1940 Alemania ataca el occidente - Parte 3

LA MULETA DEL TORERO - PARTE 3

Los alemanes cruzan las Ardenas y se lanzan contra las defensas francesas del Mosa.

La caballería francesa entró en contacto con el enemigo antes de lo previsto. Entonces se vio claramente que las Ardenas no constituían el menor obstáculo para los vehículos con cadenas, y, por otra parte, se había hecho muy poco para completar los obstáculos naturales. Los belgas llevaron a cabo bastantes trabajos de demolición, pero a pesar de ello muchos tramos de carreteras permanecían aún intactos. En este lado de la frontera, los franceses no quisieron cerrar las carreteras que atravesaban los bosques, abatiendo con este miles de árboles, aduciendo como inverosímil justificación que ¡esto impediría el avance de su caballería! La tarde del 10 de mayo, una división de caballería ligera se lanzó contra la vanguardia de la 10ma panzerdivision perteneciente al Panzerkorps de Guderian, pero fue duramente rechazada.

Al día siguiente, la caballería de cobertura se vio acosada por las fuerzas acorazadas alemanas, viéndose obligada a dispersarse en los bosques. Los carros de la división de Rommel avanzaban disparando en todas direcciones; y a propósito de estos primeros encuentros, Rommel escribió en su diario: «En cuanto abríamos fuego, los franceses se retiraban a toda prisa». A su vez, describiendo el avance de esta compacta masa de medios acorazados a través de las «insuperables» Ardenas, Blumentritt la definió «no como una verdadera operación en el sentido táctico de la palabra, sino más bien como una marcha de aproximación... En Luxemburgo no encontramos resistencia alguna, y en el Luxemburgo belga la resistencia fue muy limitada... Una oposición débil de la que pudimos fácilmente desembarazamos».

La mañana del 12 de mayo los Panzerkorps de Guderian ocuparon Bouillon y atravesaron la frontera francesa un poco más al norte de Sedán.
Las Ardenas habían quedado ya atrás. la acción retardadora francesa no había durado mas de dos días, en vez de los nueve o diez que Gamelin había previsto para situarse en la orilla izquierda del Mosa y poder llevar a primera linea la lenta artillería francesa. Ya en esta primera fase del combate los franceses comenzaron a darse cuenta en qué medida el tiempo obraba contra ellos.

Mientras tanto, las unidades de caballería no habían podido llevar a cabo su misión retardadora; también su actividad de exploración había fracasado totalmente. Consternadas, dichas unidades se limitaron a comunicar al Deuxiéme Bureau que habían chocado con poderosas fuerzas acorazadas, pero no lograron ver lo suficiente para poder comunicar al general Gamelin que éste era precisamente el Schwrrpunkt (punto central) del ataque alemán.

En la tarde del 12 de mayo, domingo de Pentecostés. los carros de combate de la 1era y de la 10ma Panzerdivision de Guderian llegaron al Mosa, a ambos lados de Sedán. Esta antigua ciudad fortificada (donde naciera el mariscal de Turena, siglos atrás vencedor de los alemanes) había sido escenario de una de las más graves humillaciones de Francia. En efecto, precisamente en Sedán, setenta años antes, Napoleón III se había rendido con 100.000 hombres, a Bismark y a Moltke.

Según las órdenes de Gamelin la caballería francesa debía defender Sedán a «toda costa». Pero a las 19 horas de aquella misma tarde, temiendo ser rodeada por el flanco, está se retiró a la orilla izquierda del río y voló los puentes, dejando que el enemigo ocupase la ciudad sin encontrar resistencia. Cuando cayó la noche, los carros de combate alemanes se asomaban a todo el tramo del Mosa comprendido entre Dinant y Sedán; en la orilla opuesta del río ya no quedaba ni un solo soldado francés.
Soldados alemanes retirando la bandera francesa
Por último, en el sector más amenazado del frente, y a pesar de la rapidez, con que el enemigo había efectuado su «marcha de aproximación», los comandantes franceses responsables siguieron pensando (basando sus cálculos, como de costumbre, en las experiencias de la primera Guerra Mundial) que pasarían al menos cinco o seis días antes de que los alemanes consiguieran concentrar bastante artillería para llevar a cabo el paso del Mosa. Pero no tenían en cuenta a los bombarderos en picado. El 12 de mayo la aviación francesa había dado una prueba excelente de su valía atacando con gran ímpetu y abatiendo unos 30 aviones enemigos sin sufrir pérdidas. No obstante, el grueso de la Luftwaffe no había entrado todavía en acción. Aquel mismo día el coronel Schmundt, ayudante de campo de Hitler, preguntó a Kleist si tenía intenciones de atravesar en seguida el Mosa o si en cambio, prefería esperar la llegada del grueso de la infantería. La pregunta reflejaba el nerviosismo suscitado en el OKH por el arriesgado plan de Manstein. 
Las fotografías obtenidas por los aviones revelaban que Sedán estaba cubierto por una zona defensiva muy fortificada; sin embargo, después de un examen más atento, un experto informó a Kleist que estas fortificaciones se hallaban todavía en fase de preparación. Aunque el siempre impaciente Guderian había manifestado que sólo podía disponer de dos de las tres Panzerdivisiones. Kleist comunicó a Schmundt que prefería atacar «inmediatamente», sin «pérdida de tiempo», a fin de caer sobre los franceses antes de que pudieran recuperarse. Como le habían asegurado el apoyo total de la Luftwaffe, la falta de artillería no le preocupaba lo más mínimo, Hitler le prometió todo el apoyo necesario.

Aquella noche Kleist ordenó al Panzergruppe que al día siguiente atravesara el Mosa. «Casi todas las fuerzas aéreas alemanas -dijo con ligera exageración- entrarán en acción con ataques ininterrumpidos que aniquilarán las defensas francesas del Mosa. Después de estos ataques, a las 16 horas, el Panzergruppe efectuará el paso y establecerá sus propias cabezas de puente».

EL ATAQUE A LAS DEFENSAS FRANCESAS DEL MOSA

Sería el mismo panzerkorps de Guderian el que, tras haber conquistado Sedán, descargaría el golpe más duro. En aquel punto el Mosa tenía unos 60 metros de anchura y no era vadeable. En la orilla izquierda se extendía la «línea principal de resistencia» francesa, constituida por casamatas y trincheras protegidas por un grueso cinturón de alambradas, las casamatas, provistas de un cañón contracarros y ametralladoras, distaban unos 200 metros entre si, proporcionando una defensa adecuada. Pero, como habían advertido los expertos de la oficina del mando de Kleist. muchas de esas casamatas no estaban aún terminadas. La situación de la segunda línea de resistencia, situada muy cerca de la linea principal, para poder ser de alguna utilidad en el tipo de estrategia «fluida» que Guderian quería aplicar, era todavía peor. Estas fortificaciones incompletas estaban defendidas por las Divisiones 55 y 71 del Cuerpo de Ejércitos X (Ejército 2) de Grandsard, se trataba de grandes unidades formadas por viejos reservistas poco preparados, ya que el sector de Sedán se consideraba «sector seguro».
Stuka atacando las posiciones galas

Según palabras del mismo Grandsard. «en estas divisiones la disciplina estaba relajada por la escasa preparación física de los soldados y la falta de una eficiente acción de mando en casi todos los subalternos». Además, estaban dispersos en un frente de unos 40 km, formando, por consiguiente, una defensa muy endeble. Grandsard parecía, al menos a primera vista, estar bien apoyado por la artillería; la mañana del 13 de mayo sólo la División 53 había reunido en su sector 140 cañones. Sin embargo, como las orillas del Masa eran bastante escarpadas, únicamente un tercio de esas piezas podía batir el río; muchos puestos de mando no contaban aún con trabajos de protección, y por añadidura, desde el principio, los artilleros se encontraron en dificultades por falta de municiones.
En las primeras horas de la mañana del 13 de mayo los centinelas avanzados de Grandsard comunicaron que motociclistas, carros de combate y unidades de infantería alemanas estaban saliendo de los bosques y se dirigían hacia el Mosa. 

