1940 Alemania ataca el occidente - Parte 6

Los acontecimientos se precipitan 


Aquella noche el Gobierno francés decidió dirigir una llamada urgente a Churchill para que se les proporcionara un mayor apoyo aéreo. A la mañana siguiente, 16 de mayo, llegaron a París noticias todavía peores: de Amiens, situada bastante lejos de la línea del frente, comunicaron la llegada a dicha ciudad de soldados en fuga procedentes del destruido Ejército 9. Gamelin ordenó la retirada general de las fuerzas francesas en Bélgica (Holanda ya había capitulado). Reynaud por su parte, advirtió al Gobierno que estuviera preparado para trasladarse a Tours, y transmitió por radio a Churchill el siguiente mensaje:
«Ayer tarde perdimos la batalla. El camino de París está libre. Enviad todas las tropas y aviones que podáis». 
Al mismo tiempo convocó al general Weygand, en otro tiempo Jefe de Estado Mayor del mariscal Foch, que se encontraba en Beirut, y al mariscal Pétain, el «héroe de Verdún», que se encontraba en Madrid. Aquella misma tarde llegó Churchill en avión a París. A las 17.30 tuvo lugar una reunión histórica, en el Quai d'Orsay, en la que participaron Reynaud, Daladier. Gamelin, Churchill y sir John Dill. 

Churchill describió así aquellos momentos: 
Mientras escuchaba, Churchill se dio cuenta de que en el jardín del Quai d'Orsay se elevaban nubes de humo procedentes de grandes hogueras. Y asomándose a una ventana vio a respetables funcionarios que arrojaban a ellas montones de documentos de archivo... 

El mismo día que en París se celebraba esta entrevista, Rommel avanzó otros 8 km. abriendo brecha en el despliegue defensivo que prolongaba por el Norte la línea Maginot, haciendo prisioneros a unos 10.000 hombres y apoderándose de 100 carros de combate, y todo ello por el precio de 35 muertos y 59 heridos. El 17 de mayo, rechazando fácilmente, como ya se ha dicho, el contraataque de De Gaulle, las unidades acorazadas llegaron al canal Sambre-Oise y a laon, ciudad que, en línea recta, distaba menos de 100 km de París. 
La retirada del Ejército aliado en Bélgica había comenzado, y aquel mismo día el Ejército 6 de Reicheneau entró en Bruselas. A fin de proteger a París, el general Georges ordenó la constitución de un Ejército 7, compuesto por unidades retiradas de Alsacia-Lorena. Pero no era a París adonde se dirigían los alemanes, como al fin llegó a ver claramente al Alto Mando aliado al día siguiente. 

La resistencia francesa estaba disminuyendo de día en día y los acontecimientos se precipitaban. El día 18, Guderian -a quien se había dado de nuevo libertad de acción- atravesó el canal Sambre-Oise, ocupando San Quintín y Péronne. Por el Norte, Rommel llegó a Cambrai, escenario del famoso ataque realizado por los carros de combate ingleses en 1917, ataque que puede ser considerado como el precursor de la arrolladora ofensiva con la que ahora los alemanes estaban atravesando, a hierro y fuego, todo el Norte de Francia. 
Aquella noche, el sucesor de Corap, general Giraud, mientras se efectuaba el repliegue de las tropas, llegó a Le Catclet con dos oficiales de su Estado Mayor, descubriendo que los carros de combate de Reinhardt ya estaban allí y habían hecho saltar su Cuartel General. Giraud dijo a los dos oficiales que trataran de ponerse a salvo, y él comenzó a vagar, solo, en la noche, sin saber a ciencia cierta lo que debía hacer ni a dónde podía dirigirse. A las 6 de la mañana fue capturado por una patrulla alemana. 

