1940 Alemania ataca el occidente - Parte 3

LA MULETA DEL TORERO - PARTE 3

Los alemanes cruzan las Ardenas y se lanzan contra las defensas francesas del Mosa.

La caballería francesa entró en contacto con el enemigo antes de lo previsto. Entonces se vio claramente que las Ardenas no constituían el menor obstáculo para los vehículos con cadenas, y, por otra parte, se había hecho muy poco para completar los obstáculos naturales. Los belgas llevaron a cabo bastantes trabajos de demolición, pero a pesar de ello muchos tramos de carreteras permanecían aún intactos. En este lado de la frontera, los franceses no quisieron cerrar las carreteras que atravesaban los bosques, abatiendo con este miles de árboles, aduciendo como inverosímil justificación que ¡esto impediría el avance de su caballería! La tarde del 10 de mayo, una división de caballería ligera se lanzó contra la vanguardia de la 10ma panzerdivision perteneciente al Panzerkorps de Guderian, pero fue duramente rechazada.

Al día siguiente, la caballería de cobertura se vio acosada por las fuerzas acorazadas alemanas, viéndose obligada a dispersarse en los bosques. Los carros de la división de Rommel avanzaban disparando en todas direcciones; y a propósito de estos primeros encuentros, Rommel escribió en su diario: «En cuanto abríamos fuego, los franceses se retiraban a toda prisa». A su vez, describiendo el avance de esta compacta masa de medios acorazados a través de las «insuperables» Ardenas, Blumentritt la definió «no como una verdadera operación en el sentido táctico de la palabra, sino más bien como una marcha de aproximación... En Luxemburgo no encontramos resistencia alguna, y en el Luxemburgo belga la resistencia fue muy limitada... Una oposición débil de la que pudimos fácilmente desembarazamos».

La mañana del 12 de mayo los Panzerkorps de Guderian ocuparon Bouillon y atravesaron la frontera francesa un poco más al norte de Sedán.
Las Ardenas habían quedado ya atrás. la acción retardadora francesa no había durado mas de dos días, en vez de los nueve o diez que Gamelin había previsto para situarse en la orilla izquierda del Mosa y poder llevar a primera linea la lenta artillería francesa. Ya en esta primera fase del combate los franceses comenzaron a darse cuenta en qué medida el tiempo obraba contra ellos.

Mientras tanto, las unidades de caballería no habían podido llevar a cabo su misión retardadora; también su actividad de exploración había fracasado totalmente. Consternadas, dichas unidades se limitaron a comunicar al Deuxiéme Bureau que habían chocado con poderosas fuerzas acorazadas, pero no lograron ver lo suficiente para poder comunicar al general Gamelin que éste era precisamente el Schwrrpunkt (punto central) del ataque alemán.

En la tarde del 12 de mayo, domingo de Pentecostés. los carros de combate de la 1era y de la 10ma Panzerdivision de Guderian llegaron al Mosa, a ambos lados de Sedán. Esta antigua ciudad fortificada (donde naciera el mariscal de Turena, siglos atrás vencedor de los alemanes) había sido escenario de una de las más graves humillaciones de Francia. En efecto, precisamente en Sedán, setenta años antes, Napoleón III se había rendido con 100.000 hombres, a Bismark y a Moltke.

Según las órdenes de Gamelin la caballería francesa debía defender Sedán a «toda costa». Pero a las 19 horas de aquella misma tarde, temiendo ser rodeada por el flanco, está se retiró a la orilla izquierda del río y voló los puentes, dejando que el enemigo ocupase la ciudad sin encontrar resistencia. Cuando cayó la noche, los carros de combate alemanes se asomaban a todo el tramo del Mosa comprendido entre Dinant y Sedán; en la orilla opuesta del río ya no quedaba ni un solo soldado francés.
Soldados alemanes retirando la bandera francesa
Por último, en el sector más amenazado del frente, y a pesar de la rapidez, con que el enemigo había efectuado su «marcha de aproximación», los comandantes franceses responsables siguieron pensando (basando sus cálculos, como de costumbre, en las experiencias de la primera Guerra Mundial) que pasarían al menos cinco o seis días antes de que los alemanes consiguieran concentrar bastante artillería para llevar a cabo el paso del Mosa. Pero no tenían en cuenta a los bombarderos en picado. El 12 de mayo la aviación francesa había dado una prueba excelente de su valía atacando con gran ímpetu y abatiendo unos 30 aviones enemigos sin sufrir pérdidas. No obstante, el grueso de la Luftwaffe no había entrado todavía en acción. Aquel mismo día el coronel Schmundt, ayudante de campo de Hitler, preguntó a Kleist si tenía intenciones de atravesar en seguida el Mosa o si en cambio, prefería esperar la llegada del grueso de la infantería. La pregunta reflejaba el nerviosismo suscitado en el OKH por el arriesgado plan de Manstein. 
Las fotografías obtenidas por los aviones revelaban que Sedán estaba cubierto por una zona defensiva muy fortificada; sin embargo, después de un examen más atento, un experto informó a Kleist que estas fortificaciones se hallaban todavía en fase de preparación. Aunque el siempre impaciente Guderian había manifestado que sólo podía disponer de dos de las tres Panzerdivisiones. Kleist comunicó a Schmundt que prefería atacar «inmediatamente», sin «pérdida de tiempo», a fin de caer sobre los franceses antes de que pudieran recuperarse. Como le habían asegurado el apoyo total de la Luftwaffe, la falta de artillería no le preocupaba lo más mínimo, Hitler le prometió todo el apoyo necesario.