En seguida, los cañones franceses abrieron fuego sobre las unidades acorazadas enemigas que avanzaban en formación increíblemente cerrada; pero los disparos se «economizaban» para no desperdiciar las escasas municiones. Los cañones alemanes no respondieron. Pero a mediodía llegaron los Stuka e inmediatamente se lanzaron en picado con su característico silbido, y lanzaron sus bombas de 450 kg sobre las débiles casamatas, sobre la infantería, que inútilmente trataba de ponerse al abrigo acurrucándose en las trincheras, y sobre las posiciones artilleras, sin un enmascaramiento adecuado o poco protegidas (algunas incluso al descubierto). Cerca de un millar de aviones cubría el cielo en la más cerrada de las formaciones. El ruido era aterrador. Cada soldado francés tenía la impresión de que un avión iba a «lanzarse precisamente sobre su cabeza», y que no podía en modo alguno fallar el blanco.

En ningún sitio le era posible ocultarse a su vista, en ningún lugar podía sentirse fuera del alcance de aquella arma terrible.

No obstante, debido a la poca precisión de los bombarderos, las pérdidas francesas no fueron en realidad muy elevadas. Pero, como instrumento de terror, el Stuka era infinitamente más eficaz que el estallido de las primeras granadas disparadas en 1914 por la artillería pesada (obuses de 280 mm y morteros de 420 mm) sobre los fuertes de Lieja. o que el primer ataque con gases asfixiantes lanzado en la región de Yprés, o, así mismo, que la aparición del primer lanzallamas o del carro de combate. Se trataba de una nueva «dimensión» de la guerra para la que no estaban preparados ni siquiera los soldados profesionales más duros y expertos. Y precisamente los hombres de Grandsard eran civiles sin empuje, que prestaban servicio en un Ejército cuya moral no tenía nada de elevada. No seria justo cargarles a ellos toda la responsabilidad de lo que sucedió.

«Los artilleros dejaron de hacer fuego y se arrojaron a tierra -escribió un general francés-; los infantes, aterrorizados por el fragor de las granadas y por el silbido de los bombarderos, se aplastaron en las trincheras; ni siquiera habían llegado a reaccionar instintivamente corriendo a las piezas antiaéreas. Su única preocupación era agachar la cabeza todo lo posible».

En torno al lugar de la lucha volaban los Messersmichtt dispuestos a lanzarse sobre los cazas franceses, más lentos, que intentaran interferir la acción de los Stuka. Los soldados franceses, escondidos en las trincheras, sintiéndose abandonados, imprecaban contra su aviación. Unas cinco horas duró aquel terrible bombardeo; luego, la artillería alemana se unió a la acción de los Stuka cuando la actividad de éstos estaba decreciendo.
Infantería alemana tomando tierra en las orillas del Mosa
A las 16 se inició el paso del río. Los alemanes habían estudiado perfectamente los diversos tiempos de la operación. «Inmediatamente después de las últimas bombas- dijo el mayor Keilmansegg, bajo una lluvia de tierra que volvía a caer al suelo, las primeras lanchas neumáticas alcanzaron la orilla opuesta. Los fusileros, motoristas e infantes saltaron a tierra e inmediatamente rodearon las casamatas más próximas, donde encontraron a los soldados franceses demasiado aturdidos para responder al luego». Muy nerviosos también, porque no sabían lo que les esperaba en la otra orilla, los jóvenes alemanes de las tropas de asalto se animaron en seguida ante la desmoralización que los Stuka habían causado en las filas francesas. Guderian, que conforme a su estrategia bélica había atravesado el río bajo el fuego de las granadas en la primera lancha de asalto, escribió que el ataque se realizaba, «como si se estuviese efectuando en el curso de unas prácticas. La artillería francesa estaba casi paralizada por la incesante amenaza de los ataques de los Stuka y de los bombarderos. Los puestos de tiro, situados a lo largo del Mosa, habían quedado reducidos al silencio por nuestra artillería. mientras los ametralladores enemigos tenían que mantenerse al abrigo del fuego de nuestras armas pesadas y de la artillería. A pesar de que el terreno estaba totalmente descubierto, nuestras pérdidas fueron ligeras».

LA CONQUISTA DE LAS CABEZAS DE PUENTE

Si bien hubo casamatas que se batieron con desesperado heroísmo, cosa que nadie ha recordado, en su conjunto la defensa francesa no tuvo nada de brillante: en realidad debía ser forzosamente así habida cuenta la calidad de las tropas de Grandsard y la naturaleza de las armas contra las que tuvieron que enfrentarse. A última hora de la tarde, la División 55 francesa dejó de ofrecer resistencia y Guderian ordenó que las unidades acorazadas ligeras cruzasen el río por medios discontinuos. A las 18 horas, en su puesto de mando, situado un poco más al sur de Boulson, el general Lafontaine, comandante de la citada división, estaba considerando las posibilidades que había para poner remedio a la situación. Pero de improviso, una oleada de fugitivos aterrorizados -artilleros e infantes, en automóviles de transporte o a pie. muchos sin armas, arrastrando sus mochilas- llenó la carretera de Boulson. «¿Los carros de combate están en Boulson!», gritaban. Algunos disparaban al aire sus armas, como enloquecidos. Y a partir de entonces este había de ser un espectáculo habitual en Francia en el curso de las semanas siguientes.

Cuando cayó la noche de aquel desgraciado 13 de mayo, la 1era Panzerdivision de Guderian ocupaba ya las alturas de Marfée, habiendo arrollado de un solo golpe tanto la linea defensiva principal como la secundaria.

En el transcurso de la misma noche, aún no debidamente apoyado por unidades acorazadas, el primer regimiento de fusileros del teniente coronel Blalk consiguió llegar hasta Chéhcry, a unos 10 km. aproximadamente, más allá del río.

A la izquierda del dispositivo alemán, la falta de apoyo por parte de la artillería hizo más difícil el paso del río a la 10/ Panzerdivisión: no obstante, también consiguió establecerse en la orilla izquierda. En conclusión. Guderian había conseguido asegurar en la orilla opuesta del Mosa una cabeza de puente de esperanzadoras dimensiones -5 km de frente y de 6 a 10 de profundidad-, formando una peligrosa cuña en el frente de Grandsard, por la que comenzaron a avanzar lentamente los carros de combate a medida que los ingenieros -que trabajaron durante toda la noche- preparaban balsas para su paso.