El 19 de mayo Guderian atravesó el antiguo campo de batalla del Somme, donde en la primera Guerra Mundial cayeron centenares de miles de soldados para avanzar tan sólo uno o dos kilómetros. Aquel mismo día De Gaulle atacó de nuevo el flanco del «corredor de los acorazados», cerca de Laon, con su División Acorazada 4. Esta vez, según dice el mismo Guderian, algunos carros de combate franceses consiguieron acercarse a menos de 2 km de su puesto de mando, donde pasó «algunas horas poco agradables hasta que finalmente los amenazadores visitantes cambiaron de dirección». 
Una vez más el cielo se llenó de Stukas. «Hasta que cayó la oscuridad -escribió De Gaulle- nos estuvieron bombardeando, y la eficacia de sus ataques sobre nuestros carros, incapaces de alejarse de los caminos, y sobre nuestra artillería, que se encontraba totalmente al descubierto, fue extraordinaria». Pero aquella misma tarde el general Georges ordenó a De Gaulle que no realizara a fondo su ataque, porque su división debía «ser destinada inmediatamente a otras misiones». De esta manera, y una vez. más se frustraban esos esfuerzos aislados de unos pocos franceses que querían luchar contra los alemanes con sus mismas armas y con sus mismos métodos, cuando sus recursos humanos y sus elementos materiales y bélicos eran inferiores a todas luces. 

Por el norte, las fuerzas inglesas y francesas que se retiraban de Bélgica comenzaron a ejercer cierta presión sobre aquel flanco del «corredor de acorazados». De este modo consiguieron preocupar al Mando alemán acerca del peligro que podían correr los flancos de las unidades acorazadas. que en aquellos momentos se habían alargado excesivamente. Y puesto que las tres divisiones mecanizadas francesas se estaban reuniendo -procedentes de Bélgica- cerca de Cambrai, Rommel recibió la orden de consolidar sus posiciones entre esta ciudad y Arrás. Asi, pues, en lo que concernía a Rommel y a su 7.* Panzerdivision, los días de la espectacular y veloz cabalgada podían darse por terminados.  

Gamelin propone un nuevo plan 

En Vincennes, Gamelin al fin se había dado cuenta de que el objetivo estratégico de los alemanes no era dirigirse sobre París, sino llegar hasta el canal de la Mancha para partir en dos el Ejército aliado. Y finalmente descubrió también -pero cuando por desgracia ya no había tiempo para ello- la favorable ocasión que ofrecía a los Aliados el excesivo desarrollo longitudinal del estrecho «corredor de acorazados», donde la infantería estaba en aquel momento retrasada en dos o tres días respecto de los carros de combate. El hombre que en septiembre de 1914 había redactado la orden de Joffre que decidió la suerte de la batalla del Marne, vio entonces claramente cierto paralelismo con el clásico error de Kluck (el general alemán que durante la primera Guerra Mundial, en el transcurso de la citada batalla del Marne, se había visto obligado a retirarse con su ejército a consecuencia de una equivocada disposición de sus tropas) 

Por la mañana del día 19 redactó su «Directiva personal y secreta número 12», una obra clásica en su género y con la que Gamelin intervino por primera vez en la dirección de las operaciones del general Georges. Este proceder reflejaba un estado de ánimo de profunda depresión. 

El documento comenzaba con un preámbulo apologético, en cierto sentido de espíritu poco militar: «Sin desear interferir en la dirección de las operaciones que se están desarrollando ahora...» 
Según el plan de Gamelin, las fuerzas móviles del Grupo de Ejércitos I, que se estaban retirando de Bélgica, debían atacar la retaguardia de las grandes unidades acorazadas alemanas y la infantería motorizada que las seguía; al mismo tiempo, los Ejércitos 2 y 6 atacarían por el Sur, lanzándose contra las cabezas de puente en el Mosa. 

La Directiva de Gamelin terminaba con estas palabras: «Es una cuestión de tiempo». Una vez más se trataba de un elemento que, lo mismo que la movilidad, que habría permitido ganarlo los Aliados no tenían, porque la endiablada rapidez operativa de las fuerzas alemanas daba al traste una y otra vez con todos sus cálculos y previsiones tácticas que en cualquier otra guerra hubieran sido correctas, y que, sin duda alguna, habrían refrendado con su autoridad los mejores estrategas.