Aquella noche Kleist ordenó al Panzergruppe que al día siguiente atravesara el Mosa. «Casi todas las fuerzas aéreas alemanas -dijo con ligera exageración- entrarán en acción con ataques ininterrumpidos que aniquilarán las defensas francesas del Mosa. Después de estos ataques, a las 16 horas, el Panzergruppe efectuará el paso y establecerá sus propias cabezas de puente».

EL ATAQUE A LAS DEFENSAS FRANCESAS DEL MOSA

Sería el mismo panzerkorps de Guderian el que, tras haber conquistado Sedán, descargaría el golpe más duro. En aquel punto el Mosa tenía unos 60 metros de anchura y no era vadeable. En la orilla izquierda se extendía la «línea principal de resistencia» francesa, constituida por casamatas y trincheras protegidas por un grueso cinturón de alambradas, las casamatas, provistas de un cañón contracarros y ametralladoras, distaban unos 200 metros entre si, proporcionando una defensa adecuada. Pero, como habían advertido los expertos de la oficina del mando de Kleist. muchas de esas casamatas no estaban aún terminadas. La situación de la segunda línea de resistencia, situada muy cerca de la linea principal, para poder ser de alguna utilidad en el tipo de estrategia «fluida» que Guderian quería aplicar, era todavía peor. Estas fortificaciones incompletas estaban defendidas por las Divisiones 55 y 71 del Cuerpo de Ejércitos X (Ejército 2) de Grandsard, se trataba de grandes unidades formadas por viejos reservistas poco preparados, ya que el sector de Sedán se consideraba «sector seguro».
Stuka atacando las posiciones galas

Según palabras del mismo Grandsard. «en estas divisiones la disciplina estaba relajada por la escasa preparación física de los soldados y la falta de una eficiente acción de mando en casi todos los subalternos». Además, estaban dispersos en un frente de unos 40 km, formando, por consiguiente, una defensa muy endeble. Grandsard parecía, al menos a primera vista, estar bien apoyado por la artillería; la mañana del 13 de mayo sólo la División 53 había reunido en su sector 140 cañones. Sin embargo, como las orillas del Masa eran bastante escarpadas, únicamente un tercio de esas piezas podía batir el río; muchos puestos de mando no contaban aún con trabajos de protección, y por añadidura, desde el principio, los artilleros se encontraron en dificultades por falta de municiones.
En las primeras horas de la mañana del 13 de mayo los centinelas avanzados de Grandsard comunicaron que motociclistas, carros de combate y unidades de infantería alemanas estaban saliendo de los bosques y se dirigían hacia el Mosa. 

En seguida, los cañones franceses abrieron fuego sobre las unidades acorazadas enemigas que avanzaban en formación increíblemente cerrada; pero los disparos se «economizaban» para no desperdiciar las escasas municiones. Los cañones alemanes no respondieron. Pero a mediodía llegaron los Stuka e inmediatamente se lanzaron en picado con su característico silbido, y lanzaron sus bombas de 450 kg sobre las débiles casamatas, sobre la infantería, que inútilmente trataba de ponerse al abrigo acurrucándose en las trincheras, y sobre las posiciones artilleras, sin un enmascaramiento adecuado o poco protegidas (algunas incluso al descubierto). Cerca de un millar de aviones cubría el cielo en la más cerrada de las formaciones. El ruido era aterrador. Cada soldado francés tenía la impresión de que un avión iba a «lanzarse precisamente sobre su cabeza», y que no podía en modo alguno fallar el blanco.

En ningún sitio le era posible ocultarse a su vista, en ningún lugar podía sentirse fuera del alcance de aquella arma terrible.