Unos 25 km más al Norte, los intentos que realizó el Xll Panzerkorps de Reinhardt para atravesar el Mosa y formar una cabeza de puente en Monthcrmé no habían obtenido los mismos resultados. Como la Luftwaffe no apareció a la hora convenida, las tropas de asalto se vieron obligadas a actuar con el limitado apoyo de los cañones de los carros de combate. Así, serlo consiguieron conquistar un punto de apoyo en la otra orilla del río, y después fueron rechazados inmediatamente por un vigoroso contraataque de la División 102 francesa. Durante tres días este Panzerkorps de Reinhardt estuvo bloqueado incapaz de pasar sus carros de combate a la otra orilla y, por consiguiente, de intervenir en la operación principal ampliando la brecha.

Todavía más al Norte se encontraba Rommel cuya 7ma Panzerdivision que formaba parte del ataque secundario de Kleist. había alcanzado el Mosa un poco más abajo de Dinant. Como en aquel sector el río discurre entre orillas altas y cubiertas de espesa vegetación, el problema de la defensa fue para los franceses más difícil que en Sedán. Además, el Ejército 9 de Corap había tenido que avanzar en territorio belga a lo largo de más de 70 km y establecerse en posiciones improvisadas. Sin embargo, los intentos de Rommel de atravesar el río fueron enérgicamente contenidos por el tiro de la artillería pesada francesa y por el fuego de las armas portátiles de las tropas atrincheradas en la orilla izquierda. Rommel se acercó entonces para comprobar personalmente las dificultades con las que se enfrentaba su unidad y anotó: «Cuando llegué, la situación no tenia nada de agradable. Nuestras embarcaciones eran destruidas una tras otra por los disparos del enemigo, por lo que las operaciones llegaron a un punto muerto». Rommel, que en un determinado momento llegó a encontrarse bajo el fuego de los tiradores franceses apostados en la orilla izquierda, fue a comprobar personalmente si en el 7mo regimiento de fusileros las cosas marchaban mejor. Pero al llegar se percató de que en este lugar también habían fallado todos los intentos, y los oficiales estaban muy preocupados por el gran número de bajas sufridas en sus filas. Y añadía Rommel en sus anotaciones: «Entonces tomé personalmente el mando del batallón II del regimiento de fusileros y durante cierto tiempo, me ocupé de dirigir aquellas operaciones».

Al parecer, sólo gracias a la decidida intervención personal de Rommel y a una increíble negligencia de la División 18 francesa, su división consiguió atravesar el Mosa el día 13. El día anterior, una patrulla de motoristas en exploración, que había llegado hasta el rió, descubrió en Houx una esclusa intacta. Inmediatamente los alemanes intentaron pasar, pero fueron detenidos por el Regimiento 66 francés, esta unidad fue después relevada por la División 18, que. por razones no demasiado claras, se desplegó en una línea defensiva excesivamente elevada, desde la cual era imposible batir la esclusa o los caminos que conducían a ella. En el transcurso de la noche del 12, sin que se efectuase ningún disparo contra ellos, los motoristas alemanes atravesaron la citada esclusa y constituyeron en la otra orilla una posición más bien precaria. Durante todo el día siguiente permanecieron aferrados a ella, a pesar de los contraataques franceses, hasta que llegó el refuerzo de un contingente de fusileros de Rommel. En la noche del 13, la situación de la cabeza de puente ocupada en Dinant permaneció incierta, y en la madrugada del 14 Rommel sólo había conseguido trasladar a la otra orilla del Mosa 15 carros de combate. No cabe duda de que una acción enérgica por parte de los franceses, apoyada por fuerzas acorazadas, habría conseguido rechazar a los alemanes, pero en toda la jornada del 13 el Ejército 9 de Corap no logró organizar más de un contraataque, y aun éste se describió como «nada más que una punzada», efectuada por una patrulla de carros y algunos vehículos de combate armados de ametralladoras.
Mapa con la dirección del ataque alemán
Los motivos del retraso con que actuaron los franceses se expondrán más adelante...

- Alistair Horne (Así fue la Segunda Guerra Mundial)
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El Juego de Tronos Macedonio

EL JUEGO DE TRONOS MACEDONIO - Parte 1

Junio del 323 a. C., Alejandro ha muerto, y el gigantesco imperio que forjo en poco mas de 10 años corre el riesgo de derrumbarse. Su repentina desaparición ha tomado a todos por sorpresa, sobretodo porque hasta hace unos pocos días el rey estaba entregado a la planificación de lo que serían las campañas para la conquista de Arabia y el norte de África; sin un heredero natural presente y sin haber elegido a alguien en vida, serán los compañeros del rey, aquellos que han estado con él casi toda su vida, los que deban decidir el futuro del imperio. Pero no sería tarea fácil, porque Alejandro había reunido en Babilonia a todo su ejército y como dictaba una vieja ley "en ausencia del rey, el concejo de soldados podía hablar por él".
Alejandro despidiéndose de sus soldados
Una vez confirmada la noticia de la muerte del rey, los soldados de la infantería macedonica se reunieron en asamblea, siguiendo el antiguo derecho del ejército macedonio de poder elegir a su rey por aclamación. Muchos habían envejecido sobre la campaña, sin embargo, habían continuado sirviendo a su rey, y se consideraban con todos los derechos para elegir a su sucesor. Incentivados por Meleagro y , eligieron a Arrideo, como hijo de un rey y hermano de otro, pero esta elección no le cayó bien a ninguno de los líderes macedonios los cuales preferían esperar al nacimiento del hijo de Alejandro con Roxana, una alternativa que no agradaba mucho a los defensores de la pureza de sangre macedonia.

Peitón decretó la elección, y en el alboroto que siguió los compañeros del rey y sus adherentes fueron obligados a retirarse al palacio real, donde se atrincheraron en las cámaras de Alejandro. Los soldados intentaron forzar las entradas y apoderarse de Pérdicas, quiliarca (primer ministro) del imperio, al considerarle como un traidor. Pero al final, la calma prevaleció, y Meleagro y sus hombres se retiraron.
Sin embargo, Pérdicas se dio cuenta de que su vida estaba en peligro con Meleagro teniendo el control de Arrideo. Se ordenó a la caballería formar para la batalla en la llanura a las fueras de la ciudad. Pérdicas y muchos de los líderes consiguieron huir. A continuación, bloquearon los accesos a la ciudad, impidiendo la llegada de suministros desde el campo.
La caballería macedonia de los compañeros, era la fuerza de élite para el asalto del ejército de Alejandro. A su muerte se había ampliado a unos 4,000 efectivos, incluyendo nobles persas en sus filas. Con el apoyo de unos 200 elefantes traídos desde la India, era una fuerza formidable incluso para la falange macedonia.
Lo que siguió fue casi una batalla entre la caballería macedonia y la infantería,  Pérdicas contra Meleagro. Ambos preparados para la batalla. Al final en el momento más tenso, la infantería se retiró, y se evitó el derramamiento de sangre.