Pero la acción decisiva de esta jornada le correspondió, tal vez justamente, a Guderian. Poco antes de la madrugada del dia 20, habiendo salido del campamento situado sobre la linea Cambrai-Perónne, prosiguió su avance; y a las 9 de la mañana, la primera Panzerdivision, con Guderian una vez más en primera línea, ocupó Amiens, el objetivo que no había podido conseguir Ludendorff en la desesperada ofensiva efectuada in extremis por los alemanes en 1918, ya en las postrimerías de la primera Guerra Mundial. Para darse cuenta de lo poco que se preocupaba ya Guderian de la resistencia enemiga, bastará decir que incluso se permitió una pausa... para visitar la catedral. Sus unidades siguieron después el curso del Somme, dirigiéndose a Abbeville, y por la tarde llegaron a los suburbios de la ciudad. Las fuerzas del Ejército 7 francés, que combatían en el Somme, estaban separadas por una brecha de unos 90 km de las que operaban en el Norte. A las 19, la 2da Panzerdivision de Guderian, avanzando rápidamente por Albert, prosiguió su carrera (aunque lamentándose de haber agolado el carburante) y ocupó Abbeville. Una hora después uno de sus batallones, mandado por el mayor Spitta, llegó al canal de la Mancha, exactamente en Noyelles.



El general (Gamelin) habló durante unos cinco minutos sin que nadie dijese siquiera una palabra. Cuando terminó, siguió un largo silencio. Después yo le pregunté: «¿Dónde está la reserva estratégica?», y poniéndome a hablar en francés, lengua que utilizaba indiferentemente (en todos los sentidos): «Oú est la masse de manoeuvre ?» El general Gamelin se volvió hacia mi y moviendo la cabeza y encogiéndose de hombros, dijo: «Aucune...» Ninguna reserva estratégica. «Aucune». Quedé aturdido ¿Qué debíamos pensar del gran Ejército francés y de sus jefes más destacados? 

Las fuerzas blindadas alemanas se reúnen en el Somme

El día 19 de mayo los alemanes se dedicaron a reunir y reorganizar sus grandes unidades y grupos. Las unidades acorazadas se concentraron en el sector del Somme, para lo que más tarde se conoció como la famosa «cita del 19 de mayo». La enorme masa de fuerzas acorazadas de Kleist se vio aumentada después con el contingente de Hoepner, formado por otras dos Panzerdivisiones destacadas, según planes previstos, del frente belga. Las unidades de vanguardia del «corredor de acorazados», que tenia ahora una longitud de 200 km. estaban preparadas para el avance final hacia el mar. Rommel, que había recibido el día anterior la orden de detenerse, consiguió convencer al comandante del XV Panzerkorps para que le permitiese continuar el avance a fin de ocupar las importantísimas alturas de los alrededores de Arrás. Y así, poco antes de las 2 de la madrugada del dia 20, reemprendió la marcha y, tras un duro forcejeo con las fuerzas francesas, que habían conseguido infiltrarse en sus lineas de comunicación, alcanzó su objetivo. Después, dedicó el resto del día a establecer puestos defensivos; al dia siguiente se produciría su primer y esperado encuentro con las fuerzas acorazadas inglesas. 

Guderian, llevaría a sus unidades blindadas hasta las costas francesas
pese a la oposición de sus superiores.

Casi sin poder creerlo, aquellos hombres, fatigados después de tantos días de ininterrumpida actividad, observaban el mar como fascinados, inspiraban profundas bocanadas de aire salobre, se abrazaban. En un sólo dia habían avanzado más de 100 km. Y en los azarosos diez, días anteriores cubrieron una distancia de más de 320 km en línea recta. Acababan de infligir un golpe mortal al Ejército francés y su «corredor de acorazados» había partido las tropas aliadas en dos. En el Cuartel General del OKW, el general Jodl escribió en su diario: «El Führer está loco de alegría. Parece tener la victoria y la paz ya al alcance de la mano». Guderian, por su parte, anotó en el frente: «La tarde de aquel día extraordinario no sabíamos en qué dirección debíamos continuar nuestro avance; ni el Panzergruppe, dirigido por Kleist, había recibido instrucciones respecto a una prosecución de la ofensiva». El Estado Mayor alemán estaba como paralizado de admiración. ¡Parecía imposible que todo hubiera marchado tan bien! ¡A pesar de todo, aquel profano en asuntos militares, aquel alocado idealista de Hitler, había tenido finalmente razón! Ahora, hasta el más lerdo comprendería lo que quedaba por hacer: ante todo, aniquilar el Cuerpo Expedicionario británico y el Ejército 1 francés, cercados en la bolsa situada al norte del «corredor de acorazados»; después, conquistar el resto de Francia, un cuerpo ya inerte y casi totalmente indefenso.

Avance alemán desde el 16 al 21 de mayo.

- Alistair Horne (Asi fue la Segunda Guerra Mundial)
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