha tan larga. 

 ¿Fue el viaje por tierra la mejor alternativa? 
En el verano del 205 a. C. el hermano menor de Aníbal, Magón, encabezó una campaña de invasión a Italia, esta vez por mar, con 15.000 hombres. El ejército zarpó de Menorca a Liguria bajo la escolta de 30 quinquerremes. Magón logró capturar Génova, y mantuvo el control del norte de Italia durante casi tres años. Los romanos enviaron a 4 legiones para mantenerlo vigilado, pero no se atrevieron a arriesgarse a una combate directo. En 204 a. C. Magón fue reforzado, nuevamente por mar, con 6.000 soldados de infantería y algunos de caballería desde la misma Cartago.
Entonces, ¿acaso fue mejor arriesgarse a perder más de la mitad de sus excelentes tropas veteranas en el cruce de los Alpes, como al final ocurrió, que correr el mismo riesgo en una travesía más rápida por mar? En nuestra opinión, no era lo mismo transportar en barcos unos 20.000 hombres como hizo Magón que los 100.000 que llevo Aníbal.
📚 Bibliografía:
Tito Livio, historia de Roma, libros XXI-XXII
Polibio. Historia de Roma.
Lancel, S. (1997). Aníbal. Barcelona: Editorial Crítica.
Mahaney, W. C. et al. (2016). Biostratigraphic Evidence Relating to the Age‐Old Question of Hannibal’s Invasion of Italy, I: History and Geological Reconstruction.
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La reina africana, Cartago

Qart-Hadasht (Ciudad Nueva) fue fundada entre los años 814-813 a. C. por una princesa fenicia exiliada (Elisa, llamada Dido). La ciudad fue la poderosa enemiga de los griegos y luego de Roma, cuyas guerras llamadas Púnicas marcaron un antes y un después de la historia antigua. En el año 146 a. C. la ciudad sería completamente destruida por el ejército romano, después de un asedio de casi 2 años, y declarado maldito el espacio que ocupaba. 


El término Púnico, que los romanos aplicaron a los habitantes de Cartago, proviene del latín Pūnicī que a su vez es una evolución de Poenicī, que era como llamaban a sus ancestros fenicios.

La ciudad estaba situada en una península, entre el golfo y el lago de Túnez, se comunicaba con el continente a través de un istmo, de unos 4.4 km de ancho y estaba protegida por una muralla triple de 34 km de largo y 25 mt de altura.

Los cartagineses descubrieron que los acantilados del lejano Cabo Bon estaban compuestos de una maleable y colorida piedra arenisca, de donde extrajeron sin desmayo grandes bloques que transportaban por mar para la construcción de Cartago.

El diseño urbanístico y la arquitectura eran una mezcla de modelos con antecedentes orientales (asirio-fenicio), de tipo orgánico y de modelos de lógica hipodámica, en parte creada por su propia práctica de la construcción y, en parte, sobre todo en su última fase, por influencia helenística.

El área de la ciudad se dividía en la zona eminentemente urbana y la rural llamada Megara, llena de feraces campos que servían principalmente para abastecer a la ciudad (más adelante sería esta zona la que motivo los encendidos discursos de Catón)

La ciudad alta se desplegaba en la colina llamada Byrsa, conformada por una inexpugnable fortaleza del mismo nombre y el templo de Eshmún. En las laderas se encontraban las grandes residencias de la aristocracia cartaginesa.



En la ciudad baja se ubicaba el barrio llamado de Salambo, y ahí el foro principal de Cartago, o Ágora, en esta zona debería estar ubicado el edificio donde se reunía el Senado cartagines. Cerca del foro se alzaba el templo de Tofet, donde se han descubierto miles de estelas y de urnas que contenían esqueletos de niños calcinados. Otros templos importantes eran aquellos dedicados a Melqart, a Shadrapa, Sakon o Sid. Esta parte de la ciudad era las más cercana del puerto y unida a él por tres avenidas en pendiente, pues se encontraban a mas altura que la del puerto mismo.



Uno de los pocos aspectos bien tratados por los antiguos, pues no dejaron de admirarlo, fueron las instalaciones portuarias de la ciudad. El llamado Cothon se dividía en dos partes bien diferenciadas, en primer lugar el puerto civil, rectangular, en donde se llevaban a cabo todas las transacciones de mercancías y demás, el puerto civil se comunicaba con el mar a través de un largo canal. Junto a este, pero protegido de las miradas indiscretas por una muralla, se accedía al puerto militar, una laguna circular rodeada de atarazanas suficientes para albergar a unos 220 navíos de combate.

En el centro de la laguna se elevaba el edificio donde el vivía el almirante y que funcionaria además como cuartel general de la escuadra, estaba sobre un islote y se elevaba por encima, tanto de los edificios circundantes, como de las murallas, permitiendo así observar desde ahí las evoluciones de las naves en alta mar.

El puerto, o mejor dicho, la cara de la ciudad que daba la mar, se encontraba protegida por una muralla simple.



La ciudad, verdadero emporio comercial, llego a contar en su momento de mayor poder con unos 200.000 habitantes, y era considerada como la ciudad mas rica del mundo conocido.

Las Guerras Púnicas sellarían el destino de la ciudad, después de ser derrotada en las 2 primeras los cartagineses abandonaron toda pretensión de supremacía política más allá de sus territorios tunecinos, pero esto no bastaba para una gran parte de la población romana.

El odio y temor de los romanos hacia el enemigo vencido se encarnaba en Catón el Censor. En el año 157 a. C. estuvo en Cartago con una comisión investigadora y comprobó que sus miedos no eran injustificados. ¿Aquella ciudad que rebosaba riqueza era la Cartago vencida? Roma no estaría segura mientras Cartago gozase de semejante prosperidad. La supervivencia de Roma exigía su desaparición. Esta opinión se convirtió en una idea obsesiva en la mente de Catón. Apenas vuelto a Roma, propugnó por la destrucción total de Cartago, adoptando la costumbre de terminar todos sus discursos en el Senado, cualquiera que fuese el asunto de que tratara, con estas palabras: Ceterum censeo Carthaginem esse delendam (Y además creo que Cartago debe ser destruida).

Objetivo que conseguiría, pero que no viviría para ver.

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