Se llegó a un compromiso mediante los esfuerzos conciliadores de Eumenes de Cardia, el astuto secretario de Alejandro: Filipo Arrideo podía seguir siendo rey, con el popular (y ausente) Crátero como su tutor. Antípatro permanecería como el general en jefe del ejército en Europa. Pérdicas sería su homólogo, al mando del ejército en Asia y quiliarca del imperio.
Crátero, que como guardián del rey debería supervisar cualquier orden de Pérdicas. Si Roxana deba dar a luz un varón, Pérdicas compartiría la custodia del niño con Leonato.

Meleagro vio con disgusto estás disposiciones, pero se sintió satisfecho al ser nombrado como segundo al mando del ejército en Asia. Sin embargo, este último, pronto sería traicionado por Pérdicas.
Para disipar el mal ambiente en las tropas, desfilaron entre las dos mitades cortadas de un perro (una extraña y antigua costumbre de Macedonia). En este desfile Pérdicas, actuaba como quiliarca y, en nombre del rey (con Filipo Arrideo junto a él en la tribuna de honor).

Cuando acabó el desfile ordenó la detención de los hombres que habían instigado la discordia de los días anteriores. Unos 300 hombres, todos los partidarios de Meleagro, fueron capturados por la Guardia mandada por Seleuco. Pérdicas ató a esos desgraciados, y posteriormente fueron pisoteados por los elefantes.
Este golpe inesperado y el brutal castigo brutal infligido a los instigadores pareció haber aterrorizado a Meleagro, que acudió a un templo, en busca de refugio. Allí fue sacado a rastras por órdenes Pérdicas, y degollado.

Durante todo esto, el rey Filipo III Arrideo no hizo ningún esfuerzo para salvar a los hombres que lo habían colocado en el trono, empezando a perder la confianza de los soldados.

Fue el primer derramamiento de sangre, que sería sólo el comienzo de los sangrientos años que seguirían.
Mientras tanto, el cuerpo de Alejandro estaba siendo preparado para el transporte a Macedonia, para ser enterrado en las tumbas reales en Egas (Vergina moderna). Los mejores embalsamadores egipcios y caldeos trabajaron en el cuerpo del rey. Para transportar el cuerpo, se gastó una fortuna en la construcción de un carro fúnebre increíble y elaborado que llevaría el sarcófago durante su viaje. Estaba hecho de oro y decorado con piedras preciosas; y se tardaría dos años en completarse.

Actuando en nombre del rey Filipo III, Pérdicas dividió el imperio, y decidió quién gobernaría en cada provincia:
Ptolomeo recibió la satrapía de Egipto, sin duda, su primera y única opción.
Leonato le fue dada la provincia de Frigia helespóntica; las tierras asiáticas más cercanos a Europa a través del estrecho de los Dardanelos.
Antígono, el tuerto, fue confirmado como sátrapa de Frigia y amplio su autoridad con la adición de Licia y Panfilia.
Antípatro seguiría con Macedonia y Grecia.
Lisímaco obtuvo Tracia, la cual fue separada de Macedonia, tal vez para debilitar el poder de Antípatro en Europa.
Crátero que estaba en camino a Macedonia con 10.000 veteranos, había recibido órdenes directas de Alejandro para sustituir a Antípatro. Pérdicas no rescindió esas ordenes o le envio nuevas, quizás esperaba que tal vez Cratero eliminaría a su rival sin él tener que mover un dedo.
Peitón recibió las satrapías superiores.
Eumenes, cuyas habilidades de diplomático habían impedido una guerra civil temprana, obtuvo la satrapía de Capadocia y Paflagonia.
Seleuco, comandante de los antiguos hipaspistas reales o “Escudos de Plata”, ahora llamados argiráspidas, fue ascendido al mando de la caballería de los Compañeros.

Las otras sátrapias fueron asignadas a hombres de la confianza de Pérdicas, que con esto buscaba no tener inconvenientes más adelante en sus aspiraciones por la regencia del imperio.
Primera distribución de las satrapías del imperio macedonico
A continuación, o alrededor de septiembre de 323, se produjeron dos acontecimientos que sacudirían los planes.

Roxana dio a luz a un hijo. Fue nombrado como su padre, y en última instancia acuñó monedas como Alejandro IV. El bebé real se presentó al ejército, y fue aclamado por los soldados como co-rey con su tío, Arrideo. Como se esperaba, ambos fueron tomados bajo la protección del quiliarca.

En esas mismas fechas, de Grecia llegó una noticia mucho más inquietante: Los griegos, dirigidos por Atenas y la Liga Etolia, se habían proclamado a sí mismos como libres de la dominación macedonica.
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1940 Alemania ataca el occidente - Parte 2

LA MULETA DEL TORERO - PARTE 2

Falanges de unidades acorazadas

Cuando, en la madrugada del 10 de mayo, el Panzergruppe de Kleist cruzó la frontera en el Mosa debió ofrecer un espectáculo insólito: desde el aire parecería la más colosal obstrucción de tráfico registrada en la historia. Según el jefe de Estado Mayor de Runstedt, Blumentritt, esta gigantesca masa de unidades acorazadas y de vehículos de todas clases se extendía a lo largo de más de 150 km, y sus últimos elementos se encontraban a unos 80 km al este del Rhin. Si todos estos vehículos hubieran estado colocados uno tras otro, en una sola fila, el final de la misma se encontraría en Koenigsberg. en Prusia Oriental, y su cabeza en Tréveris. Sobre ella sobrevolaba, zumbando, una inmensa cobertura de cazas; y lo más extraordinario fue que la Aviación francesa apenas se preocupó de efectuar salidas de reconocimiento. De haberlo hecho, aun el peor oficial del Deuxiéme Bureau (Servicio de Información) no habría dejado de llegar a la conclusión de que aquel era el sector que los alemanes habían elegido para descargar su ataque decisivo.

Congestión vehicular de unidades mecanizadas alemanas
Ya el día 1 de mayo, el agregado militar francés en Berna había enviado al Mando Supremo la siguiente información: «El ataque alemán se producirá entre el 8 y el 10 de mayo; el esfuerzo principal se efectuará en Sedán». Pero el Deuxiéme Bureau incomprensiblemente, no prestó atención a estas y otras advertencias semejantes, y en consecuencia no se había ordenado que se intensificara la exploración aérea. En aquel maravilloso y soleado mayo de 1940, bebiéndose sus pernods en las mesas al aire libre, los soldados franceses continuaban escuchando con despreocupada nostalgia las notas de J'attendrai. que lanzaban las radios de los bistrots. El 9 de mayo los oficiales del Ejército 9 de Corap. habían asistido a un espectáculo preparado para la tropa, en Vouzicrs, y muchos generales y millares de oficiales y soldados estaban de permiso. Cuando recibieron la noticia del ataque alemán, en su intento de alcanzar inmediatamente sus unidades respectivas, entorpecieron la salida de ferrocarriles, provocando escenas caóticas que recordaban el estallido de la guerra francoprusiana de 1870. Muchos llegaron a su destino cuando sus unidades ya habían sido arrolladas.

Tropas francesas antes del ataque alemán.
El general Gamelin. al recibir la noticia, dictó una orden del día que anunciaba el ataque alemán y terminaba con las mismas palabras usadas por Pétain, veinticuatro años antes, con motivo de la crisis de la batalla de Verdún: Nous les aurons! Era un nuevo detalle que revelaba cómo el Ejército francés de 1940 estaba vinculado a la mística de la primera Guerra Mundial. En Alemania, informado de que los Aliados se habían dirigido inmediatamente a la «muleta del torero», avanzando hacia Bélgica, Hitler escribió: «Casi lloré de alegría: «habían caído en la trampa...!» Y en París. Reynaud dijo ansioso a Paul Baudouin: «Ahora veremos qué clase de hombre es Gamelin».

De acuerdo con el «contra-plan» aliado, que entró en vigor en cuanto los alemanes hubieron atravesado las fronteras luxemburguesa y belga, los Cuerpos de Ejército II y XI. situados a la izquierda del Ejército 9 de Corap, abandonaron sus trincheras y avanzaron por territorio belga, alineándose finalmente en el Mosa entre Namur y Givet. en posiciones defensivas bastante mal preparadas. A su derecha, dos divisiones de caballería ligera y una brigada de spahis (caballería indígena africana), más dos divisiones de caballería del Ejército 2 atravesaron el Mosa para establecer contacto con la vanguardia de Rundstedt. que se acercaba a través de las Ardenas.
Según las órdenes recibidas, debían efectuar una acción retardadora y averiguar la entidad de las fuerzas enemigas, misión esta última que debería haberse completado con la exploración aérea.


¡Cuatro divisiones y media de caballería contra las fuerzas acorazadas más poderosas que el mundo había visto! Semejante situación recuerda ciertas lejanas guerras coloniales del siglo pasado, cuando los hombres de tribus primitivas se enfrentaban con sus lanzas a las ametralladoras Gatling. o cuando junto a las pirámides, los caballeros mamelucos iban a estrellarse contra las cerradas formaciones napoleónicas. Cuanto más avanzaba la campaña, con más claridad se veía esta situación: los que se enfrentaban en el campo de batalla no eran dos ejércitos distintos, sino dos épocas distintas.
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1940 Alemania ataca el occidente - Parte 1

LA MULETA DEL TORERO - PARTE 1

Situación de los aliados antes de la embestida alemana.

Convencido de que los espesos bosques de las Ardenas constituían un baluarte «insuperable», el Estado Mayor General francés se limitó a desplegar allí escasas fuerzas. Fue un error catastrófico. En efecto, precisamente al sur de las Ardenas -en Sedán- fue donde los alemanes efectuaron la ruptura decisiva. A través de esta brecha, en una trepidante cabalgada, las unidades acorazadas alemanas se lanzaron hasta el mar, aislando a ingleses y franceses, que se habían dejado atraer hacia el Norte por la «muleta del torero».

Como ya es conocido, el definitivo plan de ataque alemán se basaba en un formidable empuje, por parte de las fuerzas acorazadas, que debía romper el frente del Mosa y luego. en un rápido avance hacia el Norte, llegar a las costas del canal de la Mancha, era un plan arriesgado que inspiró siempre recelos al Alto Mando germánico. Y, en efecto, la escasa confianza que el Estado Mayor alemán tenía en el éxito de dicho plan lo revela la circunstancia de que sus órdenes se referían solamente al establecimiento de cabezas de puente en el Mosa, y no daban otras disposiciones para el caso de que la rotura del frente llegase a producirse.

En el frente aliado, 33 divisiones inglesas y francesas (incluidas algunas de las mejores con que contaba Francia) se enfrentaban con la «muleta del torero» (constituida por las 28 divisiones de Von Bock) y según el «Plan Dyle» del general Gamelin, estaban preparadas para entrar en territorio belga. El importantísimo sector comprendido entre Namur y el extremo septentrional de la linea Maginot se hallaba defendido por el Ejército 9 de Corap y el 2 de Huntziger, que sumaban tan sólo 12 divisiones formadas, en su mayoría, por reservistas. El punto de enlace entre los dos ejércitos se encontraba exactamente en el valle de Sedán. La exigüidad de las fuerzas que cubrían este tramo del Mosa obedecía al hecho de que el Estado Mayor General francés seguía fiel a la idea tradicional de que las Ardenas eran «insuperables». a pesar de que ya en 1928 Liddell Hart y otros observadores habían subrayado que se exageraba mucho a este respecto. Tampoco se había resuelto bien el problema de las reservas: unas 30 divisiones francesas estaban inútilmente inmóviles en la línea Maginot. agregadas a las tropas normales de guarnición. Dos de las tres divisiones acorazadas francesas habían sido asignadas a las fuerzas que protegían Bélgica, al norte de Namur.

Por lo tanto, sólo quedaban 10 divisiones de reserva para hacer frente a eventuales situaciones de emergencia. Ya al final del primer día de batalla, la famosa «masa de maniobra francesa», dé la que después se oiría hablar tanto en varias ocasiones, no existía prácticamente. La escena estaba perfectamente preparada para una tragedia.

🔰 Puntos débiles en la organización del mando 🔰 

Gamelin, comandante en jefe del Ejército francés, había sido, durante la primera Guerra Mundial, jefe de la Sección de Operaciones del Estado Mayor del mariscal Joffre En 1940. en su puesto de mando, situado en el castillo de Vincennes, actuaba en una atmósfera de aislamiento respecto de los sucesos de cada día, semejante a la que había rodeado al gran Joffre en Chantilly.

De Gaulle, después de haber visitado este puesto de mando de Gamelin, elijo que había tenido la impresión de encontrarse en un «convento», y añadía: «En su torre de marfil de Vincennes, el general Gamelin me pareció un sabio intentando verificar las reacciones químicas de mi estrategia en un laboratorio». Por su parte, Reynaud, Primer Ministro, no tenia mucha confianza en Gamelin, de quien había dicho una vez que habría podido ser «perfectamente un prefecto o un obispo», pero no el jefe de un Ejército. En una infructuosa sesión del Gobierno, celebrada precisamente el día antes del ataque alemán, había intentado destituirlo de su cargo por el poco airoso papel que desempeñó en la desastrosa campaña de Noruega Gamelin tenia como sustituto al general Georges. a quien, en su calidad de «comandante en jefe del frente nororiental», le-correspondía también (en teoría) el mando efectivo y directo de las actividades operativas en todo el arco del frente, desde Suiza hasta el mar. Pero las atribuciones de ambos generales, mal definidas, tendían a sobreponerse, y a esto había que añadir, además, el hecho de que sus relaciones personales eran más bien difíciles.

Desfile en París de las poderosas unidades blindadas galas
Entre el general Georges y los diversos jefes de Ejércitos todavía había otro general con su mando: Billotte, comandante del Grupo de Ejércitos I, Gamelin no ejercía ningún mando sobre la Aviación. Por otra parte, su puesto de mando no disponía de una estación de radio con la que pudiese estar en contacto con los comandantes de las grandes unidades que dependían de él. De un jefe a otro, la cadena del mando francés era tan complicada y poco eficiente que hacia perder a los franceses el elemento que más necesitaban: el tiempo.

Aparte este elemento de vital importancia, las dos armas decisivas del ataque alemán fueron el carro de combate y el avión. En el terreno de las fuerzas acorazadas, la relación numérica, como ya se ha dicho en otro lugar, era favorable a los Aliados, pero su organización, estructuración y dominio de empleo eran totalmente inferiores. Los carros de combate franceses estaban subdivididos entre los mandos de Caballería y de Infantería, repartidos entre unidades mayores, como ya lo habían estado en la primera Guerra Mundial. En cambio, las fuerzas acorazadas alemanas estaban concentradas en diez Panzerdivisionen. bien entrenadas y de comprobada eficacia, cada una de las cuales tenía una fuerza comprendida entre los 220 y los 300 carros de combate, contra los 120 y 160 asignados, respectivamente, a la 1era y 2da Divisiones Acorazadas francesas. Por otra parte, sólo entonces, al principio de la guerra, comenzaron los franceses a preparar las primeras minas contracarro. Durante la «guerra extraña» la propaganda francesa había aprovechado al máximo la afirmación propagada por las tripulaciones de mis carros, de que los proyectiles contracarros del enemigo «rebotaban» en la coraza de sus máquinas. 
Quizá fuera cierto, pero más cierto era que los carros de combate alemanes eran muy supriores a los franceses en velocidad y autonomía.

El Ejército francés carecía, además, de un elemento muy esencial, aunque no mensurable: la moral, los recuerdos de Verdún y del millón y medio de muertos de la primera Guerra Mundial pesaban gravemente sobre todos los soldados. Así mismo. los efectos deprimentes de la política del Frente Popular, del appeasement, de las incruentas victorias de Hitler y la espectacular y rápida derrota de Polonia, habían dejado una huella profunda en el ánimo del soldado francés, agravada además por el largo periodo de inactividad que había caracterizado los meses de la «guerra extraña». «A todo esto -escribía un general del Ejército 2 francés- debemos añadir los desastrosos efectos de la bebida, esta excrecencia cancerosa que corroe el nervio vital del país... En las mayores estaciones ferroviarias hemos tenido que preparar locales eufemisticamente denominados salas de desetilización».

La Linea Maginot
Inmediatamente después de la campaña de Polonia, Hitler demostró una vez más lo extraordinaria que era su intuición y cuánto se equivocaban sus generales, haciendo observar a Jodl: «El gasto de enormes sumas de dinero para la construcción de la línea Maginot, que se ha prolongado durante tantos años, no ha dejado de ejercer cierta influencia sobre ellos (los franceses). Imbuidos en sus ideas de ‘seguridad', han perdido aquel Ímpetu que los convirtió, en la primera Guerra Mundial, en nuestros enemigos más peligrosos». Todo lo contrario podía decirse de los jóvenes alemanes de la Wehrmacht que, desde lo alto de las tórretas de sus carros de combate, veían cruzar rápidamente, ante sus ojos, los floridos campos de aquel mes de mayo y que sentían una suprema confianza en la superioridad de su raza: habían adquirido un ímpetu totalmente nuevo.

Unidades panzer esperando su momento en la frontera alemana.

Autor: Alistair Horne, "Así fue la Segunda Guerra Mundial".
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La invasión celta de Grecia - Parte 6

LA GRAN INVASIÓN CELTA DE GRECIA - Parte 6

279 a.C. y la defensa griega en las Termópilas ha sido superada. Victorioso, el camino a Delfos ahora está abierto a la amenaza celta, los ojos de estos feroces guerreros obsesionados con el botín y el botín: ¡el botín de la victoria! Un destino espantoso para el prestigioso santuario parece sellado. Todo lo que Brenno y sus celtas deben hacer ahora es apoderarse del lugar sagrado. Esta es la historia de lo que siguió.


LA AVALANCHA CELTA

Brenno no perdió tiempo después de su victoria. Con el ejército panhelénico dividido y en una rápida retirada, el jefe celta parecía imparable. Sin demora, continuó hacia el sur con una fuerza sustancial (tal vez entre 30 y 40,000 hombres) hacia su objetivo final.

🏛 DELFOS 🏛

Reconocido como el hogar de la Pitia, el santuario de Delfos fue el corazón religioso del mundo helénico. Licurgo, Solon, Creso, Filipo II y el mismo Alejandro, todas figuras legendarias que alguna vez vinieron de todas partes para buscar la guía del oráculo de Apolo.

Geográficamente, este hermoso recinto también era muy significativo, albergando la famosa piedra de los onfalos , "el ombligo del mundo". En verdad, Delfos era mucho más que un santuario: era el epicentro de todas las cosas helénicas.

Siendo tan central en la cultura griega antigua, el estatus de celebridad de Delfos trajo las recompensas ricas del santuario: sus tesoros eran vastos y conocidos. Desde Emporion hacia el oeste en Iberia hasta Cirene en el norte de Libia, las ciudades griegas de todo el Mediterráneo enviaron valiosas ofrendas al recinto sagrado. La riqueza de Delfos era inmensa.

Aprovechar los tesoros del santuario siempre había sido la meta de Brenno. Sin embargo, tomar este precinto no sería fácil, incluso después de su victoria en Termópilas.

💢 DEFENSAS NATURALES 💢

Situadas en la ladera sur del monte Parnaso, las defensas de Delfos eran formidables. Ya sea que su enemigo atacara a través de las estrechas gargantas de la montaña hacia el norte o ascendiera la empinada subida desde el valle hacia el sur, cualquier fuerza defensora podría provocar la muerte y la destrucción de sus enemigos. No había necesidad de una pared; El monte Parnaso proporcionó al santuario una amplia protección.

Sin embargo, si se podía soportar la tormenta celta que se aproximaba, pronto se pondría a prueba.

🔥 DESPUÉS DE LAS TERMÓPILAS 🔥

Las noticias de los eventos en Termópilas llegaron rápidamente a Delfos: la fuerza de Calipo había sido derrotada y Brenno y sus más grandes guerreros estaban en camino. Asustados, huyeron al oráculo buscando consejo. La Pitia supuestamente les proporcionó una respuesta breve pero tranquilizadora:

"Yo defenderé lo mío"
( Pausanias 10.23.1 )

El oráculo había hablado; confiarían en Apolo y protegerían el santuario de la horda que se aproximaba. Fue una decisión valiente; sin embargo, pronto tendría graves consecuencias.

Tranquilizados, los delfianos prepararon su defensa desesperada, enviando una llamada de ayuda y reuniendo tantos proyectiles como pudieron encontrar. Jabalinas, flechas y grandes rocas de la ladera de la montaña: los defensores recogieron todo para lanzar desde los precipicios del Monte Parnaso. La batalla era inminente.

〽 LA BATALLA DE DELFOS 〽

Brenno estaba seguro de mantener el impulso celta en alza y sus hombres pronto llegaron cerca del santuario. Para los defensores, la horda bárbara debía parecer aterradora: sus guerreros eran amenazadores y de gran tamaño.