No obstante, debido a la poca precisión de los bombarderos, las pérdidas francesas no fueron en realidad muy elevadas. Pero, como instrumento de terror, el Stuka era infinitamente más eficaz que el estallido de las primeras granadas disparadas en 1914 por la artillería pesada (obuses de 280 mm y morteros de 420 mm) sobre los fuertes de Lieja. o que el primer ataque con gases asfixiantes lanzado en la región de Yprés, o, así mismo, que la aparición del primer lanzallamas o del carro de combate. Se trataba de una nueva «dimensión» de la guerra para la que no estaban preparados ni siquiera los soldados profesionales más duros y expertos. Y precisamente los hombres de Grandsard eran civiles sin empuje, que prestaban servicio en un Ejército cuya moral no tenía nada de elevada. No seria justo cargarles a ellos toda la responsabilidad de lo que sucedió.

«Los artilleros dejaron de hacer fuego y se arrojaron a tierra -escribió un general francés-; los infantes, aterrorizados por el fragor de las granadas y por el silbido de los bombarderos, se aplastaron en las trincheras; ni siquiera habían llegado a reaccionar instintivamente corriendo a las piezas antiaéreas. Su única preocupación era agachar la cabeza todo lo posible».

En torno al lugar de la lucha volaban los Messersmichtt dispuestos a lanzarse sobre los cazas franceses, más lentos, que intentaran interferir la acción de los Stuka. Los soldados franceses, escondidos en las trincheras, sintiéndose abandonados, imprecaban contra su aviación. Unas cinco horas duró aquel terrible bombardeo; luego, la artillería alemana se unió a la acción de los Stuka cuando la actividad de éstos estaba decreciendo.
Infantería alemana tomando tierra en las orillas del Mosa
A las 16 se inició el paso del río. Los alemanes habían estudiado perfectamente los diversos tiempos de la operación. «Inmediatamente después de las últimas bombas- dijo el mayor Keilmansegg, bajo una lluvia de tierra que volvía a caer al suelo, las primeras lanchas neumáticas alcanzaron la orilla opuesta. Los fusileros, motoristas e infantes saltaron a tierra e inmediatamente rodearon las casamatas más próximas, donde encontraron a los soldados franceses demasiado aturdidos para responder al luego». Muy nerviosos también, porque no sabían lo que les esperaba en la otra orilla, los jóvenes alemanes de las tropas de asalto se animaron en seguida ante la desmoralización que los Stuka habían causado en las filas francesas. Guderian, que conforme a su estrategia bélica había atravesado el río bajo el fuego de las granadas en la primera lancha de asalto, escribió que el ataque se realizaba, «como si se estuviese efectuando en el curso de unas prácticas. La artillería francesa estaba casi paralizada por la incesante amenaza de los ataques de los Stuka y de los bombarderos. Los puestos de tiro, situados a lo largo del Mosa, habían quedado reducidos al silencio por nuestra artillería. mientras los ametralladores enemigos tenían que mantenerse al abrigo del fuego de nuestras armas pesadas y de la artillería. A pesar de que el terreno estaba totalmente descubierto, nuestras pérdidas fueron ligeras».

LA CONQUISTA DE LAS CABEZAS DE PUENTE

Si bien hubo casamatas que se batieron con desesperado heroísmo, cosa que nadie ha recordado, en su conjunto la defensa francesa no tuvo nada de brillante: en realidad debía ser forzosamente así habida cuenta la calidad de las tropas de Grandsard y la naturaleza de las armas contra las que tuvieron que enfrentarse. A última hora de la tarde, la División 55 francesa dejó de ofrecer resistencia y Guderian ordenó que las unidades acorazadas ligeras cruzasen el río por medios discontinuos. A las 18 horas, en su puesto de mando, situado un poco más al sur de Boulson, el general Lafontaine, comandante de la citada división, estaba considerando las posibilidades que había para poner remedio a la situación. Pero de improviso, una oleada de fugitivos aterrorizados -artilleros e infantes, en automóviles de transporte o a pie. muchos sin armas, arrastrando sus mochilas- llenó la carretera de Boulson. «¿Los carros de combate están en Boulson!», gritaban. Algunos disparaban al aire sus armas, como enloquecidos. Y a partir de entonces este había de ser un espectáculo habitual en Francia en el curso de las semanas siguientes.

Cuando cayó la noche de aquel desgraciado 13 de mayo, la 1era Panzerdivision de Guderian ocupaba ya las alturas de Marfée, habiendo arrollado de un solo golpe tanto la linea defensiva principal como la secundaria.

En el transcurso de la misma noche, aún no debidamente apoyado por unidades acorazadas, el primer regimiento de fusileros del teniente coronel Blalk consiguió llegar hasta Chéhcry, a unos 10 km. aproximadamente, más allá del río.