Gracias a la derrota del ejército panhelénico en Termópilas y la velocidad de la marcha de Brenno, los defensores solo tuvieron una fuerza minúscula en comparación, en su mayoría foceos de toda la región. Las probabilidades estaban fuertemente apiladas contra ellos.

Recién arrebatado de las tierras circundantes, Brenno y su ejército se dirigieron rápidamente a las gargantas del Monte Parnaso hacia Delfos. No sería una tarea fácil. Los pasos estrechos a través de la ladera de la montaña eran perfectos para emboscadas. Los defensores locales luchaban en el terreno de casa.

Posicionándose en los precipicios de arriba, los defensores reunieron sus proyectiles y desataron una tormenta de muerte sobre los celtas que se acercaban. El resultado fue devastador. Acurrucados a ambos lados, no más de dos o tres hombres que se encontraban de pie en lugares, Brenno y sus hombres lucharon por evitar que las jabalinas, flechas y enormes rocas se arrojaran desde lo alto.

Grandes grupos de guerreros se dispersaron y muchos otros murieron a raíz de las rocas salvajes. Sin embargo, Brenno y su ejército persistieron. Lentamente avanzaron.

Inevitablemente, la persistencia celta dio sus frutos y llegaron al santuario. Aferrados a la sangre y la venganza por los estragos que su enemigo había provocado durante su acercamiento, los celtas cayeron sobre la fuerza defensora con toda su furia. Sin orden y con rabia ciega lucharon sin miedo. Sin embargo, como en las Termópilas, la disciplina de los defensores significaba que la batalla sería difícil para los atacantes. Los foceos estaban decididos a proteger su lugar sagrado.

La batalla continuó, ninguna de las partes dispuesta a retirarse. Heroicamente, los foceos y los etolios defendieron el santuario, confiando en Apolo que superarían las grandes probabilidades apiladas contra ellos. Sin embargo, los celtas estaban igualmente decididos: estaban tentadoramente cerca de su objetivo. No habría retiro.

Finalmente, después de que muchos cayeran a ambos lados, el inmenso poder de la fuerza celta de Brenno demostró ser demasiado. La defensa fue vencida. Todos los defensores restantes se retiraron más arriba en las laderas del Monte Parnaso sobre el santuario, perdiendo fácilmente a sus perseguidores celtas. Sin embargo, esto era sólo un pequeño consuelo. Delfos, el corazón cultural del mundo helénico, ¡había caído sobre los bárbaros!

☠ EL SAQUEO DEL SANTUARIO ☠

Brenno había logrado su objetivo. Muy rápidamente, ordenó a sus hombres que aprovecharan los despojos de la guerra, saqueando el Templo de Apolo, matando a la Pitia y recogiendo todo el tesoro del santuario que pudieran. Los defensores sobrevivientes más arriba en el Monte Parnaso solo podían ver.

Brenno se bañó en su victoria. Delfos era suya, al igual que toda la fama y la gloria eternas que vendrían con tal logro. Sin embargo, él y su horda no pudieron quedarse mucho tiempo allí. En lo profundo del territorio hostil, la lucha estaba lejos de terminar.

🚩 LA RETIRADA 🚩

Al amanecer, Brenno ordenó a su ejército, probablemente cargado de oro, vino y varios otros tesoros, iniciar la larga marcha hacia el norte, a través de las estrechas gargantas del Parnaso hacia sus compañeros en las Termópilas no sería una tarea fácil. Su enemigo no tenía planes de dejar que se fueran sin luchar.

Al ver que los celtas se retiraban del santuario, los defensores restantes actuaron. Ahora era el momento de atacar. Bajando desde las alturas del recinto atacaron la retaguardia celta. Teniendo el terreno más alto y fuera del alcance, una vez más lanzaron lluvias de muerte contra su enemigo.

Sin embargo, eso no era todo. Usando su conocimiento local, algunos de los foceos atravesaron los precipicios del Monte Parnaso que rodeaban el paso. Rápidamente lograron posicionarse a ambos lados del camino, a la espera del retiro celta. El resultado fue devastador:

"Cuando se abrió la batalla, los bárbaros, particularmente los propios hombres de Brenno, que eran los más grandes y más fuertes de los galos, se resistieron con espíritu, aunque recibieron disparos desde todas las direcciones y sufrieron mucho por el frío, especialmente los heridos."
( Pausanias 10. 23. 4 )

Bajo fuego desde muchos ángulos, Brenno y sus celtas se encontraron en una trampa mortal. Su única opción era abrirse paso a través de las gargantas de la muerte. La moral se desplomó; muchos perecerían tratando de huir del paso, lo que se hizo aún más difícil debido a la gruesa capa de nieve que se había asentado la noche anterior. Lo peor estaba por venir.

⚡️ CALAMIDAD ⚡️

En medio de la caótica retirada, los celtas sufrirían un golpe aplastante. Brenno, tal vez mientras luchaba en la retaguardia del ejército, resultó herido. Apenas consciente, sus camaradas retiraron apresuradamente a su líder de las líneas del frente. En total desorden, los celtas estaban ahora desesperados por la noche y el respiro temporal. Eso no iba a ocurrir.

Habiendo sufrido horriblemente todo el día durante su retiro inicial de Delfos, los celtas restantes habían probado la ira y la determinación de sus oponentes para aplastarlos. Paranoia debidamente difundida por el campamento. ¿Cuándo y cómo atacarían de nuevo sus vengativos enemigos? Superado por el miedo y el temor, pronto siguió el desastre:

"La perturbación estalló entre los soldados en la oscuridad cada vez mayor, y al principio solo unos pocos perdieron los cabales; pensaron que podían oír el ataque de un enemigo y el galopar de caballos que venían por ellos. No pasó mucho tiempo antes de que la locura recorriera todo el campamento. Se apoderaron de las armas y se mataron entre sí o fueron asesinados, sin reconocer su propio idioma o las caras de los demás o incluso la forma de sus escudos."
( Pausanias 10. 23. 5 )

El resultado fue una matanza. En su confusión, el amigo mató al amigo y el aliado mató al aliado. Gracias al caos y la confusión, el ejército celta estaba en completo desorden. Pronto se puso peor.

Sin pensamientos de compasión, los foceos reanudaron sus ataques al día siguiente. Llenos de confianza, ahora se volvieron más audaces en sus intentos de ahuyentar a sus enemigos, atacando a los grupos de forrajeo con un éxito mortal. Lentamente apretaron la soga alrededor de la garganta celta.

Paranoicos, con frío, su líder herido y ahora ante la posibilidad de morir de hambre, lo que quedaba de la retirada celta parecía condenado. Necesitaban alivio, ¡y rápido!

🔰 ACHICHORIUS 🔰

Sin embargo, en medio de todas estas dificultades, apareció un atisbo de esperanza para los celtas restantes. Achichorius, el segundo al mando de Brenno y el jefe a cargo de las tropas restantes de Brenno en las Termópilas, había llegado con más hombres para ayudar en la retirada. Habiendo recibido noticias de los sufrimientos de sus compañeros, Achichorius respondió rápidamente a la llamada, dirigiéndose al sur con gran parte de su ejército. Sin embargo, este alivio sería agridulce.

El viaje de Achichorius no había sido sin dificultad. Su fuerza también había estado sufriendo pesadamente de devastadores ataques de golpe y fuga, esta vez de los etolios.

Al igual que los foceos querían vengar el saqueo de Delfos, los etolios estaban igualmente decididos a destruir la horda, celosos de su deseo de exigir una retribución contra los arquitectos de la atrocidad de Calion. Sus esfuerzos pronto habían pagado dividendos. El ejército de Achichorius llegó golpeado y magullado, apenas una fuerza de alivio.

⚰️ UN PRECIO MUY ALTO ⚰️

Para cuando la fuerza celta ahora unida llegó a la frontera de Focea, el precio pagado había sido muy alto. Más de 6,000 guerreros habían muerto en la batalla en Delfos, la mayoría durante la retirada peligrosa. Sin embargo, eso no era todo.

Según Pausanias, otros 20,000 celtas tampoco se irían de la región, ya que la mitad había llegado a su fin durante el frenesí paranoico que se había apoderado de su campamento días antes; la otra mitad por la inanición. Focea, y los peligros de los puertos de montaña de la región, ahora estaban detrás de ellos. Sin embargo, todavía estaban lejos de la seguridad.

Cuando la horda en retirada llegó a Beocia, se propagaron noticias devastadoras a través del ejército celta: Brenno, el arquitecto de toda la invasión y vencedor de las Termópilas, murió. Nuestras fuentes difieren en cómo encontró su fin: según Pausanias, se suicidó bebiendo vino diluido; Mientras tanto, Diodoro nos dice que se suicidó. En cualquier caso, los celtas habían perdido a su formidable líder.

Habiendo quemado el cuerpo de su general caído, Achichorius y los celtas restantes continuaron hacia el norte con toda prisa. Varias fuerzas griegas los esperaban. Atenienses, etolios, beocios, malienses y tesalios, todos tomarían el ejemplo foceo, acosando constantemente a los bárbaros en su deseo de venganza. La fuerza celta continuó marchitándose.

Finalmente, después de muchas luchas horribles y luchas desesperadas, Achichorius y lo que quedaba de la expedición celta pasaron las Termópilas y alcanzaron las grandes y fértiles llanuras de Tesalia y poco después, Macedonia. La invasión celta de Grecia había terminado.

🛡 EL 'ENCUBRIMIENTO' HELÉNICO 🛡

La severidad de esta invasión no puede ser subestimada. En una campaña devastadora, estos bárbaros sacudieron el mundo helénico hasta el fondo, todo gracias al deseo insaciable de un hombre por la fama y la gloria eternas.

Sin embargo, los delfianos no tenían la intención de revelar que su recinto sagrado había sido violado tan brutalmente por los bárbaros sedientos de sangre. Muy rápidamente, comenzaron a difundir su propia versión de los eventos, una que se adaptaría a su propia agenda.

Afirmaron que, gracias a la ayuda de la intervención divina, Delfos se había salvado de la amenaza celta. Terremotos, truenos, relámpagos y la ayuda de los héroes divinos: incluirían a todos en su milagroso relato de cómo los defensores tuvieron éxito contra todas las probabilidades. Cualquier registro de que el tesoro había sido saqueado fue eliminado. Sus compañeros helenos se apresuraron a difundir esta historia revisada.

Los relatos épicos griegos sobre el heroísmo helénico frente a la invasión, llamada "Galatika", pronto se generalizaron. Eso no fue todo.

En sus deseos de erradicar todos los recuerdos del saqueo celta de su lugar más sagrado, surgió un festival para celebrar la liberación de la amenaza celta: la Soteria. A través de estas celebraciones épicas, cualquier recuerdo del pillaje celta se evaporó rápidamente.

A lo largo y ancho la propaganda se extendería. Pausanias y Pompeyo Trogus , dos historiadores famosos que más tarde aceptaron esta historia revisada, afirmando que Delfos se salvó de la amenaza celta gracias al heroísmo griego y la intervención divina. Tal vez podríamos haber aceptado que esta narrativa de eventos se basó en la verdad. Sin embargo, ciertos descubrimientos posteriores sugieren lo contrario.

💰💎 EL ORO DE TOLOSA 💎💰

En el 106 a.C., se hizo un descubrimiento fascinante en la Galia del Sur. Quinto Cepio, el general romano que se haría famoso por su desastrosa derrota en Arausio al año siguiente , capturó la ciudad de Tolosa, hogar de la tribu Tectosages. Lo que Cepio descubrió en la ciudad es fascinante de considerar. Estrabo recuerda:


"Y se dice además que los tectosages compartieron en la expedición a Delfos; e incluso los tesoros que se encontraron entre ellos en la ciudad de Tolosa por Cepio, fueron, se dice, una parte de los objetos de valor que fueron tomados de Delfos."
( Estrabo IV. 1. 13 )

Según algunos relatos, esto era oro de Delfos, capturado por la icónica expedición de Brenno y enviado a casa por los tectosages a las tierras de sus antepasados. Creyendo que este Cepio y el ejército se apoderaron del sagrado tesoro, recibieron órdenes de enviarlo a Roma. Sin embargo, el oro nunca alcanzaría la ciudad eterna. En su viaje desapareció en misteriosas circunstancias.

Si el oro de Tolosa fue el tesoro de Delfos es incierto, por decir lo menos; ¡Quizás fue solo una historia! Sin embargo, independientemente de la extensión de la verdad del cuento, una cosa parece clara: la historia de que Brenno y su horda habían saqueado el santuario era bien conocida por la época romana. Las representaciones que sobrevivieron de los celtas que saquearon el recinto en archivos tanto en Grecia como en Italia dan a esta creencia más evidencia.

A pesar de los intentos de los delfianos y posteriores escritores griegos de hacernos creer lo contrario, Brenno y su horda cumplieron su misión: Alcanzaron Delfos y los que sobrevivieron al peligroso retiro, presumiblemente obtuvieron las vastas recompensas.

♨️ EPILOGO ♨️

En cuanto a los celtas, la historia de su intrépida migración no termina aquí. Los que habían tenido la suerte de sobrevivir a la desafortunada expedición se establecieron poco después, formando nuevos reinos celtas tanto en Tracia como en Moesia. Sin embargo, aunque los restos de la horda de Brenno se establecieron en Europa, muchos de sus hermanos celtas no seguirían el ejemplo. Sin embargo, eso es para un futuro articulo.

La campaña de Brenno y lo que logró su expedición es otro de esos momentos fascinantes en la antigüedad. En una campaña devastadora, aunque extremadamente costosa, sacudieron el Mundo Helénico hasta su núcleo. Esta fue su historia y gracias por leerla. 👍

Bibliográfia:

El relato de Pausanias sobre la invasión de los galos (10.19.4-23.8).
Ellis, PB 1997, celtas y griegos: celtas en el mundo helénico.
Rankin, D. 1996, Los celtas y el mundo clásico.
Libro 22 de Diodorus
Epítome de Pompeyo Trogus, libro 24
Batallas de la antigüedad, Tristan Hughes
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