A la izquierda del dispositivo alemán, la falta de apoyo por parte de la artillería hizo más difícil el paso del río a la 10/ Panzerdivisión: no obstante, también consiguió establecerse en la orilla izquierda. En conclusión. Guderian había conseguido asegurar en la orilla opuesta del Mosa una cabeza de puente de esperanzadoras dimensiones -5 km de frente y de 6 a 10 de profundidad-, formando una peligrosa cuña en el frente de Grandsard, por la que comenzaron a avanzar lentamente los carros de combate a medida que los ingenieros -que trabajaron durante toda la noche- preparaban balsas para su paso.

Unos 25 km más al Norte, los intentos que realizó el Xll Panzerkorps de Reinhardt para atravesar el Mosa y formar una cabeza de puente en Monthcrmé no habían obtenido los mismos resultados. Como la Luftwaffe no apareció a la hora convenida, las tropas de asalto se vieron obligadas a actuar con el limitado apoyo de los cañones de los carros de combate. Así, serlo consiguieron conquistar un punto de apoyo en la otra orilla del río, y después fueron rechazados inmediatamente por un vigoroso contraataque de la División 102 francesa. Durante tres días este Panzerkorps de Reinhardt estuvo bloqueado incapaz de pasar sus carros de combate a la otra orilla y, por consiguiente, de intervenir en la operación principal ampliando la brecha.

Todavía más al Norte se encontraba Rommel cuya 7ma Panzerdivision que formaba parte del ataque secundario de Kleist. había alcanzado el Mosa un poco más abajo de Dinant. Como en aquel sector el río discurre entre orillas altas y cubiertas de espesa vegetación, el problema de la defensa fue para los franceses más difícil que en Sedán. Además, el Ejército 9 de Corap había tenido que avanzar en territorio belga a lo largo de más de 70 km y establecerse en posiciones improvisadas. Sin embargo, los intentos de Rommel de atravesar el río fueron enérgicamente contenidos por el tiro de la artillería pesada francesa y por el fuego de las armas portátiles de las tropas atrincheradas en la orilla izquierda. Rommel se acercó entonces para comprobar personalmente las dificultades con las que se enfrentaba su unidad y anotó: «Cuando llegué, la situación no tenia nada de agradable. Nuestras embarcaciones eran destruidas una tras otra por los disparos del enemigo, por lo que las operaciones llegaron a un punto muerto». Rommel, que en un determinado momento llegó a encontrarse bajo el fuego de los tiradores franceses apostados en la orilla izquierda, fue a comprobar personalmente si en el 7mo regimiento de fusileros las cosas marchaban mejor. Pero al llegar se percató de que en este lugar también habían fallado todos los intentos, y los oficiales estaban muy preocupados por el gran número de bajas sufridas en sus filas. Y añadía Rommel en sus anotaciones: «Entonces tomé personalmente el mando del batallón II del regimiento de fusileros y durante cierto tiempo, me ocupé de dirigir aquellas operaciones».

Al parecer, sólo gracias a la decidida intervención personal de Rommel y a una increíble negligencia de la División 18 francesa, su división consiguió atravesar el Mosa el día 13. El día anterior, una patrulla de motoristas en exploración, que había llegado hasta el rió, descubrió en Houx una esclusa intacta. Inmediatamente los alemanes intentaron pasar, pero fueron detenidos por el Regimiento 66 francés, esta unidad fue después relevada por la División 18, que. por razones no demasiado claras, se desplegó en una línea defensiva excesivamente elevada, desde la cual era imposible batir la esclusa o los caminos que conducían a ella. En el transcurso de la noche del 12, sin que se efectuase ningún disparo contra ellos, los motoristas alemanes atravesaron la citada esclusa y constituyeron en la otra orilla una posición más bien precaria. Durante todo el día siguiente permanecieron aferrados a ella, a pesar de los contraataques franceses, hasta que llegó el refuerzo de un contingente de fusileros de Rommel. En la noche del 13, la situación de la cabeza de puente ocupada en Dinant permaneció incierta, y en la madrugada del 14 Rommel sólo había conseguido trasladar a la otra orilla del Mosa 15 carros de combate. No cabe duda de que una acción enérgica por parte de los franceses, apoyada por fuerzas acorazadas, habría conseguido rechazar a los alemanes, pero en toda la jornada del 13 el Ejército 9 de Corap no logró organizar más de un contraataque, y aun éste se describió como «nada más que una punzada», efectuada por una patrulla de carros y algunos vehículos de combate armados de ametralladoras.
Mapa con la dirección del ataque alemán
Los motivos del retraso con que actuaron los franceses se expondrán más adelante...

- Alistair Horne (Así fue la Segunda Guerra Mundial)